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De las pruebas de cáncer a las vacunas COVID, las mujeres que transforman la sanidad europea

ARCHIVO - Científicos realizan investigaciones en una instalación de Afrigen Biologics and Vaccines en Ciudad del Cabo, Sudáfrica, el martes 19 de octubre de 2021.
ARCHIVO - Científicos realizan investigaciones en una instalación de Afrigen Biologics and Vaccines en Ciudad del Cabo, Sudáfrica, el martes 19 de octubre de 2021. Derechos de autor  AP Photo/Jerome Delay, File
Derechos de autor AP Photo/Jerome Delay, File
Por Marta Iraola Iribarren
Publicado
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Pese al aumento de mujeres científicas en todo el continente, las mujeres apenas suponen el 13 % de los inventores europeos.

Cuando pensamos en inventoras, el nombre más habitual que viene a la mente probablemente sea el de Marie Curie.

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Para quienes trabajan en el ámbito de la tecnología, Ada Lovelace les sonará, y Rosalind Franklin resultará familiar al personal de medicina. Sin embargo, la lista sigue siendo muy corta.

“Las brechas de género siguen atravesando todo el sistema de innovación, desde el día en que uno se matricula en la universidad hasta que llega a dirigir un equipo o pone en marcha su propia empresa emergente”, afirmó Roberta Romano-Götsch, directora de sostenibilidad y portavoz en la Oficina Europea de Patentes (EPO), en declaraciones a Euronews Health.

La proporción de mujeres inventoras en Europa se situó en solo el 13,8 por ciento en 2022, según un nuevo informe de la Oficina Europea de Patentes. Aunque esto supone un aumento constante desde el dos por ciento a finales de la década de 1970 y el 13 por ciento en 2019, el avance se ha estancado.

“El ritmo es demasiado lento y está muy lejos del equilibrio”, añadió Romano-Götsch.

A esa lista se pueden añadir varios nombres, mujeres europeas que trabajan en medicina y biotecnología y que están detrás de algunos de los avances más revolucionarios de los últimos años.

Rochelle Niemeijer desarrolló un kit de análisis portátil basado en inteligencia artificial para diagnosticar con rapidez infecciones bacterianas.

Laura van't Veer y su equipo crearon una prueba genética para el cáncer de mama que evalúa el tejido tumoral para determinar el riesgo de recaída. Permite a los profesionales sanitarios distinguir entre las pacientes de alto riesgo, que realmente necesitan quimioterapia, y las de bajo riesgo, que pueden evitar los posibles efectos secundarios dañinos de tratamientos químicos tóxicos.

Katalin Karikó, galardonada con el Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 2023, desarrolló una forma de modificar el ácido ribonucleico mensajero (ARNm) para que pudiera utilizarse de manera segura en el organismo humano. Esto abrió la puerta a su uso en las vacunas contra la COVID‑19 y otras inmunizaciones, así como en posibles terapias contra el cáncer y las enfermedades cardíacas.

La investigación realizada por mujeres, especialmente en el ámbito de la salud, suele centrarse en problemas específicos de las mujeres, con el objetivo de cerrar las brechas en áreas como la endometriosis, la salud menstrual y la menopausia, que siguen estando en gran medida poco estudiadas.

“La ausencia de inventoras puede limitar el progreso tecnológico y la inclusión, y esto es algo más que un reto de igualdad, es también un desafío para la competitividad”, señaló Romano-Götsch.

En las ciencias de la vida, como la industria farmacéutica, la biotecnología y la química de los alimentos, la presencia femenina supera el 30 por ciento, la proporción más alta de todos los ámbitos, según el informe de la EPO.

El informe señalaba que la proporción de mujeres tiende a ser mayor en los ámbitos más basados en la ciencia y en los entornos vinculados a universidades y laboratorios públicos.

La 'leaky pipeline'

Las mujeres no están ausentes de la ciencia. Los últimos datos (fuente en inglés) muestran que el número de mujeres que trabajan como científicas e ingenieras en la Unión Europea ha pasado de 3,4 millones en 2008 a 5,2 millones en 2014, hasta llegar a 7,9 millones en 2024.

En las ciencias médicas y de la salud, las mujeres representan el 54 por ciento del total de personas investigadoras, la cuota más elevada de todos los ámbitos de investigación y desarrollo.

La 'leaky pipeline' es una metáfora muy extendida en los debates sobre la igualdad de género en la ciencia y la ingeniería.

Según la EPO, describe un patrón persistente en el que la presencia de mujeres es mayor en las primeras etapas de la educación y la formación y va disminuyendo de forma progresiva en los sucesivos cambios de etapa profesional, de modo que siguen infrarrepresentadas en los puestos de mayor nivel y de liderazgo.

El informe señalaba que el potencial inventivo de la investigación realizada por mujeres es comparable al de los hombres, lo que sugiere que las brechas de género en la obtención de patentes entre las personas con doctorado en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM) no pueden explicarse por diferencias de capacidad ni de resultados.

¿Qué barreras afrontan las mujeres?

La EPO ha identificado varios obstáculos con los que se encuentran las mujeres a lo largo de sus carreras académicas y de investigación y que pueden alejarlas del emprendimiento.

Aunque la presencia de mujeres en las patentes aumenta cuando trabajan en equipo, siguen infrarrepresentadas entre las personas que dirigen esos equipos, una brecha que condiciona su visibilidad, el reconocimiento y el avance de sus carreras.

Romano-Götsch subrayó el llamado 'efecto Matilda', bautizado en honor a la sufragista Matilda Joslyn Gage, que alude al reconocimiento insuficiente, la negación o la minimización sistemáticos de las contribuciones científicas de las mujeres.

A partir de su experiencia como mentora, describió cómo el trabajo de las mujeres puede infravalorarse o atribuirse a otras personas.

Por ejemplo, en el ámbito de las patentes hay mujeres que no figuran como autoras en las publicaciones científicas o que sí aparecen como coautoras pero luego no constan en las patentes, apuntó.

“Este sigue siendo un problema recurrente hoy en día. Las mujeres contribuyen al conocimiento de base pero, cuando llega el momento de nombrarlas como inventoras, no aparecen”, afirmó.

Romano-Götsch añadió que cerrar estas brechas es a la vez un imperativo estratégico y una gran oportunidad, que permitiría acceder a una base de talento más amplia, contar con equipos más sólidos y obtener mejores resultados en la investigación, las patentes y el emprendimiento.

“Los beneficios se extenderían a todo el ecosistema de innovación”, señaló.

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