A medida que las grandes tecnológicas y toda una cohorte de start ups de IA de nueva generación compiten por lograr la inteligencia artificial general (AGI), los investigadores de élite y los responsables de ingeniería se han convertido en el equivalente a los jugadores franquicia del deporte profesional.
La emergente industria de la IA ha creado un mercado laboral sin precedentes en Silicon Valley desde el boom de las puntocom, solo que esta vez quizá haya apenas unos cientos de personas capaces de construir a gran escala sistemas de IA de vanguardia.
OpenAI, Meta, Google DeepMind, Anthropic, xAI, Safe Superintelligence y un número creciente de nuevas startups de IA compiten por atraer a un grupo diminuto de talento altamente cualificado.
Como resultado, en los dos últimos años han aparecido informaciones sobre paquetes retributivos de nueve cifras, enormes concesiones de acciones y campañas de fichajes lideradas personalmente por directivos como Mark Zuckerberg y Sam Altman.
Algunas de las cifras que circulan en Internet son discutidas o no se han podido verificar, por lo que este artículo se centra en las figuras más cotizadas cuyo valor en el mercado laboral y la demanda que despiertan han sido documentados de forma creíble por grandes medios o confirmados personalmente por quienes han participado en las negociaciones.
A continuación, sin orden particular, repasamos cinco de los ingenieros y científicos de IA más conocidos del mundo, cuyas trayectorias ilustran los distintos tipos de batallas por el talento que se libran en la industria de la IA.
Ilya Sutskever
Pocas figuras en el sector de la IA suscitan más respeto que el científico informático israelo-canadiense Ilya Sutskever.
Como cofundador y antiguo director científico de OpenAI, Sutskever impulsó los avances que están detrás de los modelos GPT y era considerado uno de los principales arquitectos intelectuales del auge de la IA generativa.
Antes de OpenAI trabajó en Google Brain, antecedente de Google DeepMind, y contribuyó a algunos de los avances fundamentales que ayudaron a desencadenar la revolución del aprendizaje profundo.
Tras la dramática crisis de gobernanza de OpenAI en 2023, cuando Sam Altman fue destituido temporalmente como director ejecutivo, Sutskever acabó abandonando la empresa y cofundó Safe Superintelligence (SSI) en 2024.
SSI se convirtió de inmediato en una de las startups de IA más observadas del mundo y, pese a no haber lanzado aún ningún producto comercial, alcanzó en 2025 una valoración privada de alrededor de 32.000 millones de dólares (unos 27.500 millones de euros).
Posteriormente se supo que Meta exploró conversaciones para adquirir SSI y trató de fichar de forma agresiva al talento vinculado a la empresa en el marco de la campaña de contratación de IA de Mark Zuckerberg en 2025.
La semana pasada, Sutskever también confirmó durante su testimonio en el juicio de alto perfil entre Elon Musk y el creador de ChatGPT que posee una participación de 7.000 millones de dólares en OpenAI (unos 6.000 millones de euros). Se convirtió así en el segundo multimillonario de OpenAI revelado recientemente, después de que el presidente Greg Brockman declarara que tiene una participación cercana a los 30.000 millones de dólares (unos 25.800 millones de euros).
El valor de Sutskever reside en una combinación muy poco común de prestigio científico, experiencia con modelos punteros y capacidad de liderazgo. Muchos inversores lo consideran una de las poquísimas personas capaces de dirigir una organización de investigación a escala de AGI.
Mira Murati
Otra figura clave que abandonó OpenAI fue la antigua directora de tecnología Mira Murati, que dejó la empresa en 2024.
Esta ingeniera y directiva albanesa-estadounidense tuvo un papel central en los lanzamientos de ChatGPT, DALL-E y GPT-4 y se convirtió en uno de los rostros públicos de la revolución de la IA. Anteriormente había trabajado como responsable sénior de producto en Tesla.
Tras su salida de OpenAI, Murati puso en marcha Thinking Machines Lab, que atrajo rápidamente a exinvestigadores de OpenAI y se convirtió en un nuevo actor de peso en el ecosistema de startups de IA.
Al igual que SSI, la firma aún no ha lanzado ningún producto, pero, según las informaciones, logró poco después de su creación una valoración superior a los 5.000 millones de dólares (unos 4.300 millones de euros). Su apuesta pasa por la colaboración entre humanos e IA, en lugar de centrarse únicamente en sistemas totalmente autónomos.
La semana pasada, Thinking Machines Lab presentó un adelanto de sus "modelos de interacción", que en teoría podrán controlarse por completo mediante la voz y tendrán, entre otras funciones, acceso nativo a la pantalla del usuario, lo que promete una experiencia de uso fluida.
Meta también trató de reclutar de forma agresiva a investigadores de élite vinculados a Murati y Thinking Machines Lab, ya que la startup ha conseguido reunir a ingenieros que han trabajado en ChatGPT, Character.ai, Mistral, PyTorch y otros modelos y marcos de IA.
El valor estratégico de Murati radica en que se ha convertido en una de las pocas directivas capaces de atraer a gran escala a investigadores de primer nivel.
En el sector de la IA, ese poder de atracción de talento se ha convertido en sí mismo en una ventaja competitiva, sobre todo ahora que las empresas constatan que la élite de la IA se concentra cada vez más en un número relativamente pequeño de laboratorios punteros.
