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Elecciones en Hungría: faltan 2 días para que termine la campaña más "loca" de las últimas décadas

Viktor Orbán inspecciona en Kiskundorozsma la protección militar reforzada del gasoducto TurkStream
Viktor Orbán inspecciona en Kiskundorozsma la protección militar reforzada del gasoducto TurkStream Derechos de autor  MTI
Derechos de autor MTI
Por Magyar Ádám
Publicado Ultima actualización
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En los últimos meses ha pasado de todo, desde una relación sexual consentida y un vídeo de IA de un soldado húngaro ejecutado hasta el escándalo del cepillo de váter, varios uniformados que han hablado y explosivos hallados en un gasoducto. Repasamos los episodios más sonados de la campaña.

Pocas cosas ilustran mejor que las elecciones que se avecinan son las más reñidas de los últimos 20 años que el ritmo casi imposible de seguir que lleva la campaña desde hace semanas. Prácticamente cada día ocurre algo que, hace apenas unos meses, habría sido una noticia tan grande que se habría mantenido en las portadas durante días, incluso semanas. Ahora, en cambio, en cuestión de horas, o como mucho al día siguiente, otro tema ocupa su lugar y el tsunami de revelaciones, filtraciones y escándalos sigue avanzando sin descanso.

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Resulta muy difícil medir en este momento hasta qué punto la campaña actual es más dura y excepcionalmente intensa que las anteriores. Entre otras cosas, porque todos somos víctimas de un sesgo cognitivo conocido en inglés como 'recency bias' (sesgo de actualidad, en español).

Por efecto de este sesgo del pasado reciente tendemos a sobrevalorar los acontecimientos más cercanos en el tiempo y restamos importancia a los más lejanos. Lo que sí parece claro es que la mayoría de la gente tiene la sensación de que en Hungría no se vivía una campaña tan fuerte desde hace muchísimo tiempo.

La situación es tal que los usuarios de Reddit llevan semanas elaborando calendarios para poder seguir los episodios clave. El portal hvg.hu, por su parte, ha resumido en una infografía casi del tamaño de un rollo de papel higiénico los acontecimientos más importantes de los últimos meses. Seleccionamos algunos de ellos a continuación, apoyándonos en numerosas fuentes.

El escándalo de la calle Szőlő y la comunidad gitana como "reserva interna"

El periodo oficial de campaña comenzó el 21 de febrero, pero ya en enero hubo hechos con un gran peso político. Fue entonces cuando estalló el escándalo de la calle Szőlő. El expolítico Péter Juhász publicó a finales de diciembre unos vídeos que mostraban palizas en un centro de corrección de menores; en una de las grabaciones se ve, por ejemplo, cómo el director del centro golpea la cabeza de un chico contra la mesa.

El escándalo resultó especialmente incómodo para el Gobierno, que siempre ha presentado el apoyo a las familias como uno de los pilares de su identidad, y ya antes las irregularidades en el sistema de protección de menores habían provocado la dimisión de la presidenta de la República, Katalin Novák, y de la ministra de Justicia, Judit Varga. El correccional de la calle Szőlő fue puesto primero bajo supervisión policial y el 19 de enero se ordenó su cierre, junto con una reforma profunda de todo el sistema de centros de corrección.

Pocos días después, el 23 de enero, János Lázár cometió un grave error. El entonces todavía único dirigente de Fidesz que recorría el país, ministro de Transportes, calificó en un foro a los gitanos de "reserva interna" que se podría emplear para limpiar los váteres "llenos de mierda" de los trenes cuando nadie más quisiera hacerlo.

Aquellas frases de mal gusto dieron lugar a un escándalo prolongado y la escobilla del váter se convirtió en uno de los símbolos de la protesta contra el Gobierno. La relevancia del episodio quedó clara hace unas semanas, cuando viajamos a Nógrád para seguir la campaña de los partidos: en aldeas con una presencia elevada de población gitana, los activistas de Tisza intentaban convencer a los vecinos, entre otros argumentos, recordando las palabras de Lázár para demostrar que el Ejecutivo no se preocupa por ellos.

