Un tercio de la tirada anual del país fue destruida este verano, con daños de al menos 34 millones de euros, según informa el Ministerio de Cultura del país en guerra.
La industria editorial de Ucrania atraviesa su peor crisis hasta la fecha, provocada por ataques selectivos de Rusia, parte de una guerra cultural más amplia en la que cerca de 5.000 catedrales, iglesias, museos, teatros y otros espacios culturales han sido destruidos o dañados y 35.000 objetos de arte han sido saqueados.
Más de 13 millones de libros, un tercio de la tirada anual del país, fueron destruidos en dos meses este verano, lo que causó daños por al menos 34,2 millones de euros, según el Ministerio de Cultura.
El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, no respondió a las peticiones de la prensa para comentar los ataques rusos contra la infraestructura editorial de Ucrania. Pese al repunte de la demanda de libros en lengua ucraniana tras la invasión rusa de 2022, esta destrucción está haciendo retroceder al sector y las pérdidas van más allá del dinero.
Se espera que las editoriales inviertan menos en autores debutantes, lo que amenaza el futuro de la literatura ucraniana. Las pequeñas casas independientes podrían publicar menos o cerrar por completo, estrechando el mercado, mientras que las grandes optan por ir sobre seguro y apoyarse en los superventas. "Es una política deliberada de Rusia, porque entienden que la cultura es lo que nos hace sentirnos resilientes, los dueños de nuestra tierra, de nuestro destino", afirma la ministra de Cultura, Tetiana Berezhna.
Rusia recrudece su guerra contra la industria del libro en Ucrania
Al menos 40 editoriales y varias librerías han sufrido daños en las últimas semanas. "Es un golpe enorme para el sector y, si no actuamos rápido para poner en marcha medidas de apoyo estratégico, la industria podría colapsar por completo", advirte Viktor Kruglov, director de la editorial Ranok, que añadió que el sector del libro es un "elemento de la seguridad nacional de Ucrania".
El almacén de Ranok que Rusia destruyó en Járkov abrió en 2013 como un centro logístico automatizado capaz de procesar decenas de miles de libros al día, explicó Kruglov. "Ha habido periodos difíciles" para Ranok, señala, vinculados a la crisis económica global de 2008 y a la pandemia de la COVID-19, "pero nadie podría haber imaginado que casi un año de facturación de Ranok pudiera destruirse de una vez". El ataque destruyó ocho millones de libros, entre ellos 620.000 libros de texto que Ranok suministra a casi todas las escuelas de Ucrania.
Aun así, Kruglov señaló que la empresa dispone de almacenes de respaldo y guarda todos sus archivos en la nube. "Probablemente eso es lo que nos mantiene en marcha, porque podemos reimprimir los libros y hemos conservado al equipo", dijo.
Para la ministra de Cultura Berezhna, los últimos ataques forman parte de la destrucción "sistemática" del patrimonio ucraniano por parte de Rusia. "Llevan haciéndolo siglos", afirma. Recuerda el siglo XIX, cuando buena parte de la Ucrania moderna formaba parte del Imperio ruso y Rusia promulgó decretos que prohibían o restringían severamente la publicación y el uso público de la lengua ucraniana.
"Pero, aun así, la lengua ucraniana existe. La literatura ucraniana existe. Tenemos los libros en nuestras bibliotecas, que se guardaron en secreto desde tiempos muy antiguos y aún existen", señala. "Eso nos da esperanza de que Ucrania seguirá siendo fuerte".
El futuro de la literatura ucraniana, en riesgo
Aun así, los retos inmediatos son muchos. Los ataques han golpeado las cuentas de las editoriales, explica Berezhna, y han mermado su capacidad para invertir en nuevos autores. Los escritores debutantes son caros de publicar, en comparación con la apuesta más segura y rentable de los superventas y la literatura traducida ya consolidada.
Estas "nuevas voces, la literatura de debut, dentro de 100 años se convertirán en clásicos ucranianos que hablarán al mundo de Ucrania", dice, y añadió que teme que haya menos apoyo para los jóvenes autores ucranianos.
