Los cineastas han moldeado nuestra percepción de lo desconocido y Spielberg lleva tiempo pensando en los extraterrestres. Incluso cree que han visitado la Tierra y quizá sigan entre nosotros. ¿Hará su retrato de la vida alienígena en su esperada nueva película que el público se replantee sus ideas?
La vida extraterrestre no es un tema ajeno a Steven Spielberg.
El célebre cineasta la ha explorado a lo largo de toda su carrera, ya sea en Close 'Encuentros en la tercera base', 'E.T'., 'La guerra de los mundos' o 'Indiana Jones y el reino de la calavera'. A través de estas películas, Spielberg ha moldeado la imaginación de generaciones de espectadores al proponer emocionantes escenarios sobre cómo podría ser un primer contacto.
Su última película, 'El día de la revelación', también gira en torno a los alienígenas, en este caso un denunciante que lucha contrarreloj para destapar una conspiración del Gobierno destinada a ocultar la existencia de extraterrestres.
Fox Mulder estaría orgulloso.
Antes de su estreno en cines esta semana, Spielberg fue preguntado por 'CBS News' si cree que los alienígenas han visitado la Tierra.
"Basándome en las pruebas circunstanciales de todo lo que he recopilado a lo largo de mi vida, en todas las personas a las que he escuchado y en todos los documentales que he visto, y en todos los testimonios en el Congreso que he oído, creo absolutamente que han estado aquí y que están aquí", respondió.
"Y quién sabe, quizá siempre hayan estado aquí".
Inquietante. Pero plantea una pregunta, si están entre nosotros, ¿cómo serían?
La mayoría pensará de inmediato en criaturas no tan distintas a nosotros, con brazos, piernas, una cabeza... Probablemente una cabeza desproporcionada, con forma de pera y enormes ojos saltones, pero cabeza al fin y al cabo.
Pero ¿por qué unos seres de otro planeta o de otro universo tendrían que parecerse en algo a nosotros?
Probablemente porque consuela proyectar rasgos humanos reconocibles sobre aquello que no comprendemos. Nuestra representación antropomorfizada de los alienígenas se reduce a un mecanismo de defensa que nos tranquiliza. Y además se ha ido alimentando con el tiempo gracias a incontables películas y series de televisión.
En realidad, muchos de nuestros referentes visuales se remontan a la influencia de la imaginación cinematográfica, ya que los cineastas han dado forma a nuestra percepción de lo desconocido. Desde los primeros habitantes de la Luna de Georges Méliès en 'Viaje a la Luna' (1902) hasta los invasores cabezones de 'Mars Attacks!' y los hombrecillos verdes de 'Expediente X', reconocemos a estos seres extraterrestres mediante un código visual compartido.
A veces, sin embargo, el público se enfrenta a versiones que desestabilizan nuestras nociones sobre la vida extraterrestre. Algunos directores han contribuido a renovar las representaciones de alienígenas en pantalla y han intentado ir más allá de las variaciones de los estereotípicos grises ('E.T.', 'Paul'), los visitantes con forma humana del espacio exterior ('The Day The Earth Stood Still', 'The Man Who Fell To Earth') y las bestias antropomórficas pensadas para que el espectador se plantee seriamente comprarse pañales para adultos ('Independence Day', los xenomorfos de la franquicia Alien).
Este año ya hemos visto cómo 'Proyecto Salvación' proponía una representación de los alienígenas que desbarata, aunque sea ligeramente, lo que esperamos de ellos con 'Rocky', una criatura antropomorfizada a medio camino entre La Cosa de 'Los 4 Fantásticos' y un cangrejo. ¿Irá Spielberg más lejos y ofrecerá una visión que subvierta la manera en que imaginamos a los habitantes del espacio?
No tardaremos mucho en saberlo... Mientras tanto, aquí va un repaso cronológico a algunas películas que han cuestionado nuestra percepción de cómo podría ser y comportarse una raza alienígena.
