Durante el Levantamiento de Varsovia, los canales fueron una vía clave de comunicación y escape entre barrios en lucha, para personas como Danuta Dworakowska "Lena" cruzarlos era una dura prueba en medio de la oscuridad, el miedo y el peligro de muerte.
Bajo las calles de Varsovia existe un mundo que los habitantes de la ciudad no ven en su día a día. Los pasadizos oscuros y húmedos han servido durante décadas como parte de la infraestructura urbana.
Sin embargo, en agosto de 1944 se convirtieron en escenario de uno de los capítulos más dramáticos del Levantamiento de Varsovia.
Con motivo del 82º aniversario del estallido del Levantamiento de Varsovia, un equipo de 'Euronews' descendió a tramos de los canales de Varsovia habitualmente inaccesibles para mostrar las condiciones en las que tenían lugar aquellas dramáticas travesías.
La red subterránea de comunicación de la Varsovia en lucha
En conversación con 'Euronews', la portavoz de MPWiK en m.st. Warszawie S.A., Jolanta Maliszewska, subraya que durante el levantamiento los canales desempeñaron sobre todo la función de sistema de comunicación y transporte.
"La red de alcantarillado se utilizaba para transmitir informes, trasladar material médico y también para evacuar a la población civil y a los soldados. Los trabajadores de los canales de Varsovia desempeñaron un papel enorme, conocían a la perfección el trazado subterráneo y ayudaban a marcar las rutas de paso", explica.
A través de los canales era posible, entre otros trayectos, ir del casco antiguo al centro, del centro a Żoliborz, de Czerniaków a Mokotów y de Ochota al corazón de la ciudad.
Las condiciones de esos cruces eran extremas. Los canales tenían distintos tamaños y algunos tramos eran especialmente bajos y estrechos. A menudo había que avanzar en absoluta oscuridad, con el agua a los pies y entre residuos.
"Atravesar los canales era una tarea extraordinariamente difícil. Exigía mucho, ante todo por las condiciones, la estrechez, la oscuridad y también la humedad", señala Jolanta Maliszewska.
Añade que el peso psicológico para quienes emprendían esas travesías también era enorme.
"No todo el mundo era lo bastante fuerte mentalmente para resistir en unas condiciones tan extremas y hacerlo durante muchas horas", subraya.
Caminos subterráneos bajo el fuego enemigo
Al principio, los alemanes no eran conscientes de hasta qué punto los insurgentes utilizaban los canales. La situación cambió cuando se dieron cuenta de que por esos pasos subterráneos podían desplazarse unidades enteras.
"Llegaron a derribar tramos de los canales, a inundarlos, a lanzar bombas tóxicas, gas venenoso. Así que los insurgentes sabían que en cualquier momento podían enfrentarse a ese peligro y, sencillamente, a la muerte", explica en conversación con 'Euronews' Jolanta Maliszewska.
Pese al peligro, los canales siguieron siendo uno de los elementos clave para el funcionamiento de la Varsovia insurgente.
Tuvieron un papel especialmente importante durante la evacuación del casco antiguo, cuando a finales de agosto y comienzos de septiembre de 1944 miles de personas intentaron escapar de un barrio cercado por los alemanes.
"Dante no habría imaginado algo así", recuerdos de una enfermera de la ruta subterránea
Una de las personas que atravesaron los canales de Varsovia durante el Levantamiento fue entonces Danuta Dworakowska, alias "Lena", que tenía 16 años y es autora del libro "Pianistka. Między dzieciństwem a zdziecinnieniem", publicado en el marco de la campaña BohaterON.
Como enfermera, ayudaba a los heridos y, junto con otros insurgentes, se encontró en una situación en la que la única vía de salvación fue la ruta subterránea bajo una ciudad en ruinas.
Recuerda la experiencia de cruzar los canales como uno de los episodios más dramáticos de su vida.
Según cuenta, era un espacio por completo ajeno al ser humano, sin luz, lleno de humedad y de un olor imposible de olvidar.
"Hace poco dije que ni Dante habría imaginado algo así. Fue algo espantoso. Lo peor era la oscuridad total. No se veía nada, no sabías dónde estaba la derecha y dónde la izquierda", recuerda la enfermera.
En uno de aquellos cruces cargó a la espalda con un soldado herido.
"El chico que iba delante de mí y yo nos agarrábamos del cinturón para no perder el contacto, y yo llevaba atado a la espalda al muchacho herido del que cuidaba en el hospital", relata en conversación con 'Euronews'.
El avance era lento y extenuante. En muchos tramos había que moverse casi arrastrándose y cada movimiento requería un esfuerzo enorme.
"Imaginaos esos 60 centímetros. Yo no soy precisamente pequeña, pero allí había hombres hechos y derechos, de metro ochenta", dice.
Los insurgentes debían guardar un silencio absoluto. Cualquier ruido podía delatar su presencia a los alemanes que se encontraban en la superficie.
"A menudo había que detenerse porque arriba pasaban soldados alemanes, se oía hablar en alemán. Por lo que he oído, fuimos el último transporte vivo de insurgentes que logró salir, porque los alemanes se dieron cuenta y empezaron simplemente a arrojar carburo o directamente granadas", recuerda.
El trayecto duró varias horas, aunque desde la perspectiva de quienes lo vivieron pareció mucho más largo.
"Yo vi la eternidad. La eternidad, porque aunque hubiera llevado un reloj, allí, en la oscuridad, no se veía nada", dice.
El recuerdo de la salida del canal también ha quedado grabado en su memoria por el enorme agotamiento y por el aspecto de quienes lograron completar el cruce.
"En mi libro escribí que, más allá de todo lo demás, el ser humano necesita algún momento para reírse, porque, de lo contrario, la vida sería imposible. Así que miré a mi alrededor y dije: 'Dios mío, el hedor que hemos sacado de estos canales supera todo lo imaginable'. Escribí que, en realidad, a toda mi subunidad Gozdawa habría que haberla tirado tal cual a la Vístula y poner un cartel delante del río que dijera que el capitán Monter no se hace responsable del envenenamiento del agua, porque superaba todo lo imaginable lo sucios y embadurnados que estábamos", cuenta.
Los canales que salvaron a miles de personas
Es imposible determinar con precisión cuántas personas utilizaron los canales durante el Levantamiento de Varsovia, aunque los historiadores calculan que fueron más de 5.000.
Hoy, los lugares vinculados a aquellas rutas insurgentes mantienen viva la memoria de los hechos. Destaca la plaza Krasińskich, donde se encontraba una de las bocas de acceso más importantes utilizadas durante la evacuación del casco antiguo.
Como señala Jolanta Maliszewska, de MPWiK en m.st. Warszawie S.A., es también un lugar especial para los trabajadores de la empresa de aguas de Varsovia.
"En la esquina de la plaza Krasińskich hay una placa muy especial para los empleados de la compañía de aguas. Es una placa que financiaron ellos mismos en memoria y homenaje a los soldados del AK, pero también a los propios trabajadores de aguas que murieron y que trabajaron como guías de los canales", explica.
Hoy la red de alcantarillado de Varsovia no se parece en nada a la de 1944. El sistema, que antes de la guerra contaba con unos 360 kilómetros, tiene actualmente 4.500 kilómetros.