La exposición al azúcar durante los primeros 1.000 días de vida de un niño, desde la concepción hasta los 2 años y medio, aumenta el riesgo de ansiedad en la edad adulta, según un nuevo estudio.
La exposición al azúcar durante los primeros 1.000 días de vida, desde la concepción hasta aproximadamente los dos años y medio, puede dejar una huella duradera en la salud mental y aumentar la probabilidad de sufrir ansiedad años más tarde, según un nuevo estudio.
El racionamiento de azúcar en la primera infancia se asoció con diferencias en las preferencias por alimentos dulces, en los resultados psiquiátricos y de salud mental, así como con cambios estructurales en el cerebro.
"Conocer el impacto completo que puede tener el azúcar en nuestra salud física y mental a lo largo de toda la vida podría ayudar a orientar las políticas de salud pública y a replantear nuestra alimentación", explicó Hana Navratilova, autora principal del estudio.
Investigadores de la Universidad de Surrey analizaron los datos médicos de más de 45.000 personas nacidas entre 1951 y 1956, un periodo que abarca el racionamiento de azúcar de la posguerra en el Reino Unido y los años posteriores al levantamiento de las restricciones.
El Reino Unido aplicó políticas de racionamiento de azúcar durante la guerra y la posguerra entre 1940 y 1953, que limitaban el consumo de los adultos a unos 40 gramos al día.
El estudio, publicado en la revista Translational Psychiatry, comparó a participantes que vivieron el racionamiento en el útero y luego hasta los seis, 12, 18 y 24 meses de edad, o solo durante la gestación, con personas que nunca estuvieron sometidas a racionamiento.
Las personas expuestas al periodo más prolongado de racionamiento declararon una menor preferencia por los alimentos dulces y un riesgo significativamente más bajo de ansiedad en la edad adulta. Su riesgo de ansiedad era un 33% inferior al de quienes nunca habían estado racionados.
Los grupos sujetos a racionamiento también desarrollaron ansiedad y depresión más tarde. La edad mediana de aparición de la ansiedad fue de unos 62 años en los grupos con racionamiento prolongado frente a 55 años en el grupo que nunca sufrió racionamiento.
El consumo de azúcar aumentó rápidamente una vez terminado el racionamiento, señalaron los investigadores, pero los efectos de la restricción temprana se mantuvieron durante años.
"A pesar del aumento del consumo de azúcar tras el fin del racionamiento entre los participantes, los entornos nutricionales tempranos parecen tener una relevancia duradera para la salud mental", afirmó Nophar Geifman, profesor en la Universidad de Surrey y autor sénior del estudio.
¿Por qué ocurre esto?
Los primeros 1.000 días de vida constituyen una ventana crítica para el desarrollo del cerebro y la nutrición en este periodo puede provocar cambios estructurales duraderos en el cerebro, señalaron los autores.
Investigaciones anteriores citadas por los autores apuntan a que las dietas ricas en azúcar pueden reducir la densidad y la disponibilidad de las neuronas de serotonina, que son esenciales para la regulación del estado de ánimo, y que la restricción temprana podría proteger estas vías.