La estadounidense Micron Technology ha registrado ingresos y beneficios trimestrales muy por encima de lo previsto en Wall Street, gracias a la fuerte demanda de chips de memoria para inteligencia artificial.
Micron, una de las pocas compañías capaces de fabricar a gran escala chips de memoria avanzados, afirmó el miércoles que sus ingresos del tercer trimestre alcanzaron los 41.400 millones de dólares (36.500 millones de euros), más de cuatro veces los 9.300 millones de dólares (8.200 millones de euros) registrados en el mismo periodo del año pasado.
La cifra superó con holgura los alrededor de 35.700 millones de dólares (31.400 millones de euros) previstos por los analistas, mientras que el beneficio aumentó todavía más de forma espectacular.
El grupo con sede en Idaho registró un beneficio neto de 28.240 millones de dólares (24.900 millones de euros), equivalentes a 24,67 dólares por acción, frente a menos de 2.000 millones de dólares (1.700 millones de euros) un año antes. El beneficio ajustado, de 25,11 dólares por acción, dejó atrás con holgura los 20,49 dólares esperados.
La reacción del mercado a estos resultados fue inmediata.
Las acciones de Micron subieron más de un 15% en las operaciones fuera de horario hasta situarse en torno a los 1.213 dólares, lo que deja a la compañía con una valoración de aproximadamente 1,16 billones de dólares (1 billón de euros).
El título acumula ya una revalorización cercana al 700% en el último año, una de las más llamativas entre las grandes compañías durante el auge de la inteligencia artificial, reflejo de un cambio de fondo en la economía del despliegue de esta tecnología.
Los enormes centros de datos que están construyendo gigantes de la nube como Amazon, Microsoft, Google y Meta, que en conjunto han reservado cientos de miles de millones de dólares de inversión este año, dependen de cantidades ingentes de memoria de gran ancho de banda, un chip especializado que se sitúa junto a los procesadores fabricados por Nvidia y otros fabricantes.
Micron ha señalado que toda su producción de estos chips para 2026 ya está vendida mediante contratos a precio fijo.
Según el consejero delegado Sanjay Mehrotra, los resultados reflejan lo que él denomina el valor estratégico de la memoria en la era de la inteligencia artificial.
La compañía destacó una serie de acuerdos plurianuales con clientes que, espera, harán que sus beneficios sean más duraderos y previsibles, una afirmación relevante en un sector tradicionalmente marcado por brutales ciclos de auge y caída.
Márgenes a la altura de los gigantes tecnológicos
Lo que más ha sorprendido a los analistas es la rentabilidad de Micron.
La compañía informó de un margen bruto de alrededor del 85% en el trimestre, un nivel que rivaliza ya o incluso supera al de grandes nombres tecnológicos como Nvidia y Meta, una posición extraordinaria para un fabricante de memoria históricamente presionado por la volatilidad de los precios de los chips.
La escasez de oferta, con nuevas fábricas que no se espera que aporten una producción significativa hasta 2028, ha otorgado a los productores un poder de fijación de precios excepcional.
Las previsiones de Micron resultaron aún más llamativas.
La compañía espera ingresos de unos 50.000 millones de dólares (44.000 millones de euros) en el trimestre actual y un beneficio ajustado de alrededor de 31 dólares por acción, lo que apunta a que el auge se está acelerando en lugar de perder fuerza. Está aumentando la inversión para acompañar este ritmo, elevando el gasto de capital previsto hasta unos 27.000 millones de dólares (23.700 millones de euros) en este ejercicio y anticipando un nuevo incremento en 2027, según explicó la dirección a los analistas durante la presentación de resultados.
Los resultados aportan tranquilidad a los inversores que apuestan por que el gasto en infraestructuras de inteligencia artificial seguirá siendo sólido, con la cartera de pedidos de Micron actuando como termómetro en tiempo real de esa demanda.
La gran incógnita, como siempre en la industria de la memoria, es cuánto puede prolongarse esta fase alcista antes de que la oferta alcance a la demanda. Incluso los observadores más optimistas reconocen que ese riesgo no ha desaparecido por completo.