Visitar fábricas y empresas es tendencia. El extrarradio de nuestras ciudades cobra protagonismo gracias al turismo industrial. El turismo industrial busca revitalizar la oferta turística de las regiones. ¿Pero en qué consiste?
El turismo industrial se aleja de los centros urbanos y propone una oferta todo el año. Según Elisabetta Schena, gestora de proyectos de turismo industrial en la región de Auvernia-Ródano-Alpes y coordinadora de IndusTour, “no hay una definición de turismo industrial, aunque sí hay puntos comunes” entre las regiones que desarrollan este proyecto a nivel europeo. El primer punto en común es que se visitan empresas en activo o abandonadas y también actividades artesanales, para dar a conocer las competencias de una región, su legado histórico industrial y su impacto en el pasado, el presente y el futuro. Pero la receta no es nueva, recuerda Schena, data de los años setenta.
Tomando como ejemplo Dolní Víktovice, Elisabetta Schena comenta que “para sedes industriales como ésta, es necesario crear a su alrededor infraestructuras, hoteles y todo lo que pueda contribuir al confort del visitante. De ahí la importancia de movilizar en nuestro proyecto a los responsables públicos, que tienen la capacidad de influir en las políticas de las regiones, los territorios y las comunidades locales para avanzar en este sentido.” Esto añade, es “una de las particularidades de este proyecto”.
En un momento en el que Europa se aviva el debate sobre los efectos de la globalización y la reindustrialización de forma sostenible, el turismo industrial afirma Elisabetta Schena, puede responder a la demanda de los visitantes en busca de experiencias auténticas y atípicas. “Lo que es importante hoy para los turistas es vivir algo único. Eso hará que vuelvan. Buscan sentido, autenticidad, algo que no encuentran en otros lugares. Y el turismo industrial permite responder perfectamente a esta demanda, ya que se visitan lugares atípicos y a veces el visitante se pone manos a la obra”.
El objetivo de este proyecto es valorizar el patrimonio industrial, “esta arqueología industrial y transformarla en producto turístico”, concluye.