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De la Crucifixión al pop art: así ha pintado la humanidad los eclipses de Sol

Una mujer observa el último eclipse solar de España en 2015
Una mujer observa el último eclipse solar de España en 2015 Derechos de autor  AP Photo
Derechos de autor AP Photo
Por Cristian Caraballo
Publicado última actualización
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Desde el 'Disco de Nebra' hasta el pop art de Roy Lichtenstein, pasando por Rubens, Ribera y el estadounidense Howard Russell Butler, el eclipse solar ha sido representado en la pintura durante milenios, entre simbolismo religioso, curiosidad científica y fascinación estética.

El próximo 12 de agosto la Luna volverá a tapar el Sol sobre buena parte de España, y durante unos minutos habrá un eclipse solar total que será visible ese día. No será, ni de lejos, la primera vez que un eclipse deje boquiabierta a la humanidad.

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Y tampoco la primera que alguien intente atraparlo con un pincel. Durante siglos, pintores, iluminadores y grabadores han tratado de fijar sobre un lienzo, un fresco o una plancha de cobre algo que en la realidad apenas dura unos minutos.

Cuando el cielo se oscurecía y el mundo temblaba

Antes de que existiera la astronomía tal y como la entendemos hoy, un eclipse era, sencillamente, aterrador. 'El Disco de Nebra', una pieza de bronce de la Edad de Bronce hallada cerca de Halle, en Alemania, muestra ya al Sol, la Luna y las Pléyades juntos sobre un mismo objeto, aunque no representa un eclipse propiamente dicho: es, más bien, el precedente más remoto de esa obsesión por poner imagen a lo que ocurre en el cielo.

'Disco de Nebra' en el Museo Estatal de la Historia de Halle
'Disco de Nebra' en el Museo Estatal de la Historia de Halle Shonagon

El propio Heródoto dejó constancia de cómo un eclipse solar llegó a interrumpir una batalla entre medos y lidios en Asia Menor, un episodio que ambos bandos leyeron como una señal.

La Edad Media encontró en el eclipse un recurso narrativo perfecto para un episodio muy concreto: la muerte de Cristo. El pintor italiano Taddeo Gaddi representó, en un tríptico de 1330. que hoy se conserva en la Sociedad Histórica de Nueva York, una Luna aproximándose al Sol sobre la cruz. Un siglo más tarde un anónimo valenciano hacía lo propio en una tabla ('el cuadro se llama 'Crucifixión') que hoy cuelga en el Thyssen-Bornemisza, aunque con un sol de tono ocre que delata que su autor probablemente nunca había presenciado un eclipse total y no sabía bien cómo representarlo.

En él se puede ver el sol en un tono ocre. Anónimo. 'Crucifixión'.
En él se puede ver el sol en un tono ocre. Anónimo. 'Crucifixión'. Museo Thyssen-Bornemisza

El fenómeno también aparecía junto a otros prodigios: el Libro de los Milagros de Augsburgo, un manuscrito de mediados del siglo XVI, ilustra el eclipse total de 1483 acompañado de la plaga de langostas que asoló Italia ese mismo año.

El Barroco, entre la fe y la ciencia incipiente

Con el Barroco, la representación del eclipse gana en ambición técnica sin perder su carga simbólica. José de Ribera pintó en su 'Cristo crucificado' de 1643, hoy en el Museo de Bellas Artes de Vitoria, un disco lunar casi translúcido que deja intuir el perfil del Sol detrás, mientras que Rubens fue un paso más allá en su tríptico para la catedral de Amberes: en 'La elevación de la cruz' (1610-1611) plasmó el inicio de un eclipse solar con notable realismo, aunque tuvo que dibujar todo el contorno de la Luna para que el espectador pudiera reconocer ambos astros.

No todos los cuadros de eclipses de la época nacieron de la fe. Antoine Caron tituló su lienzo de 1570-1580, hoy en el Getty de Los Ángeles, 'Dionisio Areopagita convirtiendo a los filósofos paganos', aunque es más conocido como 'Astrónomos observando un eclipse solar: un globo celeste, una esfera armilar y un personaje haciendo cálculos geométricos', delata que lo que de verdad interesaba al pintor era el fenómeno astronómico.

