Podemos exige la celebración de primarias y que el futuro cabeza de lista de esta reconversión de marca de la coalición izquierdista se bata contra su candidata, Irene Montero. En paralelo, varios potenciales nominables rechazan (o alientan) su concurrencia.
17 de octubre. Es la fecha en la que la amalgama de partidos a la izquierda del PSOE, excluyendo a Podemos y a las formaciones regionalistas o soberanistas, comunicarán su cabeza de cartel para las elecciones generales anticipadas.
A la espera de conocer un programa consensuado entre los restos de Movimiento Sumar, Más Madrid, los Comunes catalanes e Izquierda Unida, el coordinador general de este último partido, Antonio Maíllo, asegura que las formaciones llevan tiempo trabajando en este escenario de convocatoria electoral.
"Esta movilización [por la vivienda]", aseguró Maíllo el pasado viernes ante los micrófonos del Hora 25 de la 'SER', cuando ya se rumoreaba sobre la posiblidad de un adelanto, "también ayuda a acelerar ese proceso, porque quien desobedezca ese mandato popular simplemente va a formar parte del pasado político en nuestro país".
La frase parece una indirecta hacia sus antiguos socios morados, cuando la izquierda no soberanista concurría en unidad bajo las siglas de Unidas Podemos. Irene Montero, hoy eurodiputada y candidata a las generales, ha propuesto en público un proceso de primarias -entre el 14 y el 15 de octubre- para determinar quién encabezará la posible coalición.
Uno de los posibles candidatos que se barajan para el neonato Frente Amplio, el ministro de Cultura y cuota de los Comunes, Ernest Urtasun, ya ha cortado de raíz las aspiraciones de Podemos: "Quien quiera venir a sentarse a hacer una propuesta como todas las demás fuerzas políticas, aquí estamos para debatir", ha declarado, añadiendo que hay hueco disponible para sus adversarios en el mismo espectro ideológico, pero que no van a debatir con ellos a través de los medios.
No es el único nombre que se ha barajado en las últimas horas, o meses, para reemplazar a la vicepresidenta segunda del Gobierno, Yolanda Díez, enfrascada en su propia campaña para presidir la Organización Internacional del Trabajo, la OIT. La ministra de Trabajo ya renunció tanto a dirigir el propio Movimiento Sumar que ella fundó como a encabezar una candidatura unitaria para otra legislatura.
Entre las quinielas se manejan también los nombres de otros dos ministros: el de Consumo y Derechos Sociales, Pablo Bustinduy, y la de Sanidad, Mónica García. Esta última ya había anunciado previamente que concurriría a las autonómicas de la Comunidad de Madrid por parte de su formación, Más Madrid, pero desde la caída de los reales-decretos ley de vivienda del pasado viernes se ha dejado querer por los medios.
"Estoy dispuesta a lo que sea necesario para frenar a la ultraderecha", ha declarado en otra entrevista de la 'SER'. Pero García cuenta con otro gran lastre: la huelga de médicos convocada, a izquierda y a derecha, en contra de su reforma del estatuto marco de los profesonales sociosanitarios.
Bustinduy, hijo de una exministra de Sanidad socialista bajo el último mandato de Felipe González, Ángeles Amador, parece insistir, según repiten fuentes internas de su cuadrilátero político, en su rechazo a encabezar cualquier candidatura. No obstante, su discurso durante el debate parlamentario de los decretos habitacionales, muy combativo, se interpretó en algunos sectores como una posible postulación.
Los mentideros político-mediáticos también valoran la posible vuelta a la política institucional de Ada Colau. La exalcaldesa de Barcelona ya no lidera a los comunes pero, pese a que anunció un cambio de etapa para dar clases en una universidad italiana tras los comicios de 2023, ha seguido muy activa en los medios de comunicación desde entonces, especialmente en lo relativo a la cuestión palestina.
Colau, que inició sus andanzas como activista de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, formación homologable al Sindicato de Inquilinas durante la década pasada, participó en la Global Sumud Flotilla en septiembre y octubre de 2025 para intentar llevar ayuda humanitaria a Gaza y romper el bloqueo israelí.
Pierde fuelle la posibilidad de que Gabriel Rufián, un candidato más del agrado de Podemos y con el que sus líderes compartían una mayor sintonía personal, abandone Esquerra Republicana para intentar conformar esa candidatura de unidad. Su experimento se desinfló a lo largo de este año tras el rechazo frontal de líderes de peso de su formación, como Oriol Junqueras, a confluir en la izquierda estatal. El candidato llegó a celebrar actos públicos junto a Irene Montero durante el mes de abril.
Resta por ver qué otras formaciones políticas alineadas con este subsector de la izquierda (Compromís, Chunta Aragonesista, Més per Mallorca o Equo, ahora Partido Verde) podrían sumarse al nuevo intento de coalición. Al igual que ERC, la incorporacón de formaciones soberanistas como el BNG, Adelante Andalucía o EH Bildu está descartada de antemano.
Por el momento, las últimas encuestas ofrecen una horquilla en la que ni Sumar (7-9) ni Podemos (2) superan los 10 escaños. Mientras que ambas han perdido votos y escaños -o directamente toda representación parlamentaria- en las siete elecciones autonómicas celebradas desde 2023, los soberanistas han crecido en sus respectivos territorios.
Hay una excepción a esta tendencia: los buenos resultados de Irene de Miguel para Unidas por Extremadura, una alianza entre Podemos, Izquierda Unida y Alianza Verde -una excepción respecto al resto de territorios- que pasó de cuatro a siete escaños y ganó 17.705 votos más, tras una campaña muy enfocada en las necesidades del territorio.