Once años después de su inauguración, la exposición 'Florestas Submersas', de Takashi Amano, llega a su fin en el Oceanário de Lisboa. El cierre marca el final de un ciclo que deja atrás miles de horas de trabajo bajo el agua para preservar la visión del artista japonés.
El trabajo requiere la precisión de una regla y una escuadra. Con precisión y cuidado, un acuarista del Oceanário de Lisboa alisa la arena del tanque de la exposición 'Florestas Submersas'.
La tarea exige una inmersión prolongada. Alisar el fondo del acuario, eliminando cualquier rastro de alteración o presencia humana, es el último paso tras la poda de las plantas que lo componen. Cortes ligeros pero precisos recortan la vegetación de este espacio de 40 metros de largo, que alberga 160.000 litros de agua dulce. Fue diseñado por el artista japonés Takashi Amano hace más de una década.
Cada día, antes de la apertura al público, los acuaristas se sumergen para realizar labores de mantenimiento y limpieza. Desde su inauguración en 2015, la exposición ha acumulado unas 11.000 horas de buceo especializado. El objetivo es preservar la visión de su creador.
"Es casi impensable. Ningún otro acuario tiene tantas horas de trabajo en el agua y es extremadamente necesario, porque es un acuario de 40 metros, no podemos olvidarlo", explica a 'Euronews' Tiago Reis, coordinador de especies del Oceanário de Lisboa.
"Sigue siendo uno de los mayores acuarios naturales del mundo, y por eso tenemos que dividirlo en zonas. Trabajamos con turnos de buceo y contamos con tres o cuatro personas sumergidas cada día para mantenerlo exactamente como lo imaginó su creador, Takashi Amano".
Takashi Amano, fotógrafo paisajista y uno de los acuaristas más influyentes del mundo, falleció cuatro meses después de la inauguración de la exposición. Este espacio, considerado uno de los mayores "acuarios de la naturaleza" del mundo, concepto que él mismo desarrolló, recrea la estructura de un ecosistema en el que plantas y organismos interactúan y coexisten inspirándose en los procesos naturales.
Como fuente de inspiración, Amano dedicó su vida a viajar por bosques de distintos continentes, promoviendo la conciencia medioambiental y la preservación de los ecosistemas. Este acuario se considera una de las piezas más importantes de su legado.
El fin de una era
Concebida inicialmente para tres años, la exposición temporal ha superado con creces su duración prevista. "Esto ha ocurrido porque el acuario, con el paso del tiempo, siempre ha conseguido cumplir su objetivo, que era generar una conexión emocional en el público", explica Tiago Reis.
Después de 11 años y más de diez millones de visitantes, el ciclo de Takashi Amano en el Oceanário llega a su fin. "Creemos que prolongarlo más podría alterar la visión del propio autor. Con el tiempo, este acuario cambia, y sería irrespetuoso extenderlo indefinidamente", añade.
A partir del 30 de junio, la exposición dejará de estar abierta al público: el cierre de un ciclo, tal y como el propio Amano había previsto.
"Aceptamos este final, entre otras razones porque detrás de esta creación hay una filosofía japonesa, el 'wabi-sabi', que nos recuerda que nada es eterno. El propio Takashi Amano dijo que el acuario llegaría a su fin y debemos aceptarlo como parte natural de este ecosistema".
Se trata de una exposición viva que dará continuidad a las especies que alberga. Los animales serán transferidos a otras instituciones que cumplan los estándares de bienestar animal del Oceanário. "Tras el cierre, el acuario seguirá funcionando hasta que encontremos centros adecuados para acogerlos", explica Reis.
El espacio alberga unas 40 especies de peces tropicales de agua dulce, 46 especies de plantas acuáticas y más de 10.000 organismos vivos. Según el Oceanário de Lisboa, la instalación incluye 12 toneladas de arena, 25 toneladas de roca volcánica y 78 troncos de árbol.
Redescubrir los "bosques submarinos"
Aunque la emblemática exposición se acerca a su final, todavía puede visitarse. Quienes ya la conocen tienen la oportunidad de redescubrir la visión de Amano desde nuevas perspectivas.
Con cita previa, es posible acceder a visitas entre bastidores. Durante aproximadamente 60 minutos, acompañados por un educador marino, los visitantes pueden conocer el mantenimiento diario y los detalles técnicos de la instalación.
"Ofrecemos visitas guiadas en las que se pueden ver las herramientas que utilizamos, muchas de ellas también empleadas por los equipos japoneses en colaboración con el Oceanário. Es una forma de mostrar nuestro trabajo, porque en realidad ningún otro acuario en el mundo se ha atrevido a hacer algo así", explica Tiago Reis.
Además, en días concretos, el público puede observar en directo las labores de poda durante el horario de apertura.