Más de dos años después, la frontera entre Rusia y Finlandia sigue cerrada. Y las consecuencias para las empresas finlandesas son nefastas: muchas siguen sufriendo económicamente la pérdida de ingresos.
La vida se ha ralentizado en gran parte del este de Finlandia desde que el Gobierno cerró su frontera de 1.300 kilómetros con Rusia en diciembre de 2023. Helsinki dijo que estaba respondiendo a lo que describió como una afluencia deliberada de inmigrantes indocumentados con el objetivo de desestabilizar Finlandia, una acusación que el Kremlin ha negado en repetidas ocasiones.
El cierre también se produjo en un contexto de aumento de los movimientos después de que el presidente Vladímir Putin anunciara una ampliación de la movilización de reservistas.
Desde entonces, Finlandia ha acelerado las obras de construcción de una valla fronteriza. El pasado noviembre se completó un nuevo tramo de 200 kilómetros, con una barrera de alambre de espino de tres metros de altura instalada en las zonas consideradas más sensibles. La valla está equipada con cámaras de visión nocturna, iluminación y altavoces.
Las empresas son las primeras afectadas
El impacto económico ha sido inmediato en las regiones fronterizas, donde muchos cafés, restaurantes y pequeños comercios dependían en gran medida del tráfico transfronterizo.
Antes del cierre, se registraban casi dos millones de cruces al año. Con ese flujo cortado, algunos negocios dicen que se han visto al borde del abismo, obligados a reducir horarios, recortar gastos de personal o cerrar por completo.
Aumenta el desempleo
En diciembre de 2025, la tasa de desempleo de Finlandia era del 10,2%, la más alta de la UE, pero era mucho más alta en las zonas fronterizas, alcanzando el 18,2%. Los funcionarios locales se han quejado de la falta de apoyo gubernamental para aliviar la presión sobre las comunidades. Aun así, muchos dicen que el cierre de la frontera era necesario a pesar del creciente coste económico.