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Leyes, promesas o férreo control: cómo la UE, EE.UU. y China planean frenar la IA

El icono de la aplicación ChatGPT se ve en la pantalla de un teléfono inteligente.
El icono de la aplicación ChatGPT se ve en la pantalla de un teléfono inteligente. -  Derechos de autor  AP Photo
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Por Jonathan Benton
Publicado •última actualización
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La Unión Europea, Estados Unidos y China están adoptando enfoques muy distintos para regular la inteligencia artificial. Analizamos cómo afrontan las mayores economías del mundo el desarrollo de esta tecnología y lo que está en juego.

La presión aumenta en todo el mundo para poner límites a los sistemas de inteligencia artificial más potentes, y los tres grandes actores mundiales de la IA están respondiendo con enfoques muy distintos.

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Las preocupaciones son muy similares en todas partes, desde los ciberataques impulsados por la IA y las amenazas a la seguridad nacional hasta los chatbots relacionados con suicidios de menores. Las respuestas, en cambio, parecen diferir de forma significativa.

La UE ha apostado por normas vinculantes, aunque ya ha suavizado parte de ellas bajo la presión de la industria. Estados Unidos se basa en compromisos voluntarios y órdenes ejecutivas dirigidas a mantener el auge de la IA. China está elaborando su propio marco normativo bajo un férreo control estatal, mientras rechaza los llamamientos a ralentizar el desarrollo.

Así está abordando cada uno el problema.

UE: "Las primeras normas integrales sobre IA en el mundo"

La Unión Europea (UE) adoptó en 2024 su AI Act, que Bruselas presenta como "las primeras normas integrales sobre inteligencia artificial en el mundo".

El texto regula la IA a partir de un marco de cuatro niveles de riesgo, con obligaciones que aumentan según la amenaza que plantee cada sistema, desde los que suponen un riesgo limitado o nulo, como los elementos de los videojuegos y los filtros de spam, que pueden funcionar libremente, hasta los sistemas considerados inaceptables, con capacidades de amplio alcance, que quedan directamente prohibidos, como la puntuación social, el reconocimiento de emociones y la manipulación.

Pero las empresas europeas, temerosas de que las normas frenaran la innovación en su carrera por alcanzar a sus rivales estadounidenses y chinos, ejercieron una intensa presión y lograron posteriormente retrasar la aplicación de las reglas sobre sistemas de alto riesgo como parte de la Ley ómnibus de la IA, en parte gracias al giro a la derecha de la Comisión tras las elecciones europeas.

En medio de unos crecientes llamamientos globales a reforzar el control, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, afirmó el mes pasado que las normas sobre IA sitúan a "Europa en posición de orientar los esfuerzos globales".

También anunció que invitaría a los principales laboratorios punteros "a mantener un diálogo sobre cómo podemos apoyar los esfuerzos en curso de la industria para fijar el ritmo en la frontera".

Las empresas europeas se han mostrado más reticentes a cualquier desaceleración, por miedo a que se trate de un intento de los gigantes estadounidenses de consolidar su dominio.

La UE dispone de otras herramientas para regular la IA.

En agosto, ChatGPT se convirtió en el primer chatbot de IA incluido en la lista de servicios digitales de muy gran tamaño de la UE sometidos a un mayor escrutinio jurídico en virtud de sus normas sobre contenidos en línea, conocidas como Digital Services Act.

Bruselas también propuso el mes pasado obligar a las empresas a garantizar que los compañeros virtuales y chatbots de IA sean seguros antes de que los utilicen los menores.

El EU Kids Act plantea prohibir que los chatbots de IA "simulen relaciones interpersonales de manera que generen dependencia emocional", señaló la UE, tras una serie de suicidios en todo el mundo vinculados a las interacciones de menores con este tipo de asistentes.

EE.UU.: "Superinteligencia"

Casi dos años después del inicio de su segundo mandato, el presidente estadounidense, Donald Trump, ha articulado su política sobre IA casi exclusivamente a partir de compromisos voluntarios de la industria y órdenes ejecutivas destinadas a mantener el auge de la IA que impulsa la economía de Estados Unidos (EE.UU.).

