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Un estudio revela que los humanos se mezclaron con 3 linajes denisovanos

Una cueva de Denisova en Siberia
Una cueva de Denisova en Siberia Derechos de autor  Wikimedia Commons
Derechos de autor Wikimedia Commons
Por Cagla Uren
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Una nueva investigación ha identificado en el ADN de los pueblos de Oceanía la huella genética denisovana más amplia hallada hasta la fecha y concluye que los humanos modernos no se mezclaron con un único grupo de denisovanos, sino con al menos tres poblaciones emparentadas.

Los científicos han analizado la composición genética de Papúa Nueva Guinea y de las comunidades insulares de su entorno, y han arrojado luz sobre uno de los capítulos más enigmáticos de la historia de la humanidad, la relación entre los denisovanos, una antigua especie humana, y Homo sapiens.

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Una nueva investigación revela el legado genético denisovano más amplio descubierto hasta ahora en el ADN de los pueblos de Oceanía y muestra que los humanos modernos no se cruzaron solo con una única comunidad denisovana, sino al menos con tres grupos humanos distintos similares a los denisovanos.

El estudio muestra que el legado genético de los primeros humanos que llegaron a las regiones más remotas del Pacífico hace unos 42.000 años se ha conservado en gran medida hasta hoy. Los investigadores sostienen que esto demuestra que la evolución humana y nuestras relaciones con especies humanas ya extinguidas son mucho más complejas de lo que se creía.

Un viaje que comienza hace 42.000 años

Los humanos modernos llegaron hace unos 42.000 años a la región conocida como Oceanía Próxima, que hoy abarca Papúa Nueva Guinea, las islas Bismarck y las islas Salomón.

Los descendientes de aquellos primeros pobladores permanecieron después en gran medida aislados durante miles de años. Los mares y el relieve montañoso separaron unas comunidades de otras. Con el tiempo surgieron muchas lenguas y culturas distintas.

Sin embargo, según los investigadores, este aislamiento no fue solo cultural, también tuvo una gran importancia genética. Estas comunidades lograron conservar en un grado extraordinario fragmentos de ADN procedentes de los parientes de los humanos modernos que ya se han extinguido.

Portan 2,5 veces más ADN antiguo que los europeos

En el estudio, publicado en la revista científica revisada por pares 'Science', los científicos secuenciaron el genoma de alta resolución de 177 personas pertenecientes a 12 comunidades distintas de la llamada Oceanía Próxima y los compararon con más de 1.000 genomas de diferentes regiones del mundo. Los resultados fueron llamativos.

La cantidad de ADN humano antiguo presente en los genomas de los pueblos de Oceanía era aproximadamente 2,5 veces superior a la de los europeos. La proporción de secuencias genéticas heredadas de los denisovanos era muy superior a la observada en las poblaciones de Asia oriental. Uno de los grupos analizados portaba cerca de 25 veces más legado genético denisovano que un individuo medio de Asia oriental.

Quiénes eran los denisovanos

Los denisovanos eran un grupo humano arcaico, estrechamente emparentado con el ser humano moderno y que compartía un origen común con los neandertales. Sin embargo, a diferencia de los neandertales, se sabe muy poco de ellos, ya que hasta ahora solo se han encontrado unos pocos fósiles de huesos y dientes.

Los primeros restos denisovanos se descubrieron en una cueva siberiana conocida como cueva Denisova. Aun así, los estudios genéticos indican que estos humanos no vivieron únicamente en Siberia, sino que se extendieron por zonas mucho más amplias de Asia.

Se cree que el ADN denisovano presente hoy en algunas poblaciones humanas puede influir en características como el sistema inmunitario, el metabolismo o la adaptación a determinadas condiciones ambientales.

No había un único grupo denisovano

Según 'ZME Science', uno de los hallazgos más llamativos de la investigación es que los antepasados de los pueblos de Oceanía no se encontraron con un solo grupo denisovano, sino con al menos tres comunidades diferentes similares a los denisovanos.

Esto apunta a que los denisovanos no formaban una especie humana única y homogénea, sino que podían estar compuestos por varias poblaciones emparentadas, repartidas por distintas regiones.

Los investigadores creen que los humanos modernos se cruzaron con estos grupos en momentos distintos y tuvieron descendencia con ellos, y que este legado genético ha llegado hasta la actualidad. No obstante, sigue sin saberse dónde y cómo se produjeron exactamente esos contactos.

Algunos genes denisovanos pudieron ofrecer ventajas

Los científicos señalan que no todo el ADN heredado de humanos arcaicos resultó útil. Buena parte de este material genético probablemente tenía efectos neutros. Algunos genes pudieron ser perjudiciales y fueron eliminados con el tiempo por la selección natural.

En cambio, ciertos genes denisovanos se han conservado hasta hoy en proporciones elevadas. Los investigadores consideran que esos genes pudieron aportar ventajas. Se ha detectado una expansión de variantes de origen denisovano en determinadas regiones del genoma relacionadas sobre todo con el sistema inmunitario, el metabolismo, la fertilidad y el desarrollo óseo.

Destaca un gen vinculado al desarrollo de la cara y los huesos

Uno de los genes que más llamaron la atención en el estudio fue una variante de origen denisovano situada cerca del gen TRPS1. Este gen desempeña un papel en el desarrollo de los huesos y en la formación de la estructura facial.

Los investigadores subrayan que esto no significa que los denisovanos hayan conferido a los humanos actuales un tipo de rostro o una apariencia física específicos. Consideran, no obstante, que algunas variaciones en esa región genética pudieron ofrecer ventajas en ciertos entornos. Esta variante se observa con especial frecuencia en las comunidades insulares de Oceanía y del sudeste asiático.

Los efectos sobre el sistema inmunitario son aún más claros

Los investigadores demostraron mediante experimentos de laboratorio que algunas variantes genéticas de origen denisovano pueden modificar directamente la actividad de los genes. Se identificaron en total 3.127 variantes antiguas de alta frecuencia que alteran el modo en que funcionan los genes.

Una parte importante de estas variantes está asociada a rutas biológicas relacionadas con el sistema inmunitario. Según los científicos, esto sugiere que algunos genes heredados de los denisovanos pudieron ayudar a los grupos humanos antiguos a hacer frente a nuevas enfermedades.

La historia de la humanidad se reescribe

La investigación no solo aporta nuevos datos sobre los denisovanos, también ofrece conclusiones relevantes sobre la historia evolutiva del ser humano moderno. Durante muchos años, los científicos pensaron que los humanos modernos se limitaron a sustituir a otras especies humanas mientras se expandían por el planeta. Sin embargo, los estudios genéticos de los últimos años han cambiado esa visión.

Los nuevos hallazgos muestran que Homo sapiens no eliminó por completo a las otras especies humanas con las que se cruzó en su camino, sino que entró en contacto con ellas, se apareó y compartió genes. Una parte del ADN que llevamos hoy procede de parientes nuestros que vivieron hace decenas de miles de años y que ya se han extinguido.

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