Mientras tanto, Tisza vivió un inicio de año relativamente tranquilo, sin grandes escándalos, aunque la calma duró poco. En enero el partido presentó a dos figuras clave de su futuro gabinete, István Kapitány y Anita Orbán, a quienes el bloque gubernamental empezó a atacar de inmediato por sus trabajos anteriores y sus vínculos internacionales. La ofensiva se extendió rápidamente al resto de nombres vinculados a Tisza.

En su discurso de balance anual del 4 de febrero, Viktor Orbán llegó a llamar a Shell y al banco Erste "cobradores de la muerte" y "perros de la guerra". Kapitány había ocupado un puesto directivo en Shell y el experto presupuestario de Tisza, András Kármán, trabajó en el pasado para el Erste.

Una exnovia, droga sobre la mesa y un culo con pintalabios en la televisión pública

Menos de una semana después apareció en internet la foto de una cama que mantuvo en vilo durante días a la opinión pública. Péter Magyar se adelantó al escándalo y salió él mismo en público para explicar que en esa cama mantuvo una relación sexual consentida con Evelin Vogel, que ya no era su novia en aquel momento. Según su versión, ocurrió de madrugada, después de una fiesta de Tisza, y en el piso vio también "una sustancia con aspecto de droga", aunque aseguró que no consumió.

De momento la foto no ha ido seguida de ningún vídeo. Aun así, las figuras afines al Gobierno han lanzado todo tipo de acusaciones contra Péter Magyar a partir de esas imágenes. Algunos sugieren que el candidato a primer ministro consume drogas y otros dejan caer que no solo se acostó con Evelin Vogel, sino también con el vicepresidente de Tisza, Márk Radnai.

El clima de insinuaciones se intensificó todavía más con una grabación de audio difundida hace una semana, en la que supuestamente Radnai conversa con Evelin Vogel. En ella, Vogel le dice entre otras cosas que, "por ejemplo, contigo no la mete en seco". Después, el cantante del grupo de rock nacionalista Kárpátia, János Petrás, declaró en la televisión pública que Péter Magyar no sabe si le gustan las mujeres o los hombres.

"Solo decidan si quieren ver a una persona así al frente del país. Que luego se pondrá a comentar con Donald Tusk quién de los dos tiene el culo más pintado de pintalabios cuando se reúnan con Zelenski", dijo el cantante mientras el presentador intentaba, sin mucho éxito, frenarlo.

Un soldado húngaro ejecutado en el frente y protesta oficialista ante la embajada ucraniana

Volvamos a febrero. El día 21 arrancó oficialmente el periodo de campaña, lo que en la práctica significó que los dos grandes partidos pudieron anunciar que habían reunido en pocas horas todas las firmas necesarias para registrar a sus candidatos y empezaron a aparecer en las calles los carteles electorales. En internet, sin embargo, la campaña ya llevaba tiempo a pleno rendimiento y uno de sus puntos más bajos se alcanzó incluso antes del inicio oficial, el 19 de febrero.

Aquel día apareció en la página de Facebook de la sección budapestina de Fidesz un vídeo generado por inteligencia artificialen el que una niña húngara llora por su padre, al que después se ve cómo le disparan en la cabeza en el frente. El mensaje de la grabación, que generó una enorme controversia, era que quien no vote a Fidesz está poniendo en riesgo la paz y empujando al país hacia la guerra.

Una de las grandes novedades de esta campaña es el papel central de la inteligencia artificial. Lo que hemos visto en los últimos meses no tiene casi parangón a escala mundial, desde campañas fotográficas destinadas a difundir desinformación hasta vídeos falsos en los que ponen en boca de Péter Magyar mensajes que encajan con la narrativa de Fidesz.

