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El choque entre las políticas migratorias nacionales y la legislación europea

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Por  Ophélie Barbier & Océane Duboust & Euronews
Niños inmigrantes frente a una valla de alambre de espino y militares polacos, en un puesto de control en la frontera entre Bielorrusia y Polonia, el 17 de noviembre de 2021.
Niños inmigrantes frente a una valla de alambre de espino y militares polacos, en un puesto de control en la frontera entre Bielorrusia y Polonia, el 17 de noviembre de 2021.   -   Derechos de autor  Maxim Guchek/BelTA via AP

En los últimos años, algunos Gobiernos europeos han adoptado una línea cada vez más dura, en relación con las políticas de migración y asilo. Esto ha hecho que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos la haya rechazado en repetidas ocasiones.

La última nación que ha tenido que lidiar con el tribunal internacional, que tiene su sede en Estrasburgo, ha sido el Reino Unido, cuyos planes de trasladar a solicitantes de asilo a Ruanda, en virtud de un controvertido acuerdo de 140 millones de euros con el país centroafricano, fueron suspendidos, en el último instante, el 15 de junio de 2022.

El número de intentos de cruzar el canal de la Mancha en patera ha aumentado considerablemente, pasando de menos de 2 000 personas en 2019, a más de 28 000 personas en 2021, según datos del Gobierno británico.

Mientras tanto, casi 200 000 personas entraron de manera ilegal en el espacio Schengen el año pasado, según datos preliminares de Frontex, la Agencia Europea de la Guardia de Fronteras y Costas. Se trata de la cifra más alta desde 2017. Un dato que ha reavivado un acalorado debate en el bloque comunitario sobre el modo de afrontar esta afluencia migratoria.

El Reino Unido y Dinamarca quieren reubicar el asilo

Para reducir el número de inmigrantes que llegan a su territorio, el Reino Unido firmó en abril de 2022 un acuerdo con Ruanda. Estableció un pacto mediante el cual, el país centroafricano acogería a los solicitantes de asilo y a los migrantes que han llegado ilegalmente al Reino Unido, durante un máximo de cinco años, a cambio de 140 millones de euros.

El acuerdo ha sido muy criticado por la oposición y las oenegés que ayudan a los inmigrantes y solicitantes de asilo. El primer avión que iba a cubrir el vuelo entre Londres y Kigali, que inicialmente iba a transportar a 130 personas, quedó en tierra, a última hora; el Tribunal Europeo de Derechos Humanos dio la orden de suspender el viaje.

El ministro de Interior británico replicó, sin embargo, que el Reino Unido "no se dejará disuadir", y que “el equipo jurídico del Gobierno está revisando todas las decisiones tomadas y los preparativos para el próximo vuelo comienzan ahora”.

AP Photo/Frank Augstein
Manifestantes frente a la Corte Real de Justicia, en Londres, el viernes 10 de junio de 2022.AP Photo/Frank Augstein

Otro país europeo que pretende externalizar los procesos de asilo es Dinamarca, donde en junio de 2021 se aprobó una ley que permite el traslado de inmigrantes y solicitantes de asilo a terceros países; entre ellos Ruanda. Todavía no se ha realizado ningún vuelo.

La nación nórdica tiene una de las posturas de inmigración más duras de Europa. Según la OCDE, Dinamarca concedió asilo a unas 1 500 personas en 2019. Suecia, con el doble de población, acogió a más de 6 100 personas.

Mientras algunos Estados buscan reubicar a los exiliados fuera de sus territorios, otros países europeos tratan de bloquear a los inmigrantes, incluso antes de que lleguen a sus dominios.

Lo que dice el derecho internacional humanitario

La situación de los inmigrantes y solicitantes de asilo se rige por varios textos.

Tania Racho, doctora en derecho europeo y miembro de los grupos Les Surligneurs y Désinfox-Migrations, cita, en particular, a la Convención de Ginebra.

Adoptada en 1951, "define el estatuto de refugiado y prevé la no devolución de estas personas en la frontera, para examinar su solicitud, cuando su país de origen ya no puede protegerlas", explica Racho.

De hecho, el texto establece que un refugiado no puede ser expulsado o devuelto "si su vida está amenazada por razón de su religión, nacionalidad, pertenencia a un determinado grupo social u opinión política".

La Declaración Universal de Derechos Humanos también establece que "toda persona tiene derecho a circular libremente, y a elegir su residencia en el interior de las fronteras de un Estado", y que "toda persona tiene derecho a buscar asilo, y a disfrutar de él, en cualquier país".

Para Tania Racho, la gran mayoría de quienes llegan a la Unión Europea y al Reino Unido no son inmigrantes económicos, como se suele afirmar. Por el contrario, argumenta, estos "solicitantes de asilo, refugiados potenciales, huyen porque son perseguidos en su propio país. La lógica dictaría que un futuro refugiado se ha ido a la fuerza de su nación, no ha tenido tiempo de organizarse con documentos de identidad".

Así, subraya: "la llegada en situación regular es una realidad que se da en una mínima parte de los casos".

Szilard Koszticsak/MTI vía AP
Viktor Orbán y Andrej Babiš, junto a la valla fronteriza de seguridad temporal en Roszke, en la frontera entre Hungría y Serbia, el 22 de septiembre de 2021.Szilard Koszticsak/MTI vía AP

Políticas migratorias cada vez más estrictas

Hungría, que deportó a más de 2 800 solicitantes de asilo cerca de la frontera con Serbia, en 2021, ha sido condenada repetidamente por los tribunales europeos por sus políticas de asilo. El año pasado, el Tribunal de Justicia rechazó la llamada ley húngara "Stop Soros", que impide a los inmigrantes solicitar asilo si proceden de un país donde su vida no corre peligro.

La ley, que data de 2018, también tipifica como delito el apoyo a los solicitantes de asilo.

A pesar de estas advertencias, Viktor Orbán, como primer ministro, ha decidido desafiar a la Unión Europea. Al negarse a cumplir la sentencia del Tribunal Europeo, Hungría se enfrenta a multas muy elevadas.

Algunos países están aplicando otras estrategias

Este es el caso de Polonia, que en enero comenzó a construir una valla en su frontera con Bielorrusia, para bloquear a los inmigrantes. El ‘muro’ está equipado con cámaras y detectores de movimiento, que los guardias fronterizos utilizan para evitar el ‘tráfico ilegal de personas’.

Sin embargo, las estrategias de los Estados que tratan de contener los flujos migratorios, desde sus territorios, no siempre funcionan. Eslovenia, incluso, ha dado marcha atrás en su política migratoria, retirando la valla de alambre de espino de su frontera con Croacia. Para el Gobierno esloveno, la valla no cumplía su objetivo: disuadir a quienes cruzan la frontera.

Racho recuerda que "el exilio, en sí mismo, ya es traumático. Es decir, hay un trauma generado por la salida de la persona, al que se añade el trauma del exilio, porque es un viaje difícil. Una vez que las personas han llegado al final de este viaje, si vuelven a salir, se corre el riesgo de generar nuevos traumas".