Un estudio revela que los restos de plantas y animales pueden seguir moldeando los ecosistemas durante años después de su muerte y ayudar a la naturaleza a recuperarse tras fenómenos extremos.
Los seres vivos que mueren en la naturaleza no desaparecen sin más. Según una nueva investigación, sus restos pueden seguir influyendo en los ecosistemas durante años e incluso ayudar a su recuperación tras fenómenos extremos.
El estudio, dirigido por la Universidad Internacional de Florida (Estados Unidos) y publicado en la revista científica 'Science Advances', muestra que la materia orgánica que dejan tras de sí huracanes, olas de calor, incendios y sequías desempeña un papel mucho más importante de lo que se pensaba en la capacidad de los ecosistemas para recuperarse.
"Hemos visto que los restos de plantas y animales muertos pueden ayudar a que las mismas especies o especies similares ganen resiliencia y se adapten mejor al entorno", explicó el biólogo John Kominoski, uno de los autores del trabajo.
De los manglares a los arrecifes de coral
Los investigadores analizaron datos recopilados durante largos periodos de tiempo en diez ecosistemas diferentes de Estados Unidos y la Polinesia Francesa. Entre ellos figuran los bosques de manglar del sur de Florida, las praderas del oeste estadounidense, los arrecifes de ostras de la costa este y los arrecifes de coral que rodean la isla de Moorea.
Los resultados muestran que, en casi todos los ecosistemas estudiados, los restos de organismos muertos influyen de forma significativa en el crecimiento, la supervivencia y la capacidad de recuperación de la nueva vida tras episodios de estrés ambiental.
En algunos casos, los efectos fueron claramente positivos. Las conchas de ostras muertas, por ejemplo, proporcionaron superficies sobre las que podían asentarse y crecer nuevas ostras. Los árboles caídos facilitaron el arraigo de plantas jóvenes. En los Everglades de Florida, los restos de manglares dañados o destruidos por los huracanes ayudaron a los ejemplares supervivientes a desarrollar más raíces.
Los científicos creen que este efecto puede explicarse, al menos en parte, porque la materia vegetal en descomposición devuelve nutrientes al suelo.
Nuevas evidencias de la "memoria ecológica"
El estudio aporta además nuevas pruebas a favor de un concepto conocido como "memoria ecológica". Según esta teoría, la estructura y el funcionamiento de un ecosistema no dependen únicamente de los organismos que lo habitan en la actualidad, sino también de aquellos que vivieron allí en el pasado.
Según Kominoski, el papel de los restos orgánicos en este proceso había recibido hasta ahora mucha menos atención de la que merece. De los diez ecosistemas analizados, solo uno, los bosques de algas gigantes (kelp) frente a la costa de California, no mostró una influencia significativa de la materia muerta. En los otros nueve, los efectos fueron notables. En algunos casos, los investigadores observaron que los restos de organismos muertos llegaban a multiplicar por 12 el crecimiento de nuevos organismos.
El autor principal del estudio, el ecólogo Kai Kopecky, de la Universidad de Colorado Boulder, destacó que el hallazgo más sorprendente fue la magnitud de esta influencia. "Más que el impacto de un organismo concreto, lo más llamativo fue comprobar hasta qué punto los organismos muertos influyen de forma extensa y contundente en los seres vivos", afirmó.
Los efectos no siempre son beneficiosos
Los investigadores subrayan que la influencia de la materia muerta no siempre resulta positiva. En determinadas circunstancias, los restos pueden ralentizar el crecimiento y la recuperación de los ecosistemas al bloquear la luz solar, dificultar el desarrollo de brotes jóvenes o favorecer a especies competidoras.
Por ello, los científicos consideran que la materia orgánica en descomposición actúa como un factor dinámico capaz de moldear el futuro de los ecosistemas tanto de forma beneficiosa como perjudicial.
El cambio climático aumentará aún más su importancia
Los autores advierten de que el cambio climático hará que fenómenos extremos como huracanes, incendios, sequías u olas de calor sean cada vez más frecuentes e intensos.
Esto probablemente provocará una mayor mortalidad de plantas y animales y, en consecuencia, reforzará el llamado "efecto legado" de los organismos muertos sobre los ecosistemas.
Según los investigadores, comprender este fenómeno será cada vez más importante. No basta con estudiar cómo desaparecen las especies; también es necesario entender cómo los restos que dejan tras de sí siguen influyendo en la vida que viene después.