En lo que respecta a los escándalos, sin embargo, lo más fuerte aún estaba por llegar. Con el paso de las semanas, Viktor Orbán fue dirigiendo cada vez más su campaña contra Ucrania en lugar de contra la oposición, hasta que a finales de mes afirmó que el presidente ucraniano Volodímir Zelenski había impuesto un bloqueo petrolero a Hungría y que, por motivos políticos, se negaba a reabrir el oleoducto Druzhba, bombardeado anteriormente por los rusos.

El presidente ucraniano, objeto de ataques constantes en los días siguientes, declaró el 5 de marzo que, si Orbán cumple su amenaza y bloquea de verdad el crédito de 90.000 millones de euros que la UE destina a Ucrania (un paquete en el que Hungría no participa y que ya había apoyado anteriormente), dará el número de teléfono de Orbán a soldados ucranianos para que hablen directamente con él.

La respuesta del Gobierno húngaro fue convocar una protesta frente a la Embajada de Ucrania en Budapest, y el escándalo creció aún más cuando al día siguiente se supo que las autoridades húngaras habían detenido un furgón blindado ucraniano de transporte de valores, habían esposado a la tripulación y se habían incautado de la carga, el equivalente a 28.000 millones de forintos húngaros (unos 74,73 millones de euros) en efectivo y oro.

Según el relato de Fidesz, se trataba del dinero de la "mafia de la guerra" y algunos miembros del Gobierno llegaron a insinuar que parte de esos envíos periódicos podría haberse quedado en Hungría para financiar a fuerzas opositoras. El punto álgido de la narrativa de la amenaza ucraniana contra el primer ministro llegó unos días después, cuando Orbán publicó en Facebook un vídeo en el que llama a sus nietos para decirles que sabe que toda la familia está en peligro, pero que no deben preocuparse.

La relación entre Szijjártó y Lavrov pasa a primer plano

Así se llegó a la fiesta nacional. El 15 de marzo la gran incógnita era si congregó a más gente la marcha de Tisza o la de Fidesz, y cada partido se respondió a sí mismo que la suya. El Gobierno llegó a citar datos de telefonía móvil para respaldar su versión, aunque varios expertos cuestionaron la fiabilidad del método. Un grupo independiente de investigadores concluyó finalmente que hubo más asistentes en la manifestación de Tisza, y no por poco: calculó una diferencia de cerca del triple.

Una semana más tarde, Péter Szijjártó se situó en el centro de la campaña, y allí sigue. El 22 de marzo, el diario 'Washington Post' publicó un reportaje según el cual el ministro de Exteriores informa de manera regular a su homólogo ruso, Serguéi Lavrov, durante las pausas de las cumbres de la UE. El ministro negó las acusaciones, pero en las semanas siguientes aparecieron otros artículos de contenido similar en la prensa internacional.

Los uniformados empiezan a airear los trapos sucios

A finales de marzo comenzó un auténtico fuego artificial de revelaciones. El día 24, el medio de investigación 'Direkt36' publicó que uno de los servicios secretos húngaros, la Oficina para la Protección de la Constitución, trabajaba para hacer caer al partido Tisza**.** Un día después, el principal informante del reportaje, el investigador de la Oficina Nacional de Investigación Bence Szabó, relató toda la historia en un vídeo a cara descubierta y con su nombre completo. La grabación causó un enorme impacto: se ha reproducido 2,7 millones de veces, casi tantas como la entrevista en Partizán de febrero de 2024 en la que Péter Magyar anunció su salto a la política.

Un día más tarde el foco se desplazó a una de las figuras clave de la investigación sobre Péter Szijjártó, el periodista de investigación Szabolcs Panyi. Salió a la luz un audio en el que Panyi habla con una fuente sobre el número de teléfono de Szijjártó y afirma que mantiene una relación muy estrecha con la candidata de Tisza a ministra de Exteriores, Anita Orbán. El partido gubernamental acusó al periodista de conspirar con servicios de inteligencia extranjeros contra el Gobierno húngaro y de haber entregado a estos el número de teléfono de Szijjártó.

