Swift lleva 21 años orbitando la Tierra y, sin una misión de rescate organizada en solo nueve meses, se desintegraría en la atmósfera en octubre.
Una nave de rescate ha salido disparada hacia la órbita en una misión para evitar que un telescopio de la NASA se estrelle de nuevo contra la Tierra.
El robot de tres brazos, llamado Link, despegó el viernes desde las Islas Marshall y tardará alrededor de un mes en llegar a su objetivo, el observatorio Neil Gehrels Swift, un telescopio que lleva dando vueltas a la Tierra desde 2004.
Swift ha ido perdiendo altitud más rápido de lo previsto. La reciente actividad solar ha calentado y expandido las capas exteriores de la atmósfera terrestre, generando un rozamiento adicional que arrastra poco a poco el telescopio hacia el planeta, y la NASA se queda sin tiempo para salvarlo.
La agencia pagará 30 millones de dólares (27 millones de euros) a la empresa aeroespacial emergente Katalyst Space Technologies para que capture a Swift y lo impulse de nuevo hasta una órbita segura, donde pueda seguir observando algunos de los fenómenos más violentos del universo, como estallidos de rayos gamma y estrellas que explotan.
Link alcanzó la órbita después de que un cohete Pegasus XL de Northrop Grumman, en su último vuelo, se soltara desde el vientre de un avión modificado y se encendiera sobre el Pacífico.
Si todo sale según lo previsto, Swift podría volver a operar en septiembre. Por ahora, las observaciones están suspendidas para ralentizar su descenso.
Actualmente orbita a 360 kilómetros de altura sobre la Tierra, Swift necesita ser impulsado 240 kilómetros más arriba para alcanzar una órbita segura. Los propulsores de Link se irán encendiendo de forma gradual para evitar sacudidas en la veterana nave espacial.
La misión se ha organizado en solo nueve meses. Sin ese impulso, se preveía que Swift volviera a entrar en la atmósfera en octubre, momento en el que ya estaría demasiado bajo para poder salvarlo.
El telescopio espacial Hubble de la NASA podría sufrir un destino similar en los próximos años, ya que también está perdiendo altitud a medida que aumenta la actividad del Sol.
Las malas condiciones meteorológicas y varios problemas técnicos provocaron una serie de retrasos antes del despegue del viernes.
"Es una misión de alto riesgo y alta recompensa", afirmó el consejero delegado de Katalyst, Ghonhee Lee.
"El mayor peligro siempre fue no lanzar nada y dejar que Swift se desintegrase en la atmósfera. Así que siempre intentamos evitar ese riesgo y nuestro equipo lo ha conseguido".