Un hackatón suele ser el lugar donde nacen empresas emergentes. En Valga-Valka, ciudad hermanada entre Estonia y Letonia, el formato se utiliza para algo distinto: construir una comunidad más fuerte.
Valga, en Estonia, y Valka, en Letonia, estuvieron separadas por una frontera durante un siglo. En la actualidad, unas veinte mil personas viven a ambos lados. El paso fronterizo físico desapareció en 2007, cuando ambos países se unieron al espacio Schengen. Lo que no desaparecieron fueron los hábitos de separación: diferentes escuelas, diferentes idiomas y diferentes rutinas diarias. La mayoría de los residentes, incluidos los jóvenes, rara vez cruzan al otro lado excepto para ir de compras.
Ese es el problema para el que se diseñó "Hack the Border". Pero la elección de la herramienta —un hackatón— puede parecer inusual para un proyecto de construcción de comunidad.
¿Qué es un hackatón?
La palabra proviene del mundo tecnológico. Un hackatón es un evento intensivo y limitado en el tiempo —normalmente de un fin de semana— en el que los participantes forman equipos para identificar un problema y trabajar juntos en el desarrollo de una solución o prototipo antes de presentarlo a un jurado.
Los hackatones han sido, tradicionalmente, territorio de desarrolladores y emprendedores: una forma de probar ideas de negocio con rapidez, crear redes y atraer inversiones. En la última década, el formato se ha extendido mucho más allá de Silicon Valley y ha encontrado usos en sanidad, educación, política pública y diseño cívico.
Garage48: de las empresas emergentes a las comunidades
La organización que se encuentra detrás de Hack the Border es Garage48, uno de los organizadores de hackatones con más experiencia a escala mundial. Con sede en Tallin, Garage48 ha desarrollado eventos de innovación en los países bálticos, Europa y más allá, colaborando con socios tanto del sector público como privado.
Su modelo está bien probado: reunir a un grupo diverso de personas, plantearles un reto común y crear las condiciones para que surjan soluciones útiles. El formato ha producido de forma constante prototipos, asociaciones y, en ocasiones, empresas reales. Aplicarlo a un reto social en una ciudad fronteriza fue una decisión deliberada para alejarse de la norma.
Laura Gredzens, responsable del proyecto en Garage48, explica tanto las diferencias como los puntos en común. "Normalmente organizamos hackatones para empresas emergentes y para obtener resultados empresariales, pero aquí se trata más bien de un proyecto social: un hackatón como plataforma comunitaria. Reunimos a distintos tipos de personas, las organizamos en equipos e intentan encontrar soluciones para distintos tipos de retos", explica.
Según ella, los mecanismos básicos son transferibles: "Un hackatón es como una red: la gente se reúne y forja amistades duraderas, incluso posibles socios comerciales. Cuando los estonios y los letones llegaron al hackatón, eran como cubitos de hielo. Sin embargo, al final, el hielo se había derretido. Todos se habían hecho amigos".
Reunir a los jóvenes en un mismo espacio
El problema concreto de Valga-Valka no era la falta de buena voluntad, sino la falta de contacto. Los jóvenes de ambos lados de la frontera nunca habían tenido un motivo estructurado para reunirse. Thomas Danquah, formador en salud mental y uno de los mentores del proyecto, vio claramente el impacto de esa ausencia.
"Valga-Valka es una ciudad hermanada: dos países, una ciudad. No obstante, descubrimos que los jóvenes de ambos lados no se integraban realmente. No hablaban entre ellos. Así que la idea de Hack the Border es conseguir que los jóvenes trabajen juntos y creen algo que sea beneficioso para la propia ciudad".
El hackatón les dio ese motivo. Se formaron equipos mixtos de estonios y letones y se les pidió pensar cómo mejorar la vida en su ciudad compartida. Los resultados fueron reveladores.
"Conseguimos que empezaran a pensar en cosas que podían hacer para mejorar la vida de los jóvenes", recuerda Danquah. "Muchas de las ideas se centraban en mejorar los eventos sociales, más espacios comunes para pasar el rato. Cuando vieron que los estonios tenían las mismas ideas que los letones, pensaron: 'Bueno, podríamos juntarlos'. Y ahí es donde surgió parte de la magia".
De un breve hackatón a un cambio duradero
El hackatón en sí —un evento de dos días y medio celebrado en Kääriku en octubre de 2025— fue sólo el comienzo. El proyecto, financiado por el programa Interreg VI-A Estonia-Letonia de la Unión Europea con un presupuesto de 83.775€, se prolonga hasta agosto de 2026. Tras el hackatón llegaron talleres, sesiones de mentoría y visitas de estudio a ambos lados de la frontera, reforzando los vínculos creados durante esos primeros días intensos.
Algunos resultados ya son visibles. Un equipo desarrolló la idea de "Together We Sound", un festival de música para jóvenes que se celebra en la Base de Cohetes R-12, una antigua instalación de misiles nucleares soviéticos cerca de Valga, convertida ahora en un centro cultural. El evento fue concebido, planificado y organizado por los propios estudiantes.
El formato del hackatón, en realidad, depende de las condiciones que crea: un plazo limitado, un objetivo común y una motivación real para colaborar. En Valga-Valka, esa combinación puede haber resultado más eficaz que dos décadas sin fronteras físicas.