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Sánchez llega solo a la cumbre de la OTAN, entre la hostilidad de Trump y el recelo de sus socios

Pedro Sánchez desciende del avión a su llegada a Ankara para la cumbre de la OTAN.
Pedro Sánchez desciende del avión a su llegada a Ankara para la cumbre de la OTAN. Derechos de autor  AP Photo
Derechos de autor AP Photo
Por Cristian Caraballo
Publicado última actualización
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Pedro Sánchez viaja a Ankara sin Begoña Gómez, a quien el juez ha impedido acudir, para una cumbre marcada por la presión de Trump sobre el gasto militar y las dudas europeas sobre el papel de España en la Alianza.

Pedro Sánchez ha aterrizado este martes en Ankara para participar en la cumbre anual de la OTAN en uno de los momentos más delicados de su mandato. Llega sin la compañía de su mujer, Begoña Gómez, a quien el juez sustituto de Juan Carlos Peinado no ha autorizado a viajar por tener retirado el pasaporte, y en plena tensión con Donald Trump por el gasto en Defensa y el uso de las bases militares españolas.

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El magistrado consideró que la invitación a Gómez respondía únicamente a "razones de cortesía institucional" y que no tiene ninguna intervención activa en la cumbre, por lo que denegó su desplazamiento a Ankara, aunque sí le permitió viajar a Londres para la graduación de una de sus hijas. Gómez llevaba dos años sin acudir a la cita anual de la Alianza: no estuvo ni en La Haya en 2025 ni en Washington en 2024.

Los números que España lleva a la mesa

El Gobierno afronta la cumbre con un argumento basado en cifras más que en declaraciones. Según fuentes gubernamentales, España ha alcanzado ya el objetivo del 2% del PIB en gasto de Defensa y ha cumplido los objetivos de capacidades fijados para 2025, situándose en séptima posición de 32 aliados en el grado de cumplimiento evaluado por el Comité de Política y Planificación de la Defensa de la OTAN. El país ocupa además el tercer puesto en efectivos desplegados sobre el terreno, el segundo en aportación de capacidades navales y el cuarto en capacidades aéreas.

El presupuesto militar español ha crecido hasta los 35.419 millones de euros, el sexto mayor incremento de la Alianza en los últimos ocho años, con un 44% destinado a tecnología de vanguardia. Los únicos aliados que no llegan al 2% son República Checa, Albania y Eslovenia.

El punto de fricción sigue siendo otro: en la cumbre de La Haya del año pasado, España fue el único país que rechazó comprometerse a elevar el gasto militar hasta el 5% del PIB en 2035. El Gobierno calcula que ese compromiso supondría un gasto adicional de 780.000 millones de euros hasta esa fecha, y sostiene que el debate sobre el porcentaje eclipsa las capacidades reales que cada aliado aporta.

Lo que se va a encontrar en Ankara

La negativa española al 5% no ha sido olvidada. Trump acusó entonces a Sánchez de aprovecharse del esfuerzo del resto de socios y llegó a amenazar con aranceles específicos contra España; ahora suma un nuevo reproche, la negativa del Ejecutivo a autorizar el uso de las bases de Rota y Morón para operaciones vinculadas a la guerra de Irán. La ministra de Defensa, Margarita Robles, ha insistido en que España no cederá esas instalaciones para misiones que no estén amparadas por el derecho internacional.

A la tensión con Washington se suma el distanciamiento con Europa. El mes pasado, el canciller alemán convocó en Berlín una reunión restringida para coordinar posiciones antes de la cumbre, a la que asistieron Francia, Reino Unido, Italia, Polonia y el propio secretario general de la OTAN, Mark Rutte. España no fue invitada, un gesto que varios analistas interpretan como una señal de la pérdida de peso español en los foros donde se está definiendo la futura arquitectura de seguridad europea.

La cumbre de Ankara llega, además, en un contexto marcado por la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán y por el deterioro de las relaciones transatlánticas, con Washington insistiendo en que Europa asuma una parte mayor de su propia defensa. Rutte quiere que el encuentro sirva para traducir los compromisos políticos de los últimos meses en un aumento real de capacidades militares, mayor producción industrial y un apoyo sostenido a Ucrania, un mensaje de cohesión que, para Sánchez, llega en un momento especialmente incómodo.

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