'The Blob' (1958): Alienígenas como masa amorfa
El antagonista intergaláctico del clásico original de los años 50 de Irvin Yeaworth, The Blob, es exactamente lo que promete el título, un bulto gelatinoso que sigue siendo aterrador hoy en día por su naturaleza amorfa.
El silencioso alienígena carnívoro se estrella en la Tierra dentro de un meteorito y se adhiere a huéspedes vivos, a los que absorbe antes de deslizarse hacia su siguiente víctima. Cuanto más come, más crece. Los planes para electrocutarlo fracasan y, aunque nuestros protagonistas consiguen congelar a la criatura y trasladarla en avión de carga al Ártico, el frío solo detiene a la Blob. No la mata. Esta constatación, que muchos han interpretado como una metáfora de la Guerra Fría, con la Blob como encarnación del comunismo, se remata con las palabras 'The End', que luego se transforman en un signo de interrogación antes de que aparezcan los créditos finales.
La forma viscosa del alienígena es un buen argumento a favor de que lo sencillo funciona mejor. Sin mucho presupuesto y con importantes limitaciones técnicas, el equipo de efectos especiales de Valley Forge Films tuvo que apañárselas como pudo. Creó la Blob con silicona y le añadió colorante vegetal rojo cuando absorbía a sus víctimas. También recurrieron a maquetas, superpusieron la baba sobre fotografías e hicieron un amplio uso de la técnica de cámara rápida para acelerar los movimientos.
El resultado es una imagen eficaz y terrorífica de una especie desconocida, que nos hace preguntarnos cuáles son los límites de su forma física y de sus capacidades.
Varias representaciones posteriores de alienígenas se inspiraron en esta criatura viscosa, entre ellas la sustancia de aceite negro de The X Files, que se revelaba como la fuerza vital extraterrestre en la serie de culto. Más tarde, las precuelas de Alien seguirían el mismo camino con la baba de Prometheus y Covenant. En cuanto al personaje de Venom, el simbionte es un descendiente directo de la masa parasitaria de The Blob.
'2001: Odisea en el espacio' (1968): Alienígenas como monolito misterioso
Una de las representaciones más impactantes e inquietantes de un alienígena en pantalla es el enigmático bloque negro en el centro del clásico de ciencia ficción de Stanley Kubrick '2001: Odisea en el espacio'
Es discutible si el misterioso monolito que aparece de repente es la forma real de los alienígenas o solo una tarjeta de visita que indica su presencia. Lo que sí sabemos es que la imponente columna cumple varias funciones, advertencia, maestro que facilita saltos evolutivos y puerta enigmática que plantea más preguntas de las que responde.
Originalmente descrito como una pirámide en el relato corto 'The Sentinel' de Arthur C. Clarke, este motivo geométrico es un hallazgo genial a la hora de imaginar un primer contacto con una forma de vida avanzada. Kubrick reveló en una entrevista que la ausencia de una presencia extraterrestre típica era importante para él: "Desde el mismo comienzo del trabajo en la película hablamos de cómo podíamos representar fotográficamente a una criatura extraterrestre de una manera tan desconcertante como el propio ser".
Todo ello conecta con la veta lovecraftiana. El escritor de fantasía sostenía que la forma más intensa de miedo era el miedo a lo desconocido y que el poder de la imaginación supera cualquier cosa que pueda representarse físicamente. En esencia, nuestras diminutas mentes humanas no pueden comprender del todo ni hacer justicia a ninguna encarnación de una vida avanzada, y mucho menos abarcar el terror que nos inspiraría.
Al concebir a su alienígena como un bloque negro, Kubrick reafirmaba esta idea: "Pronto quedó claro que no se puede imaginar lo inimaginable". El monolito encarna precisamente ese inimaginable, un desconocido que hiela la sangre y cuya simple geometría resulta innovadora precisamente porque deja de lado, de forma paradójica, las representaciones más estrafalarias de visitantes de otros mundos.
'La Cosa' (1982): Alienígenas como imitadores sangrientos
Estrenada el mismo año en que E.T. llamaba a casa, el clásico de terror de John Carpenter The Thing toma prestada una idea clave de Invasion of the Body Snatchers, la de que un alienígena puede ocultarse a plena vista.
