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Los choques climáticos acercan al colapso los frágiles sistemas de Gaza, alerta experto humanitario

Palestinos inspeccionan los escombros de un edificio destruido en un ataque aéreo israelí en Nuseirat, en el centro de la Franja de Gaza, el martes 26 de mayo de 2026.
Palestinos inspeccionan los escombros de un edificio destruido en un ataque aéreo israelí en Nuseirat, en el centro de la Franja de Gaza, el martes 26 de mayo de 2026. Derechos de autor  Copyright 2026 The Associated Press. All rights reserved
Derechos de autor Copyright 2026 The Associated Press. All rights reserved
Por Liam Gilliver
Publicado Ultima actualización
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La adaptación al clima debería integrarse plenamente en la ayuda internacional, ya que el coste de los conflictos y del calentamiento global converge, según un experto.

El cambio climático agrava las crisis humanitarias en Gaza y más allá, ya que el calor extremo, las infraestructuras dañadas y los brotes de enfermedades empujan unos sistemas ya de por sí frágiles al borde del colapso.

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Una nueva investigación, dirigida por la Queen Mary University of London, calcula que la guerra entre Israel y Gaza ha generado hasta ahora en torno a 33 millones de toneladas de dióxido de carbono equivalente (CO₂e).

Es el equivalente a las emisiones anuales de Jordania, o a 7,6 millones de coches de gasolina circulando.

El estudio, publicado en abril en la revista científica 'One Earth', concluye que solo las emisiones de las operaciones militares activas, procedentes por ejemplo de la artillería, los cohetes y otros equipos militares, han superado 1,3 millones de toneladas de CO₂e.

Otras emisiones están ligadas a la construcción de infraestructuras defensivas y a la "importante huella de carbono" asociada a la reconstrucción de carreteras, edificios y otras infraestructuras esenciales dañadas.

El impacto medioambiental 'olvidado' de la guerra

"Comprender los impactos medioambientales de los conflictos es esencial si queremos tener en cuenta todos los factores que impulsan el cambio climático", afirma el doctor Frederick Otu-Larbi, de la Universidad de Lancaster y de la Universidad de Energía y Recursos Naturales de Ghana.

"Una mayor transparencia sobre las emisiones militares ayudará a que estos impactos dejen de pasar desapercibidos".

En los últimos años se han multiplicado las llamadas a incluir las emisiones militares en la huella de carbono de los países y a reconocer el impacto climático de los conflictos.

El año pasado Ucrania exigió a Rusia el pago de la abultada suma de 37.000 millones de €, que serían las primeras reparaciones climáticas por una guerra en el mundo, debido al impacto que su invasión a gran escala ha tenido en el medio ambiente global.

Fenómenos extremos alimentados por el clima en Gaza

Sin embargo, el propio calentamiento global agrava crisis como la de Gaza, mientras los expertos humanitarios reclaman que la adaptación al clima se integre plenamente en la ayuda.

El verano pasado, una mortífera ola de calor llevó las temperaturas en Gaza por encima de los 40ºC, lo que aumentó el riesgo de deshidratación y echó a perder reservas esenciales de alimentos. La población gazatí se vio obligada a soportar el calor extremo, y miles de personas quedaron sin protección frente a las altas temperaturas debido al desplazamiento forzoso y al suministro limitado de electricidad.

A medida que los gases de efecto invernadero que atrapan el calor siguen recalentando el planeta, se prevé que la frecuencia y la intensidad de las olas de calor no hagan más que aumentar.

Según la Organización Meteorológica Mundial (OMM), hay un 91 por ciento de probabilidades de que al menos uno de los próximos cinco años supere el umbral de 1,5ºC y un 86 por ciento de que uno de esos años bata el récord del año más caluroso de la Tierra, establecido en 2024.

Por cada aumento de un grado en la temperatura del aire, la atmósfera puede contener en torno a un siete por ciento más de humedad, lo que puede provocar lluvias más intensas y abundantes.

En marzo, fuertes tormentas convirtieron las calles en lagos estancados y dañaron los refugios de más de 3.000 gazatíes desplazados.

Según UNICEF, al menos 11 niños, incluidos varios recién nacidos, murieron de hipotermia a principios de febrero debido a la exposición prolongada al frío, la humedad y el viento.

La oficina de coordinación de la ayuda de la ONU (OCHA) señala que unas 800.000 personas, casi el 40 por ciento de la población de Gaza, viven ahora en zonas propensas a inundaciones.

El cambio climático agrava los riesgos para la salud pública

El aumento de las temperaturas, junto con la escasez de agua, el hacinamiento, los desbordamientos de aguas residuales y los sistemas de saneamiento dañados, está creando graves riesgos para la salud pública.

"Las agencias humanitarias han advertido en repetidas ocasiones de que el calor y el agua no potable contribuyen a la propagación de enfermedades diarreicas, hepatitis A, infecciones cutáneas y otras dolencias transmisibles", explica a Euronews Earth Asif Hussain, director ejecutivo de la organización benéfica británica SKT Welfare.

Hussain añade que también se están notificando plagas de roedores e insectos como parte de la crisis medioambiental en Gaza.

"Cuando se acumulan los residuos, los sistemas de alcantarillado colapsan, las temperaturas aumentan y grandes poblaciones son desplazadas a zonas hacinadas, las condiciones para la transmisión de enfermedades se agravan rápidamente", añade.

Se trata de un problema que no es exclusivo de Palestina. Hussain señala que en partes de Yemen, Pakistán y otros "contextos frágiles", los cambios en las precipitaciones, las sequías prolongadas y el aumento de las temperaturas impulsados por el clima han dejado de ser fenómenos esporádicos.

"Se están convirtiendo en condiciones estructurales que afectan directamente al acceso al agua, la producción de alimentos, los medios de vida y las economías locales", advierte.

"Las autoridades y los actores humanitarios deben dejar de tratar la adaptación al clima como algo separado de la respuesta de emergencia".

Los impactos climáticos se solapan con las crisis humanitarias

SKT Welfare insta a los responsables políticos a invertir en sistemas de agua y saneamiento resilientes, reforzar la vigilancia de enfermedades y ampliar el acceso a la energía sostenible mediante tecnologías como la solar.

"Cuando las infraestructuras se derrumban bajo la presión combinada del conflicto y el clima, las consecuencias para la salud pública se disparan con mucha rapidez", advierte Hussain.

Este experto humanitario teme que las crisis sean cada vez más complejas y prolongadas, a medida que el mundo se acerca a una realidad en la que el conflicto, la inseguridad alimentaria, el desplazamiento, la degradación medioambiental y los impactos climáticos se solapan.

"Las comunidades afrontarán emergencias repetidas con menos tiempo y menos recursos para recuperarse entre una y otra", añade.

"Cuando los sistemas de salud están debilitados, las infraestructuras de saneamiento están dañadas, las temperaturas suben y las poblaciones se desplazan a entornos hacinados, los brotes se vuelven mucho más difíciles de contener.

"Por eso la resiliencia climática ya no puede considerarse un complemento de la respuesta humanitaria. En muchos contextos se está convirtiendo en algo esencial para mantener la propia respuesta humanitaria".

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