Bruselas busca convertir las próximas conversaciones de paz entre Ucrania, Rusia y Estados Unidos en una negociación multilateral con participación europea, para ganar peso en el proceso e influir en la postura de Washington.
La Unión Europea busca desempeñar un papel más destacado en las conversaciones de paz para poner fin a la guerra de Rusia contra Ucrania, lo que podría incluir contactos directos con Moscú.
Estados Unidos quiere reanudar en noviembre las conversaciones trilaterales a nivel técnico, después de sus elecciones de mitad de mandato. Ucrania asegura que acepta cualquier formato y está dispuesta a participar en cualquier momento, mientras que Rusia ha afirmado que está "dispuesta en principio".
El proceso de paz quedó paralizado en febrero, después de que Estados Unidos iniciara su guerra contra Irán, lo que desvió buena parte de su atención diplomática hacia Oriente Medio.
Bruselas considera que una posible reanudación de las conversaciones sería una oportunidad para pasar de un formato trilateral a otro multilateral, incorporar a representantes europeos a la mesa de negociación y permitir que la UE influya en la postura de Washington, que recientemente se ha inclinado claramente a favor de Moscú, lo que ha hecho saltar las alarmas.
Sin embargo, los europeos tienen numerosos precedentes en los que sus interlocutores estadounidenses los han sorprendido con decisiones inesperadas, han minimizado su papel o incluso los han ignorado, por lo que el éxito no está garantizado.
"Ahora se espera que haya conversaciones a nivel multilateral, con representantes de alto nivel, y que la UE esté presente en ellas", afirmó este viernes la portavoz adjunta principal de la Comisión Europea, Arianna Podestà. "Siempre hemos trabajado para que Ucrania esté en una posición de fuerza y para lograr una paz justa y duradera para el país. Seguimos haciéndolo en todo momento".
Podestà señaló que la UE debería estar representada conjuntamente por la Comisión Europea, el órgano ejecutivo del bloque, y el Consejo Europeo, que reúne a los jefes de Estado o de Gobierno de los países miembros. Preguntada sobre si esto podría implicar reuniones cara a cara entre responsables europeos y representantes rusos, no descartó esa posibilidad.
"En esta fase, no tengo más detalles que aportar. La expectativa es que haya una representación conjunta de la Comisión y el Consejo que participe en las reuniones", indicó. "Más allá de eso, no tengo otros elementos que compartir".
El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, no rechazó de entrada la participación europea, como sí ha hecho Moscú en el pasado, pero subrayó que la próxima ronda de conversaciones seguirá celebrándose en formato trilateral. "No se puede descartar nada de antemano", señaló Peskov.
"Pero estas conversaciones de las que hablamos, previstas para la primera mitad de noviembre en Abu Dabi, se celebrarán en un formato trilateral".
¿Habrá sitio para ambos?
Sigue sin estar claro si ambas instituciones de la UE tendrán un asiento en la mesa de negociación. Las últimas rondas de conversaciones en las que participaron Ucrania, Europa y Estados Unidos, primero en Miami y después en Oslo, contaron únicamente con Bjoern Seibert, influyente jefe de gabinete de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen.
Pedro Lourtie, jefe de gabinete del presidente del Consejo Europeo, António Costa, no fue invitado. A las conversaciones de Miami asistieron los asesores de seguridad nacional de Alemania, Francia y el Reino Unido, el llamado 'E3', así como representantes de la OTAN. En Oslo, Italia ocupó el lugar de Francia.
Las conversaciones se centraron en las garantías de seguridad para Ucrania, las sanciones contra Rusia y la reconstrucción tras la guerra. Después de la reunión de Oslo, el enviado especial estadounidense Steve Witkoff se reunió durante casi tres horas con el presidente ruso, Vladímir Putin, en San Petersburgo.
Posteriormente, el Kremlin consideró que las propuestas de Witkoff ofrecían "poco de verdadero valor" para poner fin a la guerra, aunque expresó su disposición a reanudar las conversaciones a nivel técnico.
Responsables y diplomáticos de la UE afirman que Moscú aún no ha dado señales de abandonar sus exigencias maximalistas ni de implicarse de manera significativa en el proceso de paz. Sin embargo, dado lo mucho que está en juego, sostienen que Europa no puede permitirse quedar al margen.
La decisión del presidente estadounidense, Donald Trump, de cerrar un acuerdo de suministro de diésel con Putin y suavizar las sanciones de larga duración contra Rusia ha alarmado a las capitales europeas y ha reforzado su convicción de que la presencia de la UE en la mesa de negociación es esencial como contrapeso a Washington.
El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, a quien Trump ha criticado repetidamente, ha instado a los líderes europeos a establecer su propio canal diplomático con Moscú. A principios de este año, Costa abrió discretamente una vía de comunicación con Rusia, pero la iniciativa no dio resultados y quedó en suspenso.
La posibilidad de nombrar a un enviado especial volvió a debatirse entre los líderes de la UE en la cumbre de la semana pasada. No hubo consenso sobre ningún candidato, pero el nombre del presidente finlandés, Alexander Stubb, ha vuelto a cobrar fuerza después de que copresidiera la última ronda de conversaciones en Oslo.
Posteriormente, Moscú señaló que podría aceptar a Stubb como intermediario, siempre que no "repitiera como un loro" la postura europea, una condición que difícilmente agradará al presidente finlandés, firme defensor de Ucrania.