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¿El fin de la moda rápida? La UE confía en que así sea

Una mujer busca ropa usada entre toneladas desechadas en el desierto de Atacama, Chile
Una mujer busca ropa usada entre toneladas desechadas en el desierto de Atacama, Chile Derechos de autor AFP via Getty Images
Derechos de autor AFP via Getty Images
Por Saskia O'Donoghue
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Este artículo se publicó originalmente en inglés

Se considera a la industria de la moda como una de las más contaminantes del mundo, responsable de cerca del 20% de las aguas residuales del planeta. La UE se propone cambiar esta situación, pero ¿es posible realmente?

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¿Podría la moda rápida estar finalmente perdiendo fuelle? La Unión Europea cree que sí.

Mientras que muchos consumidores, espoleados por la "despierta" Generación Z, afirman que quieren ser más sostenibles a la hora de elegir la ropa, la UE está analizando en ayudar a que así sea.

Boohoo, Pretty Little Thing y ASOS, líderes del sector, han visto mermados sus beneficios en los últimos años, pero Zara y H&M han registrado enormes ganancias.

Y Shein -a pesar de las frecuentes reclamaciones de derechos de autor y las críticas a sus influencers- sigue atrayendo a miles de clientes, todos deseosos de ropa barata y de moda.

El mero hecho de que el gigante chino sea capaz de añadir diariamente a su sitio web la asombrosa cifra de 6.000 nuevas prendas sugiere que el concepto de moda rápida no va a ninguna parte.

Francisco Seco/The AP
Shopping remains a favourite pastime for many - but what's the cost?Francisco Seco/The AP

Sin embargo, la UE confía en que este perjudicial modelo de consumo de ropa sea pronto algo del pasado.

El mes pasado adoptaron recomendaciones, que incluyen políticas para que la ropa sea más resistente, que se pueda reparar y reciclar. También respaldaron una normativa que sugiere que la producción debe respetar los derechos humanos, sociales y de etiqueta, el bienestar animal y el medio ambiente a lo largo de toda la cadena de suministro.

"Los consumidores por sí solos no pueden reformar el sector textil mundial a través de sus hábitos de compra. Si dejamos que el mercado se autorregule, dejamos la puerta abierta a un modelo de moda rápida que explota a las personas y los recursos del planeta", explica la eurodiputada Delara Burkhardt, que añade: "La UE debe obligar legalmente a los fabricantes y a las grandes empresas de moda a operar de forma más sostenible".

Thierry Monasse/Getty
Delara Burkhardt es una de las eurodiputadas que respalda los planes de la UEThierry Monasse/Getty

El coste real de la moda rápida

Burkhardt y otros muchos eurodiputados llevan tiempo reclamando cambios en la industria de la moda rápida, criticando su actitud displicente hacia los seres humanos y el medio ambiente.

"Los desastres ocurridos en el pasado, como el derrumbe de la fábrica Rana Plaza en Bangladesh, los crecientes vertederos textiles en Ghana y Nepal, el agua contaminada y los microplásticos en nuestros océanos, demuestran lo que ocurre cuando no seguimos este principio", asegura. "Ya hemos esperado bastante: ¡es hora de cambiar!", exclama.

Aunque en principio la idea es transformadora, hay preocupación por todas partes sobre si la normativa sería capaz de ayudar a países fuera de Europa.

Lugares como el desierto de Atacama (Chile) y países africanos como Ghana y Kenia soportan actualmente la mayor parte de los residuos textiles del mundo.

El desierto de Atacama se ha ganado el indeseable título de "basurero del mundo" tras conocerse que este espacio alberga unas 741 hectáreas de ropa abandonada. Eso equivale a una superficie tan grande como Central Park.

AFP via Getty Images
Vista aérea de enormes pilas de ropa usada desechada en el desierto de AtacamaAFP via Getty Images

Muchas de las prendas presentes nunca se han usado y, debido a su baja calidad, son imposibles de revender.

Chile es el primer importador de ropa de segunda mano de Sudamérica, pero el enorme volumen de moda rápida que se produce hace que gran parte de ella se tire a la basura.

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La montaña de moda rápida no deseada no sólo es una molestia visualmente, sino que también es perjudicial para el medio ambiente y las personas que viven cerca.

Este es también el caso de países africanos como Ghana.

Este país importa 15 millones de prendas de segunda mano a la semana. Conocida localmente como "obroni wawu" -o "ropa de hombre blanco muerto"-, Ghana es el mayor importador mundial de prendas usadas.

La ropa donada a tiendas benéficas de países como Reino Unido, Estados Unidos y China se vende a exportadores e importadores que continúan la cadena vendiéndola en mercados como el de Kantamanto, en Accra.

