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Irlanda, como mediador honesto, afronta el alto coste de los negocios sucios

El primer ministro irlandés Micheál Martin.
El primer ministro irlandés Micheál Martin. Derechos de autor  Omar Havana/Copyright 2025 The AP. All rights reserved
Derechos de autor Omar Havana/Copyright 2025 The AP. All rights reserved
Por Jorge Liboreiro
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Irlanda afronta las consecuencias por la continuidad de sus ventas de alúmina a Rusia. El escándalo ensombrece el inicio de la presidencia del país en la UE y plantea incómodas preguntas que Dublín aún no ha respondido.

La presidencia irlandesa del Consejo de la UE, la octava de su historia, estaba llamada a ser un momento de orgullo para mostrar los beneficios que la pertenencia al bloque ha aportado a la república del trébol y las habilidades diplomáticas que ha adquirido gracias a ello.

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"Asumir la presidencia es un honor y una responsabilidad, y estamos preparados para entregarnos por completo", afirmó el Taoiseach Micheál Martin en la ceremonia de apertura en el Castillo de Dublín.

Pero esta ocasión especial ha quedado en gran medida eclipsada por un escándalo explosivo en torno a las ventas de alúmina de Irlanda a Rusia, una imagen incómoda, quizá insostenible, para un país que ha situado el apoyo a Ucrania en la cúspide de sus prioridades y que se supone que debe actuar como "mediador honesto" entre los otros 26 Estados miembros.

Para Irlanda, un país cuyos debates suelen girar en torno a las grandes tecnológicas y la baja fiscalidad, la percepción de que actúa como facilitador indirecto del mayor conflicto armado en suelo europeo desde la Segunda Guerra Mundial se está convirtiendo en una devastadora crisis de imagen.

La polémica se ha ido alimentando desde finales de marzo, cuando un grupo mediático destapó los lucrativos vínculos entre Aughinish Alumina, una extensa refinería en el oeste de Irlanda, y el complejo militar-industrial ruso, y se disparó esta semana, coincidiendo con el inicio, con gran despliegue, de la presidencia rotatoria irlandesa.

Martin permaneció impasible mientras el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, invitado de honor en la ceremonia de apertura del miércoles, reprendía públicamente a Dublín por permitir exportaciones de alúmina al agresor de su país.

La alúmina es un polvo blanco utilizado para fabricar aluminio, un metal ligero que se encuentra habitualmente en armamento desplegado en el campo de batalla en Ucrania.

"Cada tonelada de materias primas que acaba en Rusia se utiliza contra nosotros en esta guerra. Esto es lo que entendemos. Así lo vemos", afirmó Zelenski.

Micheál Martin y Volodymyr Zelenskyy en Dublín.
Micheál Martin y Volodymyr Zelenskyy en Dublín. Irish Presidency of the EU Council.

Martin intentó rebajar la tensión y aseguró que había mantenido "una buena conversación" con el dirigente ucraniano sobre el asunto, además de prometer que compartiría las conclusiones de una investigación con la Comisión Europea. La investigación está a punto de concluir, señaló.

"No queremos encontrarnos en la situación de que material procedente de una planta en Irlanda sirva para apoyar la maquinaria bélica rusa", dijo Martin.

Zelenski instó a Martin a no demorar el asunto.

"Confiamos mucho en que el resultado de esta investigación sea positivo para nosotros y esperamos no tener que esperar meses", declaró Zelenski.

Al día siguiente, el jueves, Martin se enfrentó a nuevas preguntas sobre el escándalo de la alúmina por parte de periodistas radicados en Bruselas que habían sido invitados a cubrir los actos de arranque de la presidencia ('Euronews' formaba parte de este grupo de prensa).

Ya el viernes, el siempre mesurado Taoiseach se vio de nuevo obligado a abordar la cuestión tras recibir en su ciudad natal, Cork, a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen.

