Un estudio de investigadores de la Universidad de Gales del Sur muestra que el estrés psicológico agudo aumenta rápidamente los radicales libres y, al modificar la formación de coágulos, vuelve la sangre más propensa a la coagulación.
Una nueva investigación ha demostrado que el estrés no es solo una experiencia mental, puede modificar físicamente la composición de la sangre en cuestión de minutos.
El estudio dirigido por investigadores de la Universidad de South Wales mostró que el estrés psicológico agudo incrementa rápidamente la producción de radicales libres y que esto cambia la forma en que se forman los coágulos de sangre, haciendo que la sangre sea más propensa a coagular.
El estrés no solo afecta a la mente, también altera la sangre
Los científicos saben desde hace tiempo que el estrés crónico aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares.
En grandes estudios poblacionales, el estrés emocional aparece como uno de los principales factores de riesgo de las enfermedades cardiovasculares.
Sin embargo, hasta ahora no se habían descrito con precisión los mecanismos biológicos mediante los cuales una sensación psicológica aumenta en el cuerpo el riesgo de enfermedad cardiovascular.
Los investigadores plantean que en la base de los cambios que se producen en el sistema de coagulación de la sangre durante el estrés se encuentra un proceso conocido como "estrés oxidativo".
El estrés oxidativo se produce cuando aumenta rápidamente en las células la concentración de moléculas altamente reactivas conocidas como radicales libres.
Los participantes se sometieron a una prueba de estrés
Para poner a prueba esta hipótesis, los investigadores llevaron a cabo un ensayo aleatorizado controlado con diseño cruzado en ocho hombres sanos de entre 18 y 30 años.
Cada participante acudió al laboratorio en dos ocasiones, separadas por una semana.
En la primera visita solo se les pidió que descansaran.
En la segunda se les sometió al Test Social de Estrés de Trier, considerado el "estándar de oro" para provocar estrés agudo en estudios de psicología.
Primero se les asignó la tarea de preparar en cinco minutos un breve discurso.
A continuación se les retiraron las notas y se les pidió que hablaran delante de un jurado de expresión neutra y una cámara.
Justo después del discurso se les pidió que contaran hacia atrás desde el número 2003 en intervalos de 17, y cada vez que se equivocaban tenían que volver a empezar desde el principio.
Los investigadores tomaron muestras de sangre inmediatamente antes y después tanto de la sesión de descanso como de la prueba de estrés.
Los radicales libres se midieron mediante una técnica de alta sensibilidad llamada espectroscopia de resonancia paramagnética electrónica. Al mismo tiempo se analizó en detalle la estructura microscópica de los coágulos de sangre formados.
Los cambios biológicos comenzaron en cuestión de minutos
Durante el descanso no se observaron cambios significativos en la química de la sangre de los participantes.
En cambio, tras la prueba de estrés se produjeron simultáneamente dos cambios importantes.
En primer lugar, aumentó de forma marcada el radical libre de ascorbato, indicador de estrés oxidativo. Este hallazgo indica que el estrés psicológico acelera en cuestión de minutos la producción de radicales libres en el organismo.
En segundo lugar, la estructura de los coágulos de sangre formados cambió por completo, los coágulos se volvieron más grandes, más densos y con una red de fibras de fibrina, la proteína estructural, más compacta.
Los investigadores también obtuvieron indicios de que durante el estrés se activa la parte del sistema de coagulación conocida como "vía intrínseca".
La sangre no se espesa, cambia la estructura del coágulo
Uno de los hallazgos más llamativos del estudio fue que durante el estrés no se detectó ningún aumento en la densidad ni en la viscosidad de la sangre.
Este resultado sugiere que el efecto del estrés no consiste en espesar la sangre, sino en modificar la estructura y la arquitectura del coágulo.
Según los investigadores, incluso un estrés psicológico de corta duración puede desencadenar con gran rapidez cambios biológicos que facilitan la formación de coágulos.
Los resultados no significan un infarto
Los investigadores subrayan que estos resultados no significan que una presentación estresante o una jornada laboral intensa conduzcan directamente a un infarto o a un ictus.
El equipo, que insiste en que las enfermedades cardiovasculares se desarrollan como resultado de procesos mucho más complejos, señala que el estudio únicamente aporta nuevas pistas sobre cómo afecta el estrés al organismo.
Además, dado que la investigación se realizó solo en ocho hombres jóvenes sanos, los autores advierten de que se necesitan estudios más amplios antes de poder generalizar los resultados a mujeres, personas mayores o pacientes con enfermedad cardiovascular.
Los hallazgos pueden abrir la puerta a nuevos enfoques terapéuticos
Según los investigadores, los resultados obtenidos podrían contribuir en el futuro al desarrollo de nuevas estrategias de prevención de las enfermedades cardiovasculares.
En lugar de centrarse solo en reducir la dimensión psicológica del estrés, proponen que también se dirijan contra las vías bioquímicas que se activan durante estos episodios, lo que podría ofrecer un nuevo enfoque para proteger el sistema cardiovascular frente a los efectos físicos del estrés.