Ceuta encadena su peor crisis migratoria desde 2021, con el CETI desbordado y los centros de menores al 1.600% de su capacidad. Una sentencia sobre los rechazos en frontera y una propuesta del PP para reformar la Ley de Extranjería reabren el debate de fondo.
Ceuta vive su peor episodio migratorio en cinco años. En apenas 15 días la ciudad autónoma ha registrado más de 1.500 llegadas de migrantes marroquíes, argelinos y subsaharianos, casi 200 personas al día, la mayoría a nado hasta el espigón sur de la playa del Tarajal. El presidente ceutí, Juan Vivas, ha llegado a advertir de que, si el ritmo no cede, la ciudad podría acercarse a las cifras de mayo de 2021, cuando entraron en pocos días cerca de 10.000 personas tras la crisis diplomática con Marruecos por la acogida a Brahim Gali.
La madrugada de este jueves ha sido, según medios locales, la más tensa de todas: la Guardia Civil ha estado desbordada sacando gente del agua sin descanso, entre la niebla y con más aspirantes esperando turno en la orilla marroquí.
El repunte coincide con la visita de Estado que Pedro Sánchez realizó a Argelia el pasado 20 de julio para escenificar el fin de la crisis diplomática abierta en 2022 por el giro español sobre el Sáhara Occidental. Fuentes de la Guardia Civil consultadas por varios medios apuntan a que Marruecos ha relajado la vigilancia en su lado de la frontera desde entonces, un patrón que ya se observó en 2021 tras la acogida de Brahim Gali.
El Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI), con capacidad para 512 personas, lleva días desbordado; este jueves ya superaba el millar de ocupados, con otro millar aguardando fuera. La presión es aún mayor entre los menores extranjeros no acompañados: Ceuta acoge ya a 570, frente a los 180 de hace diez días, lo que supone un 1.600% por encima de la capacidad de sus centros. La ciudad ha tenido que reabrir dos instalaciones de acogida previstas solo para emergencias.
Una laguna legal en el origen del colapso
Detrás del atasco hay dos frentes judiciales que se han cruzado en el peor momento. El primero nace de un caso relativamente antiguo: un migrante argelino recurrió su devolución sumaria a Marruecos alegando que había entrado a nado, sin forzar valla ni concertina alguna.
El juzgado de Ceuta, después el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía y finalmente el Supremo le dieron la razón, fijando una doctrina clave: quien llega nadando no "supera un elemento de contención fronterizo", el requisito que la disposición adicional décima de la Ley de Extranjería exige para poder aplicar el rechazo en frontera sin abrir un expediente individual. En la práctica, eso deja fuera del mecanismo de devolución inmediata a buena parte de quienes cruzan hoy por el Tarajal.
El segundo frente es más reciente: el pasado 8 de julio el Supremo (STS 868/2026) anuló varios preceptos del Reglamento de Extranjería de 2024, entre ellos uno que rebajaba la obligación de las administraciones de atender de inmediato a los menores extranjeros no acompañados localizados en territorio español.
La sentencia refuerza, no debilita, la protección de la infancia migrante, pero Vivas la ha señalado como un obstáculo añadido para gestionar las llegadas de menores y ha pedido abiertamente "legalizar" las devoluciones en caliente en su caso.
Con ese diagnóstico, el Gobierno ceutí ha respaldado una proposición de ley impulsada por el PP en el Congreso para modificar la disposición adicional décima. La reforma busca dejar recogido de forma expresa que el régimen especial de rechazo en frontera se aplique también a quien intente entrar de forma irregular por Ceuta y Melilla a través de cualquier punto no habilitado, sea por tierra o por mar.
El objetivo declarado es dar seguridad jurídica a la Guardia Civil, cuyos sindicatos, como AUGC, llevan semanas reclamando un marco más claro para actuar sin quedar atrapados entre la doctrina judicial y la presión en la frontera.
Un debate político dividido
La propuesta no ha generado consenso. El PSOE ha pedido unidad frente a la crisis sin cerrar filas con el contenido concreto de la reforma. VOX, por su parte, ha acusado al PP de incoherencia: durante años calificó de ilegales las propuestas del propio VOX para devolver a menores extranjeros no acompañados, alegando entonces que la legislación vigente lo impedía.
A eso se suma la oposición de organizaciones como la Coordinadora de Barrios, No Name Kitchen o el Servicio Jesuita a Migrantes, que representan a varios de los migrantes afectados por devoluciones sin procedimiento y que ven en la reforma un riesgo para las garantías individuales, especialmente en el caso de menores. La proposición del PP está aún en fase inicial y su tramitación en el Congreso puede alargarse mientras la presión en el Tarajal no da tregua.
Cualquier reforma que toque de forma directa el estatuto de los menores no acompañados tendrá que sortear la misma línea jurisprudencial que el Supremo reafirmó el 8 de julio, lo que anticipa nuevos recursos si la norma sale adelante en su redacción actual. De fondo persiste además la obligación de encajar cualquier cambio con el Pacto Europeo sobre Migración y Asilo, un equilibrio que ni Ceuta ni Madrid han resuelto todavía.
Las historias detrás de la frontera: quiénes cruzan y cómo
El acceso al CETI ofrece una imagen distinta de la crisis, más cercana. Según describe 'El Mundo', la carretera que lleva hasta la entrada del centro se ha convertido en un hervidero de gente sin rumbo claro: familias tendidas sobre el arcén, mantas rojas de Cruz Roja, tiendas improvisadas con sábanas, cartones y ramas. A las puertas del recinto, decenas de hombres hacen cola para asearse de rodillas bajo un grifo callejero.
Entre ellos, el citado diario recoge el testimonio de Mohamed, marroquí de 23 años natural de Nador, uno de los cerca de mil que aguardan turno para entrar en un CETI ya desbordado. Cuenta que hizo un trayecto de 12 horas en autobús hasta Castillejos y que cruzó a nado hasta el Tarajal de madrugada, sin aletas, neopreno ni flotador, pasando frío extremo en el intento.
Vivió tres años en Barcelona y habla un castellano fluido; había vuelto a Marruecos hace dos semanas para ver a su familia y, al no tener papeles en regla, optó por regresar por la vía irregular. Según su relato a 'El Mundo', habla de la falta de oportunidades y el hambre en su país como motivo del viaje.
Al otro lado, en Castillejos, 'El Faro de Ceuta' recoge que las autoridades marroquíes han cerrado parte del paseo marítimo para frenar las entradas al agua, sobre todo de menores, que se concentran allí en gran número. Las vallas metálicas colocadas se sortean con facilidad, y los autobuses que cargan a los interceptados los trasladan a puntos del sur, principalmente hacia el Sáhara. Según el mismo medio, este martes una madre con sus tres hijos estuvo a punto de morir ahogada al intentar cruzar a nado.