La guerra en Oriente Próximo, cuna de las grandes religiones bíblicas, golpea el corazón del Vaticano y lo arrastra a una crisis que ya divide a la Iglesia. La presión para que el Papa León se pronuncie es cada vez mayor.
"Las armas que poseemos siguen siendo la fe y el deseo de paz", fueron las últimas palabras pronunciadas en público por el padre Pierre al Rahi. El sacerdote maronita de San Jorge en Qlayaa, al sur del Líbano, una de las comunidades cristianas de la frontera con Israel por donde pasa la Línea Azul de la ONU, murió por un proyectil de artillería israelí mientras rescataba a otros heridos.
La presencia de un pastor cristiano, en una región cada vez más desgarrada por el conflicto, cuenta también la historia que trae consigo el país, la de una tierra que se ha convertido en lugar de encuentro de diferentes religiones.
En palabras de Juan Pablo II, el Líbano es "más que un país: es un mensaje". El país que el Papa León XIV eligió como destino de su primer viaje apostólico y desde donde el propio pontífice, cumpliendo los deseos del Papa Francisco, quiso lanzar su mensaje de paz en Oriente Próximo.
La Santa Sede, por tanto, y Prevost, el Papa estadounidense, se enfrentan a su primer gran desafío geopolítico: un ataque directo al corazón del mayor enclave cristiano de Oriente Medio por parte de Israel, aliado de EE.UU.
"Es enfermizo, es repugnante": la dura crítica del cardenal Blase Cupich
"Es enfermizo, es repugnante", son las palabras utilizadas por el cardenal Blase Cupich, quien días atrás, comentando un vídeo sobre el ataque a Irán, difundido por la Casa Blanca, dirigió una violenta crítica a la Administración Trump. Cupich no sólo es el arzobispo de Chicago, ciudad natal del Papa León, sino que es una de las figuras más autorizadas de la Iglesia en Estados Unidos.
El vídeo, que muestra ataques militares contra Irán alternados con fragmentos de películas de Hollywood, fue calificado por el arzobispo, ya crítico con la política exterior de Trump, como una forma vil de informar sobre el sufrimiento de los iraníes. Tratada por el Gobierno estadounidense, dice Cupich, "como un telón de fondo para nuestro entretenimiento, como si fuera un contenido más para hojear mientras esperamos en la cola del supermercado".
El asesinato de Al Rahi también vuelve a plantear el riesgo de que los cristianos abandonen Oriente Próximo. "A día de hoy no lo tememos", dijo Parolin, secretario de Estado del Vaticano, al margen de un acto interreligioso. "Es un discurso que la Santa Sede repite continuamente: el gran riesgo es que Tierra Santa y Oriente Medio se queden vacías de la presencia de cristianos. Lo que no tendría sentido porque los cristianos son parte integrante de esa realidad".
"El hecho de la guerra, de la desestabilización, de los conflictos, del odio creciente, no favorece la presencia de los cristianos. Es una razón para insistir continuamente en que se encuentren vías pacíficas de solución", dijo Parolin. Mientras tanto, en estas mismas horas,el ministro libanés de Asuntos Exteriores, Youssef Raji, ha pedido la mediación del Vaticano para que se garantice la seguridad de las comunidades cristianas en Líbano.
"El Vaticano no puede retirarse de la crisis"
El vaticanista Schiavazzi señala la diferencia entre Turquía, Italia y el Vaticano. "En los dos primeros casos", señala, "los líderes de los dos países han dicho claramente, que no tienen intención de convertirse en una parte activa del conflicto, no es lo mismo para la Iglesia".
"Para el Vaticano, voluntaria o involuntariamente, hoy es difícil permanecer al margen: la Santa Sede es uno de los actores de esta crisis y no puede echarse atrás", explicaSchiavazzi.
"Como ha recordado también el cardenal Matteo Zuppi**,** ya hay una primera víctima: el párroco libanés tiroteado mientras intentaba socorrer a un herido, ya es definido como mártir". Según el vaticanista, la alta concentración de cristianos en la región es uno de los aspectos que hacen imposible que el Vaticano ignore lo que está ocurriendo.
"En la misma zona hay también más de 600.000 desplazados", explica Schiavazzi, "la Iglesia nació aquí, evangélicamente el Líbano fue visitado por Jesús. El Papa León señaló este lugar como una prioridad de su pontificado, hasta el punto de que dedicó a esta región su primer viaje, cuyo sentido ahora parece haberse frustrado".