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Wikimedia Commons
Kantamanto market in Accra has thousands of stalls offering clothing from low-end retailersWikimedia Commons

Kantamanto alberga miles de puestos, todos ellos con ropa de minoristas de gama baja como H&M, Primark y New Look. Muchas de las prendas llevan todavía etiquetas de tiendas catitativas.

Es imposible venderlo todo, debido a la magnitud de las piezas expuestas.

La Fundación Or, que financia proyectos de impacto social en África, calcula que alrededor del 40% de la ropa de Kantamanto sale como residuo.

Mientras que una parte es eliminada por los servicios de gestión de residuos, otras piezas se queman cerca del mercado, enviando al aire la contaminación de tejidos no naturales.

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Wikimedia Commons
La laguna de Korle está enormemente contaminada como resultado de la moda rápida descartadaWikimedia Commons

El resto se tira en vertederos informales. La comunidad de Old Fadama está a sólo tres kilómetros del mercado, pero ahora se utiliza como vertedero de residuos de ropa.

Unas 80.000 personas viven en la zona, pero no es un lugar agradable para vivir. Muchas casas están construidas sobre basura y los animales se ven obligados a pastar sobre enormes montones de desperdicios.

La laguna de Korle está cerca y desemboca en el océano. Las playas de todo el país están cubiertas de montones de ropa y textiles en desuso.

"La gente y el planeta son más importantes que las ganancias de la industria textil."
Delara Burkhardt
Eurodiputada

La UE espera pasar de un modelo lineal a otro circular, en el que cada prenda pueda reutilizarse, reciclarse o, como mínimo, hacerse biodegradable y compostable.

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Sin duda es un objetivo sensato en un momento en que muchos nos damos cuenta de lo crucial que es atajar el impacto negativo de la moda rápida en el planeta.

Los críticos, sin embargo, han dicho que simplemente no será suficiente para denunciar la tendencia perjudicial y la naturaleza tentadora de la ropa barata y de fácil acceso.

SOPA Images/Getty
Fardos de ropa de segunda mano en KeniaSOPA Images/Getty

¿Por qué es tan difícil abandonar el hábito de la moda rápida?

En plena recesión económica y con una inflación creciente, no es de extrañar que a muchas personas con presupuestos ajustados les cueste apartarse de las marcas que ofrecen ropa de moda y, sobre todo, muy barata.

Incluso si algunos de nosotros hemos podido escapar de las garras de la moda rápida, eligiendo opciones circulares, parece que las alternativas no son en realidad mucho mejores.

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"A menudo presentados como una opción ecológica, los servicios de alquiler de moda han demostrado ser menos sostenibles que tirar la ropa después de usarla, lo que aumenta la confusión de los consumidores sobre cómo ser más ecológicos", explican a Euronews Culture" analistas de consumo de Canvas8.

La fundación Ellen MacArthur calcula que el 30% de la ropa nueva que se fabrica cada año no llega a usarse nunca, y parece que el problema no es sólo la durabilidad, o la falta de ella.

SOPA Images/Getty
Un estante de ropa de segunda mano a la venta en KeniaSOPA Images/Getty

Un estudio francés de 2022 concluye que, aunque el 35% de la gente dice que tira su ropa porque está gastada, un 56% afirma que se debe a que las prendas no le sientan bien o simplemente se aburre de ellas.

Parece como si más del 50% de la ropa se desechara por razones distintas a la durabilidad, gran parte del problema reside en el consumidor y no sólo en las propias marcas de moda rápida.

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Cally Russell, consejera delegada y cofundadora de Unfolded, explica a Euronews Culture: "Tenemos una sobreproducción masiva impulsada por marcas que no saben qué fabricar para los consumidores y se limitan a perseguir las ventas; pueden hacerlo porque operan con unos niveles de beneficios muy elevados. Lamentablemente, las marcas que han creado este problema no van a ser las que lo solucionen".

¿Es posible frenar la industria de la moda rápida?

Hay quien opina que el énfasis de la UE en la reventa y el arreglo no parece tener sentido desde el punto de vista económico ni va a ser suficiente para cambiar la actitud de los consumidores.

Varias marcas de moda rápida ya están haciendo avances para que sus prendas duren más. El gigante de la distribución Zara ha empezado recientemente a ofrecer un servicio de arreglo, pero cuando el precio medio del 70% de todas las prendas de vestir compradas en Francia es de sólo 8,20 euros, es poco probable que mucha gente opte por pagar más que eso simplemente para que le cosan un botón o le vuelvan a hacer un dobladillo a un vestido.

Thomas Trutschel/Photothek/Getty
Zara ha comenzado recientemente a ofrecer un servicio de arregloThomas Trutschel/Photothek/Getty

Muchos han criticado el aspecto de reparación y reutilización de los planes de la UE, pero se han alabado más sus propuestas de responsabilidad ampliada del productor (RAP).

