Beber té tres o más veces por semana se asocia a un 11 % menos de riesgo de enfermedad vascular; el té muy caliente lo eleva un 16 %.
Un nuevo estudio ha relacionado el consumo habitual de té con un menor riesgo de enfermedades vasculares, como el ictus, la enfermedad coronaria y el infarto de miocardio.
El té se obtiene al infusionar las hojas procesadas de Camellia sinensis, un arbusto perenne originario de Asia oriental. Todas las variedades, incluidas la blanca, la verde, la oolong, la negra y la pu-erh, proceden de esta única planta y sus distintos sabores dependen del grado de oxidación.
La bebida forma parte habitual de la dieta en muchas culturas. Desde el desayuno inglés hasta las ceremonias del té en China, está presente en la vida diaria de millones de personas en todo el mundo.
Los compuestos bioactivos del té, entre ellos los polifenoles y los flavonoides, tienen propiedades antioxidantes, antiinflamatorias y protectoras del endotelio que preservan la capa interna de los vasos sanguíneos y mantienen una circulación saludable, todo lo cual puede ayudar a prevenir enfermedades vasculares, según un estudio publicado en la Journal of Internal Medicine (fuente en inglés).
Los investigadores han seguido durante una media de nueve años a casi 500.000 personas en China, registrando su consumo de té y las enfermedades que desarrollaban en ese periodo. Comprobaron que quienes toman té de forma regular, tres o más veces por semana, presentaban un riesgo global de enfermedad vascular un 11,2% menor. La asociación más fuerte se observó en el ictus isquémico, con una reducción del 36,6%, seguida de la enfermedad cerebrovascular, con un 19,1%.
Los investigadores observaron que las asociaciones protectoras variaban de forma notable en función de cómo se preparaba y consumía el té.
Entre los participantes, la mediana de consumo se situó entre dos y tres tazas al día; sin embargo, el menor riesgo se observó en quienes bebían entre seis y ocho tazas diarias.
El té negro mostró la asociación más fuerte y consistente con una menor incidencia de enfermedades vasculares, seguido del té verde. Los investigadores atribuyen este efecto a compuestos derivados de la fermentación, como las teaflavinas, que tienen propiedades antiinflamatorias y reguladoras de los lípidos.
También influyeron la temperatura y la intensidad de la infusión. Los investigadores concluyeron que la mejor combinación era un té de fuerza moderada y que no estuviera tan caliente como para quemar.
De forma sorprendente, los tés extremadamente calientes se asociaron con el efecto contrario: un aumento del 16% del riesgo de enfermedad vascular. Las bebidas muy calientes ya se habían relacionado anteriormente con una mayor probabilidad de cáncer de esófago.
El té no es una solución milagrosa
Los investigadores señalaron que la asociación protectora del consumo habitual de té se mantenía en la mayoría de subgrupos demográficos, pero era significativamente más intensa en las personas con obesidad.
Pese a estos resultados, los autores advierten de que beber té por sí solo no protege frente a las enfermedades cardiovasculares y que debe integrarse en un estilo de vida saludable más amplio y complementar las estrategias de prevención ya establecidas.
"Esto fue un estudio observacional y otras diferencias en la dieta y el estilo de vida de las personas podrían ayudar a explicar los resultados", señaló Dell Stanford, dietista sénior de la British Heart Foundation que no participó en el estudio, y añadió que los resultados no demuestran "que una taza diaria de té proteja el corazón".
Las enfermedades cardiovasculares siguen siendo la principal causa (fuente en inglés) de enfermedad y mortalidad en la Unión Europea (UE), donde representan una de cada tres muertes y afectan a unos 62 millones de personas.