El primer día de su regreso a la Casa Blanca, Trump anuló la orden ejecutiva de 2023 de su predecesor, Joe Biden, que obligaba a los desarrolladores de los sistemas de IA más potentes a compartir con el Gobierno los resultados de las pruebas de seguridad y ordenaba a las agencias federales fijar directrices de privacidad para evitar la discriminación algorítmica.

En julio de 2025, la Casa Blanca presentó un plan de acción para la IA que recoge más de 90 medidas para acelerar el desarrollo, aumentar la inversión en infraestructuras y desregular el sector estadounidense en su conjunto.

Una orden ejecutiva complementaria, titulada 'Prevenir la IA woke en el gobierno federal', obliga a las agencias federales a adquirir únicamente modelos considerados ideológicamente neutrales.

La orden se emitió sin una metodología formal para evaluar esa neutralidad, más allá de compartir la documentación técnica de las plataformas con el Gobierno estadounidense, algo que Anthropic, de Dario Amodei, y xAI, de Elon Musk, aceptaron de buen grado, especialmente en el caso de esta última, dada su trayectoria de incidentes controvertidos.

El Congreso, profundamente dividido y sometido a una intensa presión de las grandes tecnológicas, aún no ha aprobado una ley federal sobre IA y está fuera de sesión hasta después de las elecciones de mitad de mandato de noviembre.

Trump ha intentado frenar las leyes sobre IA aprobadas por los estados, pero el Congreso ha rechazado en reiteradas ocasiones anularlas, y esas normas estatales están entrando en vigor en todo el país, incluida la Ley de transparencia de la IA de California.

Este año, la aparición de modelos de IA capaces de lanzar ciberataques muy potentes ha desplazado el foco hacia la seguridad. Una orden ejecutiva de junio estableció un sistema voluntario para que los desarrolladores concedan al Gobierno hasta 30 días de acceso anticipado a sus modelos más potentes.

Con la inquietud de los votantes en aumento, los máximos responsables de las seis mayores empresas de IA de Estados Unidos firmaron el 29 de septiembre un acuerdo con la Casa Blanca en el que se comprometen a someter los modelos más avanzados a auditorías independientes y a supervisión a nivel de consejo de administración.

El pacto permite que las empresas se autorregulen y no prevé sanciones si incumplen, aunque Trump lo calificó de "moralmente vinculante".

Ese mismo día, Trump ordenó a las agencias federales sustituir el término "inteligencia artificial" por "superinteligencia" en las comunicaciones oficiales.

Las últimas cifras indican que las infraestructuras y la inversión en IA representan actualmente aproximadamente entre una quinta y una tercera parte del crecimiento económico total de EE.UU., lo que equivale a entre 0,45 y 0,97 puntos porcentuales sobre un crecimiento global de entre 2,1% y 2,3% en 2026, según el Peterson Institute for International Economics.

China: 'Siempre bajo control humano'

China cuenta ya con un conjunto complejo y cambiante de normas sobre el uso de la IA, también en el caso de los menores.

La regulación de los chatbots de compañía basados en IA entró en vigor en julio, con el objetivo de limitar la dependencia emocional y prohibir la creación de clones digitales de personas reales sin su consentimiento.

El presidente, Xi Jinping, afirmó este verano que la IA debe estar "siempre bajo control humano" y reclamó más "leyes y reglamentos, supervisión tecnológica, sistemas de alerta temprana y de respuesta de emergencia".

El primer ministro, Li Qiang, también ha advertido de que el mundo corre el riesgo de "perder el control" de las tecnologías de frontera como la IA si los gobiernos tardan demasiado en regularlas.

Sin embargo, "una pausa general o una desaceleración deliberada del desarrollo de la IA sigue estando fuera de la postura predominante de la política china", escribieron en septiembre los analistas del Oxford China Policy Lab.

Algunos en China consideran difícil justificar las peticiones para frenar el progreso, "sobre todo teniendo en cuenta su percepción de que medidas estadounidenses, como los controles a la exportación, ya han limitado el desarrollo de la IA en China durante años", añadieron.

China censura y controla los contenidos generados por IA de forma similar a como lo hace con el resto de la información en línea. Y el mes pasado, su jefe de espionaje advirtió de que la IA podría poner en peligro la seguridad nacional.

"Fuerzas hostiles" están abusando de la IA generativa para "fabricar rumores políticos y difundir información dañina", afirmó el ministro de Seguridad del Estado, Chen Yixin.

Fuentes adicionales • AFP

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