Diez años después de su último largometraje ('The Neon Demon'), el director de 'Drive' y 'Only God Forgives' firma su película más vacua y aburrida hasta la fecha.
Hace falta una mente muy particular para convertir en algo aburrido un cuento de hadas psicosexual con un asesino en serie enfundado en cuero, paisajes futuristas y un nivel de homoerotismo digno de Tom of Finland, y aun así lograr que aburra. Pero Nicolas Winding Refn lo ha conseguido.
Diez años después de su último largometraje ('The Neon Demon'), el director de 'Drive' y 'Only God Forgives' se entrega a algunas de sus peores tendencias al hacer que 'Her Private Hell' sea un infierno muy público.
Quedan avisados.
El inicio es lo bastante prometedor, con la niebla envolviendo una metrópolis bañada en neones. Una joven, Elle (Sophie Thatcher), conoce a la ingenua y ruborizada Hunter (Kristine Froseth) en el vestíbulo del hotel en el que se aloja. Las dos están llamadas a colaborar en la adaptación cinematográfica de un cómic de ciencia ficción titulado 'Candy Floss', que dirigirá el padre de Elle, Johnny Thunders (Dougray Scott).
Hunter no sabe que está entrando en un mundo de dolor. Elle tiene que lidiar con la realidad de que su viejo grasiento (constantemente rodeado de un harén de modelos que le llaman "daddy") se acuesta con su antigua amiga y amante Dominique (Havana Rose Liu), que ahora es su madrastra.
Mientras tanto, la niebla trae consigo una leyenda urbana, la temida figura conocida como 'The Leather Man'. Es un esclavo sexual BDSM enfundado en cuero, con guantes de diamante afilados como cuchillas y fuerza sobrehumana, al que le gusta matar mujeres y dejar tras de sí un reguero sangriento. Le persigue Private K (Charles Melton), un militar que no supo proteger a su hija y cree que detener a 'The Leather Man' le permitirá reunirse de nuevo con ella.
Si hay una cosa que no se le puede negar a Her Private Hell es su impacto visual. Hay mucho que admirar en el aspecto y el sonido de este giallo futurista, que en un primer momento se siente como si Suspiria transcurriera dentro de Tron, el director de fotografía de NWR, Magnus Nordenhof Jønck, compone imágenes cargadas de atmósfera, mientras que la partitura de Pino Donaggio aporta a Her Private Hell una apropiada vena melodramática. Sin sus esfuerzos, la admiración se habría esfumado mucho antes.
Cuando desaparece del todo, lo que queda es la definición misma del "estilo por encima de la sustancia", una película afectada y profundamente banal, un caos rebosante de una narración frustrante y de supuestos arrebatos lynchianos. A menudo parece una sucesión de anuncios de moda cargados de erotismo, con todos los tópicos inconexos que cabría esperar de modelos que posan tras haberse tragado puñados de benzos.
A propósito, mi actividad cerebral se fue ralentizando a medida que avanzaba el metraje, hasta el punto de que abandoné la toma de notas durante la proyección y empecé a apuntar algunos de los diálogos acartonados que pueblan el desastroso guion de NWR y Esti Giordani.
"¿No eres la pobre cerillerita?, de Hans Christian Andersen."
Mencionar de forma tan autoconsciente la propia referencia es bochornoso. Tampoco es metatextual, apenas llega a textual.
"Daddy es fascinante."
Seguir usando "Daddy" con carga sexual debería haber dejado de estar de moda ayer.
"Para" / "No, tú para, esto significa algo."
No, de forma más que evidente no significa nada.
"Soy una conciencia absolutamente única y estoy hecha de polvo de estrellas."
Ojalá yo estuviera hecho de polvo de estrellas ahora mismo para poder desvanecerme y no ver ni un minuto más de esta cháchara engreída.
"Me va lo raro."
A todos nos va un poco, pero si necesitas anunciarlo es probable que a) seas desesperadamente convencional en la cama; y b) te creas transgresor solo de cara a la galería.
"Soy una víctima de la niebla."
Yo soy víctima de esta película.
"Esta película va a ser un infierno."
Me has leído el pensamiento.
Quien se deje arrastrar por la fantasía calenturienta de NWR, allá él. La entregada base de admiradores del director defenderá 'Her Private Hell' como un cuento de hadas llevado al extremo, en el que los diálogos son deliberadamente afectados y el febril sueño deshilachado funciona como provocación autoconsciente. Enhorabuena, habéis encontrado una ópera de sensaciones por encima de la narración que merece ser defendida. Y, siendo justos, la película dentro de la película (una versión camp a medio camino entre 'Barberella' y 'Star Trek') y los estallidos de violencia visceral en los segmentos de Private K animan un poco el conjunto. Mérito de Charles Melton, que por momentos hace olvidar la actuación cargante de Sophie Thatcher y la sonrisa permanente de Kristine Froseth. Es el único que sale indemne de todo esto.
Al margen de estos pequeños elementos de interés, los espectadores más exigentes llegarán a la conclusión de que, aunque siempre es estimulante ver a un cineasta que se limita a hacer lo que le apetece, 'Her Private Hell' no puede justificarse como la visión intransigente de un 'enfant terrible'. Es demasiado vacua y aburrida para eso.
'Her Private Hell' se presentó fuera de competición en Cannes en mayo y ya se ha estrenado en Estados Unidos, Canadá, Grecia, Polonia y Portugal. Se proyectará el 16 de agosto en el Festival Internacional de Cine de Edimburgo y su estreno europeo continuará el mes que viene.