Alexandr Wang
A diferencia de Sutskever y Murati, que comenzaron en OpenAI y después la abandonaron para fundar sus propias startups, el ingeniero chino-estadounidense de segunda generación Alexandr Wang se hizo conocido primero como fundador y posteriormente dio el salto a Meta.
Wang fundó Scale AI en 2016, una empresa que desarrolló infraestructuras clave para sistemas de aprendizaje automático mediante servicios de etiquetado de datos, evaluación y herramientas de análisis de modelos.
Scale AI se integró en el ecosistema de la IA generativa gracias a su trabajo con gobiernos, grandes empresas y laboratorios punteros. En 2025, Meta adquirió, según las informaciones, un 49 % del capital sin derecho a voto por 14.300 millones de dólares (unos 12.300 millones de euros), lo que situó la valoración de la compañía en 29.000 millones de dólares (unos 25.000 millones de euros).
Alexandr Wang pasó a ocupar un puesto directivo en Meta Superintelligence Labs, la división de IA de la empresa de Mark Zuckerberg.
Supuestas filtraciones de documentos apuntan a que su paquete retributivo figura entre los mayores de la historia de Silicon Valley, con un salario base de un millón de dólares (unos 860.000 euros), primas de varios millones y entre 100 y 150 millones de dólares en acciones que se irán consolidando a lo largo de cinco años, el equivalente aproximado de entre 86 y 129 millones de euros.
El fichaje se interpretó ampliamente como parte del intento de Zuckerberg de acelerar las capacidades de IA de Meta después de que la compañía quedara rezagada respecto a OpenAI en la percepción pública.
A diferencia de los investigadores puramente académicos, el valor de Wang reside en su conocimiento operativo de cómo se construyen y escalan los sistemas de IA de vanguardia. Su experiencia abarca desde la infraestructura y los conjuntos de datos hasta las cadenas de evaluación y la ejecución organizativa.
Ese conocimiento global es cada vez más importante a medida que los sistemas de IA crecen y se encarecen su entrenamiento y su gestión.
Demis Hassabis
Al igual que Wang, Demis Hassabis inició su trayectoria en el sector de la IA como fundador antes de integrarse en una gran tecnológica.
Este ingeniero británico de ascendencia griega, chipriota, china y singapurense pasó años convirtiendo DeepMind en una de las principales organizaciones de investigación en IA del mundo, conocida por hitos como AlphaGo, el modelo que dominó el antiguo juego chino de mesa Go, y AlphaFold, capaz de predecir estructuras de proteínas.
En 2024, el modelo AlphaFold2 resolvió un reto científico de 50 años al predecir con precisión las estructuras tridimensionales de las proteínas, lo que llevó a que Hassabis recibiera ese año el premio Nobel de Química.
DeepMind se fundó originalmente en Londres y fue adquirida por Google en 2014, operación de la que nació Google DeepMind, que sigue siendo hoy la principal división de IA del gigante tecnológico.
El precio final de la compra nunca se confirmó oficialmente, pero las informaciones apuntan a que se situó entre 400 y 650 millones de dólares, el equivalente aproximado de entre 344 y 559 millones de euros, en una época en la que la IA todavía era una idea lejana en el sector tecnológico.
El salario base de Hassabis no es público, pero como consejero delegado de Google DeepMind se calcula que su retribución anual total asciende a varios millones.
Según diversas informaciones, ha recibido primas ligadas a resultados como una importante gratificación de 3 millones de dólares (unos 2,58 millones de euros) por sus logros con el proyecto de IA Gemini. Su patrimonio neto se estima en unos 600 millones de dólares, alrededor de 516 millones de euros.
Tras el lanzamiento de ChatGPT y la intensificación de la carrera armamentística en IA, Google concentró más esfuerzos en torno a Google DeepMind bajo el liderazgo de Hassabis. La compañía pasó a competir de forma mucho más agresiva con OpenAI, Anthropic y Meta tanto por el talento como por la relevancia pública.
Hassabis desempeña un papel de valor singular gracias a que combina la condición de fundador con credenciales científicas de élite y capacidad de liderazgo organizativo.
Retener al núcleo de investigadores de DeepMind se volvió estratégico para Google a medida que las expectativas salariales en toda la industria de la IA se disparaban.
Andrej Karpathy
Andrej Karpathy cierra la lista como otro de los cofundadores de OpenAI.
Tras contribuir al lanzamiento de la gran empresa de IA, este investigador informático eslovaco-canadiense pasó a dirigir el área de IA de Tesla, donde entre 2017 y 2022 ayudó a liderar el desarrollo de sistemas de conducción autónoma basados en redes neuronales.
Karpathy regresó posteriormente durante un breve periodo a OpenAI antes de fundar Eureka Labs en 2024.
No se conoce una valoración privada de la compañía, que impulsa iniciativas educativas y proyectos emprendedores independientes.
Sin embargo, se estima que el patrimonio de Karpathy se sitúa entre 50 y 150 millones de dólares, gracias a sus empleos anteriores, es decir, entre unos 43 y 129 millones de euros.
Aunque públicamente no se le ha vinculado a los mayores rumores sobre remuneraciones, como sí ha ocurrido con otros investigadores de laboratorios punteros, Karpathy sigue siendo una de las figuras más valiosas desde el punto de vista estratégico por su capacidad para influir en las comunidades de desarrolladores y atraer talento gracias a su peso histórico en la cultura de la ingeniería.