'Dionisio Areopagita convierte a los filósofos paganos' - Antoine Caron
'Dionisio Areopagita convierte a los filósofos paganos' - Antoine Caron Getty Center

Ya en el siglo XVIII, Donato Creti pintó una serie de óleos sobre observaciones astronómicas por encargo del conde Marsili, que se los regaló al Papa Clemente XI para convencerlo de financiar un observatorio en Bolonia. Y funcionó ya que el observatorio se construyó poco después.

El Romanticismo y el gusto por lo sublime

El siglo XIX, con su fascinación por lo grandioso y lo inexplicable, produjo algunas de las escenas más pintorescas del género. Ippolito Caffi retrató el eclipse del 8 de julio de 1842 sobre Venecia ('Eclipse solar en Fondamenta Nove') desde una perspectiva aérea, y el pintor ruso Iván Aivazovski, más conocido por sus marinas, convirtió en una suerte de paisaje seminocturno el eclipse total que observó en 1851 desde Feodosia ('Eclipse solar en Feodosia').

'Eclipse solar en Fondamenta Nove' - Ippolito Caffi
'Eclipse solar en Fondamenta Nove' - Ippolito Caffi Wikimedia Commons - holapaco77

El fenómeno también sirvió para la sátira política: un almanaque francés de 1706 dibujaba a Luis XIV sentado en su trono ante el Sol, en alusión a su apodo de 'rey Sol', incluyendo en una esquina el eclipse del 12 de mayo de aquel año, que coincidió con una derrota militar francesa durante el sitio de Barcelona.

Cuando el pincel se puso al servicio de la ciencia

A finales del siglo XIX, antes de que la fotografía pudiera captar bien la corona solar, algunos artistas convirtieron sus pinturas en instrumentos de precisión. El francés Étienne Léopold Trouvelot, más conocido hoy por haber introducido accidentalmente la mariposa gitana en Estados Unidos, encontró su verdadera vocación en el dibujo astronómico y viajó junto a su hijo hasta Creston, en el Territorio de Wyoming, para observar el eclipse total del 29 de julio de 1878 ('Eclipse total de sol').

Aquella escena acabó convertida en cromolitografía dentro de una carpeta de 15 láminas publicada en 1882. Unas décadas después, el estadounidense Howard Russell Butler llevó esa vocación documental todavía más lejos.

Trouvelot - 'Eclipse total de sol'
Trouvelot - 'Eclipse total de sol' Wikimedia Commons

Antiguo estudiante de física reconvertido en retratista, desarrolló un método taquigráfico de anotación de formas y colores que le permitía trabajar con apenas dos minutos de totalidad. Con esas notas y algunas placas fotográficas de apoyo pintó el eclipse de 1918 en Oregón durante una expedición del Observatorio Naval de EE.UU., y repitió la hazaña con los eclipses de 1923 en California, 1925 en Connecticut y 1932 en Maine.

El tríptico resultante llegó a exhibirse durante años en el Planetario Hayden del Museo Americano de Historia Natural de Nueva York, y existen copias a media escala en Princeton, en el Instituto Franklin de Filadelfia y en el Museo de Ciencias de Buffalo.

Del expresionismo al pop art

El eclipse siguió inspirando ya en clave puramente artística durante el siglo XX. Paul Klee le dedicó una acuarela ('Eclipse solar' ('Sonnenfinsternis')), y Roy Lichtenstein, ya al final de su carrera, tradujo la velocidad con la que llega y pasa la totalidad de un eclipse mediante una superposición de círculos y curvas muy propia del pop art en su obra de 1975 'Eclipse of the Sun'.

Desde entonces, el fenómeno no ha dejado de aparecer en el mercado del arte contemporáneo, ya sea como estudio casi científico o como pura excusa cromática para jugar con el contraste entre luz y sombra.

El 12 de agosto, cuando la Luna vuelva a tapar el Sol sobre España, miles de personas sacarán el móvil para fotografiar el fenómeno. Durante buena parte de la historia, el único modo de conservarlo fue precisamente ese, un pincel, un puñado de minutos y la memoria de quien se atrevió a mirar hacia arriba.

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