La nueva versión de 1978 de Invasion of the Body Snatchers mostraba a una raza alienígena que literalmente se convertía en su víctima y se deshacía del antiguo cuerpo. En 'La Cosa', la forma de vida extraterrestre es un organismo indefinible que puede imitar a otros: tu perro, tu amigo, tu compañero de trabajo... Y luego, por pura diversión macabra, retuerce su cuerpo, se desprende de su propia cabeza y le brotan patas de araña.
Este material de pesadilla fue un logro tan brillante como perturbador. La ausencia de una forma definida dispara la paranoia en cada escena y deja al público temblando al darse cuenta de que hay muy pocas cosas que este monstruo no pueda hacer o en cuya forma no pueda convertirse.
El mérito es del equipo de efectos especiales dirigido por Rob Bottin, que recurrió a efectos prácticos para crear las sangrientas metamorfosis del cambiaformas. Sigue siendo una representación de un alienígena que se alimenta de la imprevisibilidad, un rasgo inquietante que resulta mucho más aterrador que cualquier monstruo escamoso o criatura de extremidades interminables.
'Attack The Block' (2011): Alienígenas como híbridos de lobo y gorila
Dejamos a un lado las piruetas existenciales y los imitadores sangrientos y volvemos a lo básico con Attack The Block.
La principal fuente de inspiración para las criaturas alienígenas de la comedia de ciencia ficción de Joe Cornish es el reino animal. Y por qué no, es perfectamente imaginable que los alienígenas tengan más en común con la fauna que con los antropoides.
Attack The Block muestra cómo unas criaturas aterradoras descienden sobre un bloque de viviendas sociales del sur de Londres dispuestas a hincarle el diente a todo lo que se mueva. En apariencia se parecen a gorilas con pelaje erizado, garras afiladas y una boca llena de colmillos bioluminiscentes. Este último detalle hace que sus fauces contrasten de forma muy llamativa con el pelaje.
La naturaleza animal de los alienígenas es sencilla pero eficaz: apela a una ferocidad primaria con la que no se puede razonar.
'La Llegada' (2016): Alienígenas como heptópodos complejos
No muy distintos de los trípodes gigantes de 'La guerra de los mundos' o de los colosales monstruos con forma de calamar de la joya de ciencia ficción de 2011 de Gareth Edwards, Monsters, la forma en que se presentan los alienígenas de Arrival se inscribe en cierta tradición lovecraftiana.
Nuestra visión está limitada y solo vemos lo que presencia la lingüista Louise Banks (Amy Adams), el cuarto inferior de los alienígenas, y el resto queda a merced de nuestra imaginación. En la práctica, tendemos a imaginarlos como la impía descendencia de una ballena y un elefante criados por la Muerte.
A diferencia de su gigantesca nave con forma de guijarro, que sí vemos por completo, el hecho de no tener una visión total de los heptópodos resulta profundamente desestabilizador, porque cabe la posibilidad de que solo estemos viendo una fracción minúscula de las criaturas. La idea de que, en comparación con otros seres, quizá tengamos el tamaño de una hormiga suele infundir cierto temor...
Luego llega el contacto. Mientras muchos extraterrestres cinematográficos se comunican con los humanos mediante su propia lengua o por telepatía, las criaturas de la magistral cinta sobre el tiempo de Denis Villeneuve utilizan una sustancia similar a la tinta que emana de sus tentáculos para dibujar su lenguaje. Una pista visual que muestra cómo experimentan la vida y el tiempo como un círculo plano.
Villeneuve y su guionista Eric Heisserer, que basan el libreto en la magnífica novela corta 'Story of Your Life' de Ted Chiang, exploran los límites de la hipótesis de Sapir Whorf, que sostiene que el lenguaje determina o influye en el pensamiento y en la percepción. La forma en que se filma a los alienígenas refleja nuestra propia incomprensión y confusión a la hora de comunicarnos.