"La alúmina no ha figurado hasta ahora en ninguna lista de sanciones", repitió Martin, insistiendo en el argumento que tanto su Gobierno como Aughinish han utilizado para tratar de frenar la reacción en contra.

Von der Leyen, cuyo Ejecutivo ha señalado una larga lista de materiales y componentes que contribuyen a la producción bélica de Moscú, fue escueta en su valoración.

"Corresponde a Irlanda dirigir esta investigación y fijar el calendario", dijo.

Un dolor de cabeza mayúsculo

Conviene recordar que Irlanda no es el primer país de la UE, ni probablemente será el último, acusado de forma embarazosa de apuntalar la economía de guerra de Moscú.

Hungría y Eslovaquia llevan tiempo siendo objeto de críticas por su dependencia continuada del crudo ruso y del gas por gasoducto. España y Francia han sido reprendidas por importar grandes cantidades de GNL ruso. Grecia y Malta han levantado ampollas al bloquear una prohibición total de los servicios marítimos para los petroleros rusos. Y Austria ha estado bajo escrutinio por las operaciones de Raiffeisen Bank International en Rusia.

Este es solo un ejemplo de los incómodos restos que han quedado después de que la UE aprobara el mayor régimen de sanciones de su historia contra un país que, hasta que decidió lanzar la invasión a gran escala de Ucrania, fue uno de los principales socios comerciales del bloque.

Se juegan millones, y en ocasiones miles de millones, cuando se rompen de la noche a la mañana los lazos comerciales.

Esto explica que ni Martin ni ninguno de sus ministros hayan ofrecido un compromiso inequívoco de aceptar sanciones sobre la alúmina, si es que llegan a plantearse. (Con cierta ironía, una de las tareas más urgentes de la presidencia irlandesa es lograr un acuerdo sobre el vigésimo primer paquete de sanciones contra Rusia.)

"Irlanda nunca hará una selección a la carta cuando se trate de sanciones, nunca escogerá los criterios. Los criterios son claros. Los criterios deben aplicarse. Eso es importante", afirmó el viceprimer ministro Simon Harris.

"Pero es importante que establezcamos los hechos".

Teniendo en cuenta que Aughinish destina aproximadamente la mitad de sus exportaciones de alúmina a Rusia, las sanciones podrían tener consecuencias devastadoras para la compañía, la mayor refinería de alúmina de Europa. El Gobierno irlandés ha expresado en repetidas ocasiones su preocupación por el impacto en el empleo directo e indirecto, en el medio ambiente y en la cadena de suministro estratégica de Europa.

Aughinish ha presionado a Dublín para evitar las sanciones e incluso ha llegado a plantear la posibilidad de una nacionalización si se introduce una prohibición de exportar alúmina, la principal petición de Kiev.

Aunque Martin y Harris han rechazado la opción de una intervención estatal, también han insistido en que las posibles repercusiones se analicen cuidadosamente.

En otro giro incómodo, las autoridades suecas concluyeron recientemente que Rusal, la empresa matriz de Aughinish, sigue bajo el control efectivo de Oleg Deripaska, un oligarca ruso con estrechos vínculos con el Kremlin que está sometido a sanciones de la UE.

Zelenski se aferró a este dato para acentuar su disgusto.

"Por desgracia, hay empresas en Europa que pertenecen o están efectivamente controladas por Rusia y sus oligarcas sancionados. Siguen suministrando al agresor materiales esenciales. Incluso ahora", dijo Zelenski en la ceremonia de apertura.

Está por ver cómo logrará Dublín salir del escándalo de la alúmina, que, como han demostrado estos últimos días, no da señales de remitir a corto plazo.

Las conclusiones de la investigación, una vez publicadas, abrirán un nuevo capítulo en esta saga y acarrearán para el Gobierno castigo o expiación. Para algunos, el daño ya está hecho. Para otros, aún puede quedar enterrado bajo la alfombra.

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