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¿Puede la UE replicar el éxito de las startups de Estonia?

Título: Cumbre de la UE en Bélgica Image ID: 25352313840886 Artículo: Primer ministro estonio Kristen Michal llega a la cumbre en Bruselas el 18 de dic. de 2025.
Título: Cumbre de la UE en Bélgica ID imagen: 25352313840886 Artículo: El primer ministro estonio, Kristen Michal, llega a la cumbre en Bruselas el 18 de diciembre de 2025. Derechos de autor  AP Photo
Derechos de autor AP Photo
Por Evi Kiorri
Publicado Ultima actualización
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Estonia es uno de los países de la UE más favorables para los negocios, pero su éxito plantea en Bruselas una incómoda pregunta, si allí funciona tan bien, ¿por qué a la UE le cuesta tanto impulsar negocios sin fronteras?

En Tallin, crear una empresa puede llevar solo unos minutos. La inscripción, la fiscalidad y los contratos se gestionan por internet, a menudo sin tener que interactuar ni una sola vez con un funcionario. Para los emprendedores, el Estado está pensado para mantenerse en un discreto segundo plano.

Esta eficiencia ha convertido a Estonia, con una población de 1,3 millones, en uno de los países de la UE más favorables a los negocios. También plantea una cuestión incómoda para Bruselas, si un país pequeño puede facilitar tanto la actividad empresarial, ¿por qué la UE sigue sin lograr funcionar como un mercado único o poner en marcha su plan EU-INC?

Un pequeño ecosistema con un impacto considerable

El sector de las startups de Estonia rinde muy por encima de su tamaño. Más de 1.500 startups operan en el país, con un valor empresarial conjunto de unos 36.300 millones de euros en 2023. Es una de las cifras más altas de Europa Central y Oriental.

El impacto económico del sector va en aumento. En el primer trimestre de 2025, las startups generaron más de 400 millones de euros de facturación y pagaron 63 millones de euros en impuestos sobre el empleo.

Daban trabajo a casi 19.700 personas. Estonia figura habitualmente en los primeros puestos de los índices mundiales de startups e innovación pese a su reducida población. Para muchos fundadores, el atractivo reside en la rapidez y la previsibilidad, cualidades que a menudo escasean en otros lugares de la UE.

Un Estado digital pionero

La transformación digital de Estonia no se produjo de la noche a la mañana. Según Rainer Kattel, profesor del Institute for Innovation and Public Purpose del University College London, la trayectoria del país se empezó a definir mucho antes de la independencia.

"Si retrocedemos a 1990, no sorprende que Estonia se convirtiera en un país digital", explicó Kattel a 'Euronews'. Kattel señala una sólida base de investigación de la época soviética en tecnologías cibernéticas y digitales, combinada con la proximidad a Finlandia y Suecia durante el auge del GSM y de Nokia.

El liderazgo político también fue decisivo. A comienzos de la década de 1990, Estonia estaba dirigida por una generación de políticos jóvenes que entendían que competir en muchos sectores era poco realista.

"Buscaban algo que les permitiera ponerse al día rápidamente", afirmó Kattel. "Centrarse en las tecnologías digitales en lugar de en los coches o la industria pesada fue casi una vía de desarrollo natural".

Esa elección dio lugar a un Estado en el que casi todos los servicios públicos están disponibles en línea. El sistema se basa en una identidad digital nacional segura y en el principio 'once-only', según el cual las autoridades no piden la misma información más de una vez. La tecnología central es X-Road, una capa descentralizada de intercambio de datos que permite a las instituciones compartirlos de forma segura sin centralizarlos.

La e-Residency abre la puerta

La innovación estonia más visible a escala internacional es la e-Residency. Puesto en marcha en 2014, este programa permite a los no residentes obtener una identidad digital emitida por el Gobierno y gestionar en línea una empresa estonia en la UE.

Para 2023, los e-residents habían creado en torno a 4.600 empresas, aproximadamente una quinta parte de todos los nuevos negocios estonios de ese año. En torno al 38% de las startups fundadas en 2023 estaban vinculadas a e-residents. El programa genera en torno a 67,4 millones de euros al año en impuestos y tasas, unas 10 veces la inversión del Gobierno.