Arrival es cine de ideas en estado puro y sigue siendo una de las mejores representaciones de formas de vida extraterrestres. Cuestiona cómo percibimos a nuestros homólogos intergalácticos tanto en el plano físico como en el psicológico. Además, el diseño de los alienígenas supuso una evolución notable de los extraterrestres en pantalla, al mostrarlos a años luz de los habituales heraldos del apocalipsis que tantas películas retratan de forma perezosa.
'Aniquilación' (2018): Alienígenas como entidad biológica terraformadora que simplemente sigue su curso
Basada en los libros de Jeff VanderMeer, Annihilation, el experimento de Alex Garland que mezcla géneros, sigue a un grupo de especialistas enviados a explorar el Área X, una zona en cuarentena rodeada por una misteriosa burbuja llamada 'The Shimmer'. El área empezó a expandirse después de que un meteorito se estrellara contra la Tierra. Ningún equipo que haya entrado en The Shimmer ha regresado. Lo único que sabemos es que el ADN de la fauna ha sido alterado por el fenómeno extraterrestre.
Annihilation ofrece una visión especialmente fascinante del primer contacto, porque tiene lógica que un meteorito contenga su propia composición biológica. No hay hombrecillos verdes saliendo de la roca y tanto el libro como la película exploran la complejidad de unas fuerzas alienígenas que no se pueden reducir a las dicotomías parásito/simbionte o huésped/invasor. La entidad foránea simplemente terraformea, convierte en algo distinto a todo lo que se encuentra dentro de la burbuja. Llámese mimetismo biológico o refracción; la clave está en lo incognoscible.
Además, el 'alienígena' no tiene un plan siniestro. Ha llegado a un lugar extraño y simplemente actúa. Mientras el público está condicionado para hacerse la pregunta "¿por qué están aquí y qué quieren?", Annihilation responde con astucia: nada. No hay motivación. Simplemente están ahí.
En el último acto, esa presencia se materializa como una nube arremolinada que engendra un doble, emparentado con el extraterrestre de forma definitiva de Under The Skin, de Jonathan Glazer. La fuerza de Annihilation reside en que vuelve a conectar con el horror cósmico lovecraftiano. Lo desconocido siempre será más fascinante y aterrador, y sería ingenuo pensar que un primer contacto no nos cambiaría. No solo en el plano psicológico y filosófico, sino en todos los sentidos, también en el biológico.
'Nope' (2022): Alienígenas como vástago volador de un pulpo y una cometa caleidoscópica con tubo digestivo
Tras su oscarizada Get Out y el inquietante juego de dobles de Us, Jordan Peele estrenó Nope, donde fusiona códigos de la ciencia ficción, el wéstern y el terror en un conjunto ambicioso.
La película generó reacciones encontradas. Algunos sintieron que despertaba el mismo sentido de maravilla que 'Encuentros en la tercera fase' otros la consideraron una decepción en comparación con los trabajos anteriores de Peele. Lo que resulta innegable es que el director ofreció al público una visión única de cómo podría ser un alienígena.
Peele utilizó su "Jean Jacket" o "mal milagro" para abordar temas como la explotación en Hollywood, los derechos de los animales y el racismo, y se aseguró de que el diseño de la criatura fuera tan enrevesado como los asuntos que planteaba. Mientras el público está acostumbrado a ver seres que salen de su nave, aquí el propio ovni es la criatura alienígena. Una criatura capaz de transformarse para adaptarse y atacar.
El efecto es profundamente inquietante, porque resulta difícil entender la morfología y el comportamiento de la criatura, como debería suceder cuando tratamos con otra especie.
Piense cada cual lo que piense de Nope, es una de esas escasas películas que se atreven a cuestionar cómo imaginamos el espectáculo de nuestros hipotéticos raptores. Además, Peele propuso una estética no solo sorprendente, sino audaz.
Habrá que ver si Spielberg logra desafiarnos una vez más...
'El día de la revelación' llega a los cines de todo el mundo el viernes 12 de junio.