"Aquí se encuentra el mayor enclave cristiano de Oriente Próximo", prosigue el experto, "en un país en el que la Constitución sigue previendo que el jefe del Estado sea un católico maronita, aunque los cristianos ya no sean mayoría".
Los atentados, explica Schiavazzi, "no hacen más que aumentar exponencialmente ese éxodo que podría entonces cambiar definitivamente el equilibrio de poder en la zona". Según Schiavazzi, "esta guerra está poniendo de manifiesto un fenómeno que por ahora pasa casi desapercibido, porque la atención se centra en el balance diario del conflicto".
La guerra como cruzada, soldando dos fundamentalismos
Se está creando una "soldadura" entre dos fundamentalismos: por un lado el de la derecha religiosa israelí que apoya al Gobierno de Benjamín Netanyahu, y por otro el de los evangélicos estadounidenses, "un componente influyente sobre todo en los estados del sur y en el núcleo duro electoral de Donald Trump".
"Ambos", observa Schiavazzi, "señalan hoy a Irán como el mal absoluto, alimentando una lectura casi religiosa del conflicto. Esto confiere a la guerra un carácter de cruzada", afirma. En este contexto, argumenta el vaticanista, surge también un enfrentamiento entre dos visiones del cristianismo. Por un lado la evangélica, aliada con el judaísmo religioso más radical, por otro la católica.
"Los evangélicos pretenden convertirse en la referencia cristiana en los lugares santos", explica, "con el riesgo de marginar la presencia católica en Tierra Santa. El Papa, en cambio, ha indicado una dirección opuesta. En el Ángelus del domingo, recordó que no es tiempo de contrastes entre un templo y otro, entre nosotros y los demás: a Dios le interesan los que buscan la paz".
El resultado, concluye Schiavazzi, es una doble presión sobre la presencia cristiana en la región: en Líbano el riesgo es la progresiva desaparición de cristianos, en su mayoría maronitas, mientras que en Israel y en los santos lugares se avecina un intento de sustituir la presencia católica por una evangélica.
¿Hasta cuándo evitará León la confrontación directa con Trump?
Para el Papa León, la estrategia hasta ahora ha sido evitar una confrontación directa con la Administración Trump, manteniendo un perfil más alto y dejando que las conferencias episcopales se expongan. "El Papa prefiere mantenerse un paso por encima del choque político", explica Schiavazzi, señalando que en esta etapa son principalmente los obispos estadounidenses los que critican abiertamente a la Casa Blanca.
En Estados Unidos, de hecho, el enfrentamiento con la Administración Trump ya se ha calentado. Los cardenales Robert McElroy en Washington, Joseph Tobin en Newark y Cupich en Chicago han firmado un documento conjunto en el que acusan a la Administración de cuestionar el "papel moral" de Estados Unidos en el mundo.
Según Schiavazzi, el Papa ha dejado hasta ahora que sea la Iglesia americana la que tome la posición. "Es una elección precisa: hacer avanzar a las conferencias episcopales y preservar la figura del Papa como símbolo de unidad", señala. "Sin embargo", añade, "el espacio para esta estrategia se reduce progresivamente".
La razón es doble, según el experto. Por un lado, existe una creciente presión internacional para que el pontífice intervenga directamente. Por otro, en Estados Unidos se refuerza el peso político y cultural del mundo evangélico, muy cercano a Trump y cada vez más influyente en el debate religioso y político.
La presión para que el Papa León se pronuncie es cada vez mayor
En este marco, el Papa estadounidense se encuentra en una posición especialmente delicada. "Trump nunca ha tenido problemas en atacar a líderes extranjeros o incluso al Papa cuando era Francisco", recuerda Schiavazzi, "pero polemizar con un Papa estadounidense sería mucho más complicado también a nivel de política interna".
La diferencia con el pontificado del Papa Francisco parece obvia. Bergoglio, observa el vaticanista, adoptó una línea "asimétrica" y más neutral en la guerra de Ucrania y mucho más explícito en sus críticas a la guerra de Gaza. León, en cambio, parece moverse en la dirección opuesta. "Parece más franco en Ucrania y mucho más cauto en Oriente Próximo", explica Schiavazzi.
Sin embargo, queda una pregunta abierta: ¿cuánto tiempo podrá el Papa mantener esta cautela? "Cada día que pasa, el terreno se estrecha", concluye el vaticanista. "La Iglesia está directamente implicada en esta crisis y la presión para que el Papa hable es cada vez mayor".