El calor extremo, el viento y la baja humedad crearon las condiciones para un incendio de comportamiento extremo. Así explica la ciencia cómo esta combinación favoreció la rápida propagación del fuego en Almería.
El incendio forestal que ha dejado al menos 11 muertos y 19 desaparecidos en Los Gallardos (Almería) se declaró bajo unas condiciones meteorológicas especialmente adversas. Las altas temperaturas, el ambiente extremadamente seco y el fuerte viento favorecieron un comportamiento muy agresivo del fuego, complicando tanto las labores de extinción como la evacuación de los vecinos.
Los especialistas en incendios forestales utilizan desde hace décadas una referencia conocida como la 'regla de los 30' para identificar jornadas de riesgo extremo. Hace alusión a la coincidencia de tres factores: temperaturas superiores a los 30°C, una humedad relativa inferior al 30% y vientos de más de 30 kilómetros por hora.
No se trata de una ley científica, sino de una regla práctica que resume las condiciones en las que un incendio puede volverse mucho más peligroso. El calor y la falta de humedad resecan la vegetación, convirtiéndola en un combustible altamente inflamable. A ello se suma el viento, que no solo alimenta las llamas, sino que puede transportar brasas a varios cientos de metros, generando nuevos focos y dificultando el trabajo de los equipos de emergencia.
Aunque la investigación sobre el origen del incendio sigue abierta, los primeros indicios apuntan a que estas condiciones meteorológicas contribuyeron decisivamente a su rápida evolución. Según el balance provisional, varias de las víctimas quedaron atrapadas mientras intentaban abandonar la zona, algunas en el interior de sus vehículos y otras a pie, sin margen para escapar del avance de las llamas. Las autoridades investigan ahora las circunstancias en las que se produjeron los fallecimientos y el recorrido que siguieron durante la evacuación.
Con el cambio climático aumentando la frecuencia de las olas de calor y de los episodios de baja humedad, los especialistas advierten de que jornadas con estas características podrían ser cada vez más habituales durante los veranos mediterráneos, incrementando el riesgo de incendios de comportamiento extremo.