Según el acuerdo, los fabricantes de automóviles deberán reducir sus emisiones de CO₂ un 90 % para 2035, sin compensar el 10% restante, como proponía inicialmente la Comisión.
Francia y Alemania han cerrado este viernes un acuerdo para suavizar la prohibición de facto de la Unión Europea sobre los nuevos coches con motor de combustión a partir de 2035, a cambio de normas más estrictas que favorezcan los productos fabricados en Europa.
Berlín se ha opuesto desde hace tiempo a las normas de 2035, con el objetivo de proteger su industria del automóvil, mientras que París ha defendido requisitos estrictos de "Made in Europe" en la contratación pública para contrarrestar la competencia de los fabricantes chinos en el mercado de la UE.
El acuerdo se ha alcanzado al margen de una reunión de líderes de la UE en Bruselas. Vincula una revisión de las normas de 2035 sobre los nuevos coches de gasolina y diésel al debate sobre la introducción de una preferencia europea en los contratos públicos y en los regímenes de financiación pública propuesta por la Comisión Europea en marzo y defendida por Francia.
El anuncio llega en un momento en que los legisladores de la UE están examinando una propuesta de la Comisión Europea para modificar la legislación que pondría fin de facto a la venta de nuevos coches y furgonetas de gasolina y diésel a partir de 2035.
"Nuestra ambición común es clara: transformar con éxito nuestra industria del automóvil, manteniendo al mismo tiempo nuestra ambición climática y garantizando que los coches del futuro se produzcan en Europa", señaló la declaración conjunta.
En virtud del acuerdo, el 70% de los componentes de los coches, excluidas las baterías, deberá producirse en Europa, mientras que el 10% del contenido de las baterías tendrá que proceder de fuentes europeas.
"Esto crea una preferencia europea para garantizar que nuestras fábricas no se conviertan en simples plantas de montaje", indicó una fuente del Elíseo.
Los fabricantes de automóviles tendrán que reducir en un 90% las emisiones medias de CO2 de sus flotas de aquí a 2035, sin compensar el 10% restante, al contrario de lo que preveía la propuesta inicial de la Comisión.
Una posición conjunta para influir en las negociaciones de la UE
El compromiso político refleja la preocupación compartida en París y Berlín por que los fabricantes europeos de automóviles están siendo presionados por los elevados costes de producción, la costosa transición hacia los vehículos eléctricos y la creciente competencia de los fabricantes chinos.
Sin embargo, los dos países tienen prioridades distintas a la hora de abordar estos desafíos.
"Francia y Alemania proponen un paquete global que combina una trayectoria de descarbonización europea ambiciosa con la flexibilidad regulatoria necesaria para reflejar distintas realidades de mercado y condiciones tecnológicas. También ofrece incentivos concretos para la inversión, la investigación y el desarrollo, la producción europea y unas cadenas de suministro resilientes", recoge la declaración conjunta.
Alemania, donde tienen su sede grandes fabricantes de automóviles como Volkswagen, BMW y Mercedes-Benz, ha reclamado una mayor flexibilidad tecnológica para proteger a los fabricantes que buscan seguir vendiendo algunos modelos de motor de combustión e híbridos después de 2035.
Francia, que ha defendido el refuerzo de la base industrial europea, ha apostado por una estricta preferencia europea limitada a los 27 Estados miembros de la UE.
Las normas de "Made in Europe" han estado en el centro del debate sobre el 'Industrial Accelerator Act' (Ley de Aceleración Industrial) de la Comisión, propuesto en marzo, que introduciría esta preferencia.
Alemania, sin embargo, ha defendido un enfoque más amplio que incluiría a países no pertenecientes a la UE considerados de confianza.
En virtud del acuerdo de este viernes, varios países no pertenecientes a la UE con estrechos vínculos con el bloque, como Noruega, Islandia, Suiza y el Reino Unido, podrán acogerse a la preferencia europea, y los productos de estos países se considerarán "Made in Europe" a efectos de las normas.
Estos países tendrán que firmar acuerdos con la UE para garantizar que las empresas europeas puedan competir en igualdad de condiciones por los contratos públicos y acceder a la financiación gubernamental en sus mercados. También deberán asegurarse de que otros países no los utilicen como puerta trasera para eludir los requisitos de "Made in Europe" de la UE.
El acuerdo franco-alemán establece una posición nacional conjunta, lo que abre la puerta a que otros Estados miembros y los legisladores de la UE decidan si la respaldan.
Aun así, Merz podría enfrentarse a resistencias en su propio país, ya que la ministra socialdemócrata de Medio Ambiente de Alemania ha defendido un objetivo de reducción de emisiones del 95%, compensando el 5% restante mediante el uso de acero de bajas emisiones de carbono.
Un posible replanteamiento de las normas sobre emisiones de los coches
Las normas originales de la UE exigían que los nuevos coches y furgonetas lograran una reducción del 100% en las emisiones medias de CO2 de las flotas a partir de 2035, lo que en la práctica suponía el fin de la venta de nuevos vehículos convencionales de gasolina y diésel.
Aunque las normas no prohibirían la circulación de los coches de combustión ya existentes, se han enfrentado a una oposición sostenida de parte de la industria del automóvil.
En diciembre de 2025, la Comisión propuso revisar estas normas en respuesta a las presiones de Alemania, Italia y fabricantes de coches preocupados por la débil demanda de vehículos eléctricos y la competencia de China.
La propuesta sustituiría la exigencia de reducción del 100% de las emisiones por un objetivo del 90%, dejando margen para determinadas tecnologías y combustibles bajo condiciones específicas. El cambio no equivaldría a un regreso sin restricciones a los motores de combustión convencionales.
"Francia y Alemania están decididas a aprovechar esta dinámica y a trabajar con rapidez con sus socios europeos para alcanzar un acuerdo", añadía la declaración.
Está previsto que los eurodiputados voten la propuesta de la Comisión en el pleno de Estrasburgo el 23 de noviembre.
Posteriormente, el Parlamento Europeo y los Gobiernos de la UE tendrán que acordar hasta qué punto relajan el objetivo previsto de cero emisiones de CO2 para los nuevos coches en 2035, incluida la posibilidad de permitir una mayor flexibilidad para los vehículos de combustión e híbridos.