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Fortaleza y Recife, el Brasil más cercano a Europa: por qué cada vez atraen a más viajeros

Vista de Recife desde Olinda
Vista de Recife desde Olinda Derechos de autor  David del Valle / Euronews
Derechos de autor David del Valle / Euronews
Por David del Valle
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A menos de ocho horas de Madrid, estas dos ciudades del nordeste brasileño ofrecen playas infinitas, dunas, carnaval, gastronomía y algunos de los paisajes e historias más fascinantes del país.

Con vuelos directos desde varias capitales europeas, Fortaleza y Recife se consolidan como dos de las principales puertas de entrada al nordeste brasileño, una región que combina playas, naturaleza, cultura e historia y que se abre cada vez más al turismo internacional.

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Las dos ciudades continentales brasileñas más próximas a Europa están aprovechando esta ventaja geográfica para atraer a un número creciente de visitantes internacionales gracias a las conexiones aéreas con capitales como Madrid, Lisboa y París.

A menos de ocho horas de vuelo de Madrid, los viajeros descubren el 'skyline' de Fortaleza, una ciudad que recuerda por momentos a una mezcla entre Miami y Benidorm. Sus rascacielos frente al mar dibujan un perfil urbano moderno que convive con el larguísimo paseo marítimo de Beira Mar, en un ambiente tropical y vacacional que invita a disfrutar de la vida al aire libre.

Fortaleza, 300 años de historia

Panorámica de Fortaleza
Panorámica de Fortaleza David del Valle

Fortaleza, con 2,57 millones de habitantes, es una de las cinco ciudades más pobladas de Brasil y la capital del estado de Ceará, donde viven más de nueve millones de personas. Su historia está ligada a la disputa colonial entre portugueses y holandeses.

En 1649, los neerlandeses construyeron el Fuerte Schoonenborch, origen de la ciudad moderna. Tras la reconquista portuguesa, seis años después, pasó a llamarse Fortaleza de Nuestra Señora de la Asunción. En 2026, la ciudad celebra los 300 años de su fundación, una efeméride presente en numerosos rincones de la urbe.

"Esta es una ciudad vibrante, con una rica mezcla de culturas, que nunca duerme. Desde las 03:00 empieza a salir mucha gente a la calle para hacer deporte o correr; es una ciudad con mucha movilidad", explica la guía turística Castalha.

Basta salir a primera hora de la mañana para comprobarlo. Decenas de corredores recorren el paseo de Beira Mar, que conecta tres playas a lo largo de unos seis kilómetros de litoral: Iracema, con lugares emblemáticos como el Puente de los Ingleses; Meireles, conocida por su feria artesanal nocturna; y Mucuripe. Para quienes buscan combinar deporte y mar, una alternativa es practicar piragüismo en las cálidas aguas del Atlántico.

Paseo marítimo Beira Mar en Fortaleza
Paseo marítimo Beira Mar en Fortaleza David del Valle / Euronews

Un paseo por el Mercado dos Peixes permite comprobar que la playa de Mucuripe sigue estrechamente vinculada a la pesca artesanal. Los pescadores salen a faenar en las tradicionales jangadas, embarcaciones ligeras de vela que navegan cerca de la costa. El pescado y el marisco son dos ingredientes esenciales de la gastronomía cearense.

Por la noche, la música y el baile toman el relevo. En toda Fortaleza se baila forró, uno de los grandes símbolos culturales del nordeste brasileño. Se practica en pareja, muy pegados, con pasos rápidos y giros sencillos que requieren cierta coordinación y ritmo.

Puesto de marisco en el Mercado dos Peixes
Puesto de marisco en el Mercado dos Peixes David del Valle / Euronews

La aventura de las falésias

Fuera de la gran urbe comienza la aventura. A unos 160 kilómetros al sureste se encuentra Canoa Quebrada, en el municipio de Aracati. Este pequeño pueblo costero es famoso por sus falésias, acantilados de arena y roca de tonos rojizos y blancos, y por sus dunas moldeadas por el viento. Se trata de uno de los paisajes más característicos del nordeste brasileño.