Ese mismo día se estrenó el documental 'Szavazat ára' ('El precio del voto'), que ya supera los dos millones de visualizaciones. La película muestra cómo emisarios del partido gobernante intentan comprar el voto de personas que viven en condiciones tan precarias que un saco de patatas o 10.000 forintos (unos 26,20 euros) suponen para ellas una ayuda importante. También se supo ese día que el hijo del antiguo gobernador del banco central MNB, György Matolcsy, estaba trasladando sus bienes a Dubái.

Antes de que terminara el mes llegó la respuesta del Gobierno al caso Bence Szabó. Se difundió el vídeo de un interrogatorio de los servicios secretos en el que se basó la acusación de que el antiguo informático de Tisza, mencionado en los documentos de la investigación con el nombre en clave de Gundalf, espiaba para Ucrania. Más tarde, el propio Gundalf se presentó ante las cámaras y aseguró que había engañado a los agentes de la Oficina para la Protección de la Constitución que lo interrogaron.

La bomba que casi estalla

En marzo, la prensa internacional también se hizo eco de los intentos de Rusia de injerir en las elecciones para mantener en el poder a su aliado Viktor Orbán. En las últimas semanas han circulado en internet infinidad de bulos relacionados con los comicios y en esa campaña se utilizó incluso la marca 'Euronews', mediante una página que no tiene ninguna relación con nuestra redacción pero copiaba elementos gráficos de 'Euronews' para difundir propaganda prorrusa a finales de mes.

El 2 de abril se sumó otra persona que, asumiendo riesgos considerables, salió de las filas de los uniformados para plantarse contra el sistema. El capitán Szilveszter Pálinkás, militar de las Fuerzas Armadas húngaras, concedió una dura entrevista en la que sostuvo que el ministro de Defensa es totalmente incapaz de desempeñar su función y que el Ejército solo aceptó preparar una misión militar en Chad porque era el deseo del hijo del primer ministro.

Los denunciantes recibieron un apoyo masivo del electorado opositor. Gundalf, es decir, Dániel Hrabóczki, llegó a aparecer en un mitin de Tisza, donde fue ovacionado y firmó autógrafos. En favor de Bence Szabó se organizó una colecta en la que se reunieron 275 millones de forintos, cuyo grueso el capitán destinó a fines benéficos. En los días siguientes más personas se posicionaron contra el Gobierno "desde dentro del sistema", entre ellos otro investigador de la Oficina Nacional de Investigación y un antiguo empleado de la Autoridad de Competencia.

La siguiente bomba estalló, o más bien no llegó a estallar, el Domingo de Resurrección. El primer ministro anunció que el Ejército serbio había encontrado explosivos en el lado serbio de la frontera con Hungría, cerca de un gasoducto que se dirige hacia territorio húngaro. No hubo daños graves, pero el Gobierno desplegó al Ejército para proteger el tramo húngaro del gasoducto, pocas semanas después de haber enviado soldados a custodiar instalaciones energéticas con un objetivo similar.

Queda munición para los últimos días

En la recta final de la campaña, el centro de la comunicación de Fidesz es una nueva grabación en la que se oye a Péter Magyar decir que "va a haber una p*ta gran guerra". No queda claro en qué contexto habla exactamente el candidato a primer ministro, pero el Gobierno utiliza el audio para insistir en que solo Fidesz puede salvar al país de la guerra.

Mientras tanto, en los medios de la oposición la mayor preocupación es ahora que el Gobierno pueda estar preparando una provocación violenta con ayuda rusa, quizá durante el gran macroconcierto opositor del viernes por la noche en Budapest. Sobre esta posibilidad han escrito el antiguo alto responsable de inteligencia Péter Buda y el analista de política exterior András Rácz.

Es posible, por supuesto, que no ocurra absolutamente nada o que pase algo completamente distinto. Al fin y al cabo todavía queda día y medio de campañay, visto lo que hemos vivido hasta ahora, en ese tiempo pueden suceder muchas cosas que vuelvan a agitar los ánimos.

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