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En virtud de este sistema, los minoristas serán responsables económicamente de todas las fases del final de la vida útil de la ropa. Esto incluye la recogida, clasificación y reciclaje de las prendas.

Las propuestas de RPE se encuentran aún en fase de elaboración, y todavía no se han hecho públicos los detalles. Pero, a menos que las marcas tengan que pagar una tasa elevada, es poco probable que cambien su forma de producir o sus modelos de negocio.

"Lamentablemente, la legislación por sí sola no soluciona el problema de la moda rápida. La regulación es el punto de partida para el cambio, pero mientras exista demanda por parte de los consumidores, las empresas encontrarán formas de eludir la regulación", explica Cally Russell, y añade: "La verdadera forma de abordar el problema de la moda rápida es educar a los clientes y mostrarles que hay otras formas de relacionarse con la moda".

Alain Pitton/Alain Pitton/NurPhoto
Miembros de la organización Extinction Rebellion de Toulouse protestan en una tienda emergente de SHEIN, en 2022Alain Pitton/Alain Pitton/NurPhoto

¿Hasta qué punto hay esperanzas de acabar con la cultura de la moda rápida?

Es evidente que las actitudes están cambiando entre una parte cada vez mayor de los consumidores.

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Datos de eBay sugieren que la ropa de segunda mano representa el 22% de los armarios de los jóvenes de 18 a 34 años en el Reino Unido, y es probable que la cifra aumente.

Gran parte de ese grupo de edad está formado por la Generación Z, muchos de los cuales optan activamente por comprar ropa en tiendas de segunda mano y aplicaciones de intercambio de ropa.

Sin embargo, las compras en TikTok de prendas que cuestan centavos de marcas como Shein siguen siendo demasiado tentadoras para muchos. Para los usuarios crónicos de Internet, a menudo es importante que nunca se les vea con la misma ropa dos veces, sin importar las consecuencias.

Según los analistas de consumo de Canvas8, el 43% de los británicos se ha sentido culpable por comprar en tiendas como Zara y H&M, pero sólo el 17% tiene intención de gastar menos en moda rápida en los próximos cinco años.

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Detrás parece estar el precio, ya que el 72% de los encuestados afirman que eligen comprar moda rápida porque tiene "una buena relación calidad-precio".

En el mismo estudio, más de la mitad de los británicos admitieron saber muy poco sobre el impacto de la moda rápida, y muchos dijeron que agradecerían más información de fuentes oficiales.

Romy Arroyo Fernandez/Romy Arroyo Fernandez/NurPhoto
Activistas de XR protestan contra el Viernes Negro en Ámsterdam en 2021Romy Arroyo Fernandez/Romy Arroyo Fernandez/NurPhoto

Una de las críticas que se hacen a los planes de la UE es la falta de legislación sobre el salario digno.

De aplicarse, los minoristas ya no podrían vender ropa a precios mínimos, pues no podrían recurrir a mano de obra barata.

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Shein, en particular, ha sido criticada a menudo por ser especialmente culpable de esta práctica, con una serie de acusaciones en su contra sobre su política laboral.

JADE GAO/AFP via Getty Images
Trabajadores fabrican ropa en una fábrica de Shein, una empresa que ha sido acusada durante mucho tiempo de abuso laboralJADE GAO/AFP via Getty Images

El año pasado, la cadena de televisión británica Channel 4 envió a un trabajador de incógnito a dos fábricas de Shein en Guangzhou y descubrió que los trabajadores recibían un salario base de sólo 4.000 yuanes al mes -unos 503 euros- por jornadas de hasta 18 horas y debían producir 500 prendas al día con sólo un día libre al mes.

De este modo, muchos trabajadores, a menudo mujeres, se ven atrapados en la pobreza, presionados para producir más prendas con mayor rapidez para mantener el empleo que tan desesperadamente necesitan. Unos salarios más altos significarían menos sobreproducción masiva, así como una vida mejor para estos empleados.

Mike Kemp/Getty
Una tienda de Primark en Oxford Circus, LondresMike Kemp/Getty

Aunque las propuestas de la UE van en la buena dirección, está claro que no son suficientes para acabar definitivamente con la moda rápida.

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Lo ideal sería que los consumidores se distanciaran del sector y eligieran opciones más sensatas, pero la situación económica actual sigue siendo un verdadero reto para muchos.

El consejo de Cally Russell para los que tienen un presupuesto limitado: "Aléjense de perseguir el éxito rápido que proporciona la moda rápida y empiecen a comprar menos. Esto no significa gastar más, sino comprar prendas que ofrezcan más versatilidad y estén confeccionadas de un modo que sea mejor para el planeta".

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