La mejor manera de recorrerlo es en buggy, vehículos ligeros abiertos que atraviesan dunas, playas y caminos costeros, ofreciendo espectaculares panorámicas del litoral. Al fondo destaca el símbolo de la media luna y la estrella grabado en las falésias, convertido en el emblema de Canoa Quebrada.

La media luna y la estrella, emblema de las Falésias
La media luna y la estrella, emblema de las Falésias David del Valle / Euronews

El lugar se hizo famoso en los años 70 entre mochileros y hippies europeos atraídos por sus playas vírgenes, el clima cálido y el ambiente relajado.

Otra de las playas más auténticas de Ceará es Canto Verde, en el municipio de Beberibe, donde los viajeros pueden disfrutar de una experiencia estrechamente vinculada a la comunidad local. Allí vive una comunidad de unos 200 pescadores artesanales con los que se puede salir a faenar en embarcaciones tradicionales, una actividad que, según explican sus habitantes, atrae a visitantes procedentes de Suiza, Portugal o Estados Unidos.

Playa característica en las Falésias
Playa característica en las Falésias David del Valle / Euronews

"Vivimos de la pesca artesanal y estamos promoviendo el turismo comunitario", explica Roberto. Los habitantes de Canto Verde han luchado durante años contra la especulación inmobiliaria y los proyectos de turismo masivo para proteger esta zona y desarrollar un modelo sostenible.

"Este es otro de los atractivos del lugar: un turismo sostenible que no expulsa a los habitantes locales, sino que los hace partícipes a través de sus tradiciones y costumbres", destaca Daniele Rocha, de Embratur, la Agencia Brasileña de Promoción Internacional del Turismo.

Recife, una seña de identidad de Brasil

A poco más de una hora de vuelo de Fortaleza aparece una realidad muy distinta. Recife, capital del estado de Pernambuco y hogar de 1,5 millones de habitantes, es la otra gran metrópoli del nordeste brasileño y fue durante siglos uno de los principales motores económicos del país.

Su puerto estratégico y el comercio del azúcar la convirtieron en una de las ciudades más importantes de la América portuguesa. Su historia está profundamente ligada a la colonización, al comercio atlántico y a la ocupación holandesa. Entre 1630 y 1654 fue la capital de Nueva Holanda, la colonia neerlandesa establecida en el nordeste brasileño. Durante ese periodo se construyeron puentes, canales y edificios que todavía forman parte de la identidad urbana de la ciudad.

Recife conserva algunos de los capítulos más importantes de la historia brasileña. Iglesias coloniales, fortificaciones, antiguas calles portuguesas, edificios de influencia holandesa y la sinagoga Kahal Zur Israel, considerada la primera de América, forman parte de su patrimonio. Gracias a sus ríos, puentes e islas urbanas, la ciudad ha recibido incluso el sobrenombre de 'la Venecia brasileña'.

La ciudad es también uno de los grandes centros culturales del país. El intenso mestizaje que caracterizó a Pernambuco, un auténtico cruce de caminos entre europeos, africanos e indígenas, dio origen al frevo, una música y danza tradicional cuyos saltos, acrobacias y giros recuerdan a la capoeira.

Con sus coloridas sombrillas, los bailarines de frevo, declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, marcan el ritmo y el alma de la ciudad.

El frevo alcanza su máxima expresión durante el carnaval, cuando las calles se llenan de comparsas, músicos y millones de participantes. El símbolo más reconocible de esta celebración es el enorme gallo decorado del Galo da Madrugada, considerado uno de los mayores desfiles carnavalescos del mundo.

Olinda, la joya colonial

Detalle de una calle empedrada en Olinda
Detalle de una calle empedrada en Olinda David del Valle / Euronews

