Un estudio del CSIC sostiene que el arqueólogo Juan Cabré falseó en 1945 el lugar de un tesoro de 90 monedas de oro para vincular un yacimiento de Guadalajara con la ciudad visigoda de Recópolis. El equipo que dirige las excavaciones lo niega.
El yacimiento del Cerro de la Oliva, en Zorita de los Canes (Guadalajara), lleva décadas identificado con Recópolis, la ciudad que el rey visigodo Leovigildo mandó levantar en el año 578 en honor a su hijo Recaredo.
Se trata de un caso singular: apenas hay ciudades fundadas ex novo en la Alta Edad Media europea, de modo que su identificación siempre ha tenido un peso simbólico considerable en la arqueología española.
Esa identificación se apoya, sobre todo, en un hallazgo concreto: 90 monedas de oro que el arqueólogo aragonés Juan Cabré dijo haber encontrado el 12 de septiembre de 1945, al poco de arrancar la segunda campaña de excavación. Cabré relató que estaba solo cuando dio con las piezas, agrupadas en lo que interpretó como el baptisterio de una iglesia visigoda, en un estrato que fechó en tiempos de Leovigildo.
La hipótesis del fraude
Fernando Arce Sainz, arqueólogo e historiador vinculado al CSIC y a la Biblioteca Tomás Navarro Tomás, ha revisado esa versión en un artículo publicado en el Boletín de Arqueología Medieval.
Su conclusión es que el relato de Cabré no se sostiene: el espacio donde dijo haber hallado las monedas corresponde, según los datos estratigráficos, a una construcción de los siglos XII-XIII, no al siglo VI. Cabré, sostiene Arce, nunca excavó por debajo del suelo visigodo original.
El investigador apunta además al contexto en que se produjo el hallazgo. Julio Martínez Santa-Olalla, comisario general de excavaciones en la España de posguerra y de ideología filonazi, buscaba activamente pruebas de raíces germánicas en el pasado peninsular.
Layna Serrano, promotor de las excavaciones, le escribió por entonces celebrando que los resultados confirmaban sus tesis. Arce añade otro indicio: entre las 90 piezas no aparece ninguna moneda con el motivo de la cruz sobre gradas, algo que hoy se sabe que estuvo presente en todas las cecas hispanas de la época, incluida la de Recópolis. Para el investigador, esa ausencia no es casual, sino la marca de una colección reunida a posteriori, probablemente en el mercado de antigüedades.
De confirmarse, las implicaciones no serían menores. Sin el tesoro como ancla cronológica, escribe Arce, buena parte de lo que se ha dado por sentado sobre el yacimiento, y su identificación misma con Recópolis, quedaría en entredicho.
La respuesta desde el yacimiento
Manuel Castro y Lauro Olmo, codirectores actuales de las excavaciones, han rechazado la tesis de Arce y la califican de especulación sin respaldo documental. Castro recuerda que operarios que participaron en los trabajos de 1945 fueron entrevistados años después y aseguraron que Cabré ni siquiera estaba presente en el momento del hallazgo, lo que contradice la propia versión del arqueólogo pero también, según Castro, la acusación de manipulación deliberada.
El equipo insiste en que el tesoro apareció bajo el suelo de la iglesia, aunque matiza que fue dentro de la estancia que describió Cabré, no necesariamente en el punto exacto. Castro remite además a una monografía publicada en marzo por él mismo y Pilar de Arte Blasco, con un estudio metalográfico y comparativo con otros tesoros fundacionales del Mediterráneo, y recuerda que desde los años 90 se han documentado nuevas monedas visigodas y merovingias en el yacimiento que, a su juicio, refuerzan la cronología original y la identificación con Recópolis.
La disputa, por tanto, sigue abierta. Enfrenta una relectura crítica de la documentación de los años cuarenta con el peso acumulado de ocho décadas de investigación posterior sobre el terreno.