En Uzbekistán, los talleres tradicionales transmiten a los jóvenes el oficio de la talla de madera, el bordado y la cerámica, adaptándolo a los gustos actuales y a nuevas oportunidades.
Un taller puede ser a la vez aula, lugar de trabajo y archivo familiar. En Uzbekistán, los oficios tradicionales suelen aprenderse trabajando estrechamente con maestros experimentados, con técnicas que se transmiten de padres y abuelos a las generaciones más jóvenes.
El aprendizaje puede durar años. Los aprendices comienzan con tareas básicas y poco a poco aprenden a manejar materiales, herramientas, motivos y técnicas. En algunas familias, el oficio en sí se ha mantenido durante varias generaciones. En otras, los talleres se han convertido en lugares donde las personas pueden aprender una profesión y ganarse la vida.
Un tallista de madera de quinta generación en Fergana
En el distrito de Furqat, en la región de Fergana, el tallista de madera Muhammadali Yunusov mantiene una tradición familiar que, según explica, se remonta a cinco generaciones.
Empezó a trabajar por su cuenta a los 15 años y más tarde estudió en centros de formación profesional mientras perfeccionaba sus habilidades. Hoy sus hijos trabajan en el mismo campo, lo que los convierte en la sexta generación de artesanos de la familia, mientras que sus nietos también están aprendiendo el oficio.
Yunusov afirma que su taller ha formado a más de 2.000 aprendices. Muchos han trabajado con él en proyectos de talla decorativa en madera y en la construcción de ayvones tradicionales, galerías al aire libre con elementos de madera tallada.
Para Yunusov, convertirse en maestro empieza por la paciencia y la determinación. Algunas pequeñas zonas de una talla pueden ocupar un día entero de trabajo. Las piezas más grandes pueden requerir semanas, ya que los motivos se tallan a mano con finos cinceles conocidos como 'naqshqalam'.
La propia madera necesita preparación. El nogal, el olmo, la morera y el plátano oriental pueden mantenerse sumergidos en agua durante seis meses o más antes de secarse y procesarse. Después la madera se corta en tablones, se vuelve a secar y se moldea según el objeto final, ya sea un portón, una columna, una puerta o una plataforma tradicional de madera.
En el taller trabajan actualmente casi 100 aprendices.
Yunusov explica que los diseños incluyen motivos geométricos e islámicos, con formas distintas que expresan significados diferentes. Trabaja en lo que describe como el estilo de Fergana, una de las cinco grandes tradiciones regionales de la artesanía uzbeka, junto a los estilos de Tashkent, Samarcanda, Bujará y Khorezm.
Para él, las obras más valiosas son las concebidas para durar generaciones.
Le interesan especialmente los elementos arquitectónicos como los ayvones y los portones, que pueden seguir formando parte de un edificio durante décadas o siglos. De este modo, el trabajo de un maestro y sus aprendices puede convertirse en parte de la historia física de un lugar.
La tecnología también ha llegado al taller. Yunusov afirma que la inteligencia artificial le ha ayudado a encontrar referencias de diseños y técnicas que con el tiempo se habían vuelto menos familiares, lo que le proporciona nuevas fuentes de inspiración.
Un taller que crea empleo para mujeres
En otro taller de Fergana, los oficios tradicionales también se utilizan como fuente de empleo.
Sadokat Mirzayeva dirige un centro de artesanía y una institución educativa donde mujeres y niñas pueden aprender distintos oficios mientras reciben apoyo para encontrar trabajo.
El centro ha formado a más de 500 mujeres y niñas en seis años. Más de 100 trabajan ahora con la entidad, bien desde sus casas o como empleadas fijas.
Las artesanas elaboran más de 100 tipos de productos, entre ellos muñecas tradicionales, juguetes populares, bolsos, tocados, batas chapan y otras prendas. Los artículos se suministran a centros turísticos, mercados regionales y tiendas libres de impuestos del aeropuerto internacional de Tashkent, y se exportan a países de Asia Central.
Para Mirzayeva, preservar la artesanía tradicional está estrechamente ligado a crear oportunidades para que las mujeres desarrollen habilidades prácticas y obtengan ingresos.
Los productos se elaboran con materiales naturales como la seda y el algodón. El bordado, la vestimenta y los motivos tradicionales siguen siendo el eje de los diseños, mientras que los encargos individuales permiten a los clientes solicitar nuevos productos o adaptaciones.
La sala de exposición reúne estas distintas formas de artesanía y ofrece a los visitantes la oportunidad de ver las obras y los materiales en un mismo espacio.
Siete generaciones de cerámica en Tashkent
La última parada es Tashkent, donde la familia Rakhimov trabaja la cerámica desde hace siete generaciones.
Para el ceramista Shokhrukh Rakhimov, heredar ese conocimiento implica una responsabilidad. Cada nueva generación debe primero aprender lo que hicieron las anteriores y después desarrollar sus propias ideas.
La familia tiene una identidad visual propia, con una combinación de verde y negro asociada a la cerámica de Tashkent. Al mismo tiempo, Rakhimov considera que los artesanos más jóvenes necesitan experimentar con nuevas formas y enfoques.
Describe el trabajo con la arcilla como un proceso de colaboración. En lugar de controlar completamente el material, el artesano responde a cómo se comporta la arcilla y la guía poco a poco hacia la forma deseada.
La cerámica de la familia incorpora influencias de distintas culturas y épocas. Los colores, ornamentos y símbolos pueden tener significados concretos, con flores, pájaros y peces que aparecen en diseños asociados a ideas como el paraíso, la libertad, la felicidad y la vida.
Las exposiciones y bienales internacionales han dado al taller la oportunidad de trabajar con artistas de otros países y experimentar con enfoques contemporáneos sin renunciar a las técnicas tradicionales.
Sin embargo, aprender el oficio sigue siendo un proceso largo. Rakhimov explica que los jóvenes aprendices pueden pasar años aprendiendo a mantener el estudio y a manejar las herramientas antes de avanzar hacia la preparación de la arcilla, los esmaltes y los colores y, finalmente, crear sus propias piezas.
Para él, la paciencia es una de las cualidades esenciales para mantener la tradición familiar.
Aprender el oficio
Los tres talleres difieren en sus materiales y técnicas, pero comparten algo en su forma de enseñar.
Yunusov recuerda que su padre primero le enseñó a pensar, a mantener la concentración y a abordar cada pieza con determinación. Su aprendiz, Samandar Tokhirov, se incorporó al taller a los 14 años y afirma que su interés por la talla en madera creció cuando empezó a aprender del maestro.
Para Tokhirov, el siguiente paso es trabajar en piezas más grandes y complejas y llevar las tradiciones uzbekas a un público más amplio.
En los talleres de Fergana y Tashkent, la artesanía tradicional es por tanto parte tanto de la vida familiar como de la formación profesional. Las técnicas pueden ser antiguas, pero quienes las aprenden hoy trabajan con nuevas tecnologías, mercados e ideas.
Tres talleres, tres oficios distintos y una misma lección, la maestría requiere tiempo. Estas tradiciones continúan cuando hay quien está dispuesto a aprenderlas, practicarlas y transmitirlas.