Los autónomos y fundadores de fuera de la UE pueden acceder al mercado único a través de Estonia sin tener que trasladarse físicamente, aprovechando la infraestructura digital.

El sistema de imposición sobre sociedades de Estonia está diseñado para favorecer el crecimiento empresarial. Las empresas no tributan por los beneficios reinvertidos, sino solo cuando se distribuyen dividendos. Este enfoque fomenta el crecimiento a largo plazo, especialmente en el caso de las startups.

Herramientas digitales como el portal e-Tax Board reducen la carga administrativa. Ello hace de Estonia un destino atractivo para los emprendedores internacionales sin necesidad de recurrir a una competencia fiscal agresiva.

Dos historias de éxito, no una sola

Pese al relato dominante, Kattel advierte contra la tentación de presentar el Gobierno digital de Estonia y su ecosistema de startups como una única historia. "Son dos historias de éxito muy distintas", señaló. Una tiene que ver con el Gobierno digital, la identidad, el acceso a los servicios públicos y privados y una infraestructura segura. "La otra gira en torno al entorno de startups, que casi no tiene nada que ver con la infraestructura gubernamental".

Sostiene que el auge de las startups estuvo impulsado sobre todo por éxitos tempranos del sector privado como Skype. La venta de Skype a comienzos de los años 2000 llevó capital, experiencia y redes globales a Estonia. A este grupo de emprendedores se le conoce a veces como la 'mafia de Skype'.

"Si se fija en las dos o tres primeras generaciones de startups estonias, casi todas remiten a Skype", indicó Kattel. "Ese éxito demostró que era posible y, en los negocios, el éxito llama al éxito".

Añade que los unicornios estonios no dependen de los sistemas de datos del Gobierno para sus operaciones centrales. "Ninguno utiliza datos de salud pública ni bases de datos estatales", señaló. "En términos de infraestructura, son ecosistemas casi totalmente separados".

¿Puede la UE replicar el modelo de Estonia?

El modelo estonio ha influido en las políticas de la UE. La Interoperable Europe Act, en vigor desde 2024, y el Marco Europeo de Interoperabilidad impulsan el intercambio de datos, la identidad digital y la interoperabilidad transfronteriza. X-Road es de código abierto y ya se utiliza a escala nacional en Finlandia e Islandia, y se está probando en proyectos piloto en Alemania. Replicar técnicamente el modelo de Estonia es posible, pero los factores políticos e institucionales complican el panorama.

Estonia se benefició de unos sistemas informáticos heredados muy limitados, un Estado centralizado y un alto nivel de confianza en el Gobierno. "En los pequeños países nórdicos y bálticos existe una mentalidad de 'nos encargamos'", señaló Kattel, que recuerda que la confianza en las instituciones estatales es mucho mayor que en muchos de los grandes miembros de la UE.

En sociedades más diversas, sostiene, los sistemas centralizados de identidad digital suscitan preocupaciones legítimas. "Por motivos muy fundados, muchos países de la UE son más reticentes a concentrar la identidad en un solo lugar y confiarla al Estado", afirmó, aludiendo a los riesgos para la privacidad y al temor a un uso político indebido.

Los límites de EU-INC

El éxito de Estonia pone también de relieve las limitaciones del mercado único de la UE. Pese a décadas de integración, las empresas se enfrentan todavía a 27 regímenes societarios distintos, servicios digitales fragmentados y sistemas de contratación pública nacionales.

"Todavía no se puede crear una empresa una vez y operar en todas partes, como en Estados Unidos", dijo Kattel. Incluso los servicios transfronterizos más básicos siguen desconectados. "Si es usted ciudadano italiano y va al médico en Bélgica, ese médico no tiene ni idea de quién es".

Para Kattel, la debilidad de la UE reside no solo en la regulación, sino también en la demanda. "Nos hemos centrado en suministrar normas", afirmó, "pero no hemos creado una demanda a escala europea de servicios, tecnologías o contratación pública".

Estonia demuestra lo que puede lograr un sistema digital coherente dentro de un solo país. La UE está aún muy lejos de funcionar como un espacio económico plenamente integrado. El principal desafío no es la falta de modelos, sino la necesidad de decisiones políticas que vayan más allá de la tecnología.

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