Por eso el ministerio trabaja en un paquete de apoyo financiero para el sector, que incluiría compras públicas de libros ucranianos para las bibliotecas escolares, subvenciones para ayudar a las pequeñas editoriales a cubrir los costes de impresión, compensación de alquiler para las librerías y un programa de seguros frente al riesgo de guerra para las tiradas.
Pero muchos en la industria editorial consideran que no basta. Meses después de que un misil ruso atravesara el techo de la imprenta Konvi en julio, las páginas chamuscadas de los libros de texto de inglés de cuarto curso de primaria seguían esparcidas por el suelo y el papel permanecía inmóvil dentro de la máquina de impresión destruida.
Antes del ataque, en este espacio se imprimían millones de libros al año, donde ahora solo quedan pilas de ejemplares hinchados, arruinados tras la intervención de los bomberos para apagar el fuego. La imprenta estaba especializada en narrativa, material educativo y literatura científica.
Viktoriia Haidai, directora comercial del taller, señala que sustituir la prensa costará 1,2 millones de euros y que se tardará entre cuatro y cinco años en recuperar plenamente la capacidad. A su juicio, los rusos atacan talleres como el suyo porque "somos infraestructura crítica, porque damos forma al futuro, trabajamos en educación, en cultura. Trabajamos para preservar la historia". "Sin esto, ningún país tiene futuro".
La impresión de libros de texto, que antes llevaba entre tres y cuatro meses, se prolongará ahora hasta seis o siete meses, indicó. Esto pone en riesgo los plazos del próximo año y de los siguientes. "No son solo las grandes imprentas las que sufren", añade. "Muchas pequeñas imprentas, que no se hacen visibles públicamente, también han sido destruidas".
La ayuda exterior y la acción del Estado pueden salvar la industria del libro
"Las pérdidas que ha sufrido la industria del libro ucraniana en los últimos meses no tienen precedentes en toda la historia de independencia del país", afirma Iryna Baturevych, cofundadora de 'Chytomo', principal voz ucraniana en materia de libros y edición.
Entre los riesgos, señala, está la supervivencia de las pequeñas editoriales independientes, lo que amenaza con reducir la diversidad del mercado, especialmente en la literatura de nicho y la experimental. La literatura infantil también está en crisis, añadió. Con tantos niños que han abandonado el país, las editoriales se diversifican hacia otros géneros y los autores abandonan la profesión.
Baturevych considera que el Estado probablemente encontrará fondos para mantener la impresión de los libros de texto, pero hay mucha menos certeza sobre el resto del sector. Los recursos financieros de Ucrania no bastan para reconstruir infraestructuras como imprentas y almacenes, porque la prioridad del Estado es combatir a Rusia.
Roksolana Pidlasa, presidenta de la comisión de presupuesto del Parlamento ucraniano, señala que, a septiembre, un solo día de guerra cuesta a Ucrania 190 millones de dólares (165 millones de euros). "No olvidamos que, ahora mismo, si no hay apoyo para los militares, quizá no quede nada que reconstruir", afirma Baturevych. "Así que diría que hay una enorme necesidad de apoyar la edición de libros ucranianos desde socios extranjeros, porque sin ese apoyo no creo que la edición ucraniana sobreviva".
Kruglov explica que el sector necesita tres cosas del Gobierno ucraniano: préstamos e instrumentos de seguro preferentes, similares a los créditos por debajo del mercado y a la cobertura frente al riesgo de guerra de otros sectores industriales, inversión para reconstruir la infraestructura del sector y medidas para fomentar la lectura y el consumo de libros.
Actualmente las editoriales no pueden acceder a esos préstamos porque sus activos se basan en propiedad intelectual y no en bienes inmuebles o equipos que puedan usarse como garantía. "Espero que el Estado ayude, porque no puede haber una Ucrania independiente sin una edición independiente", afirma Kruglov. "El libro ucraniano es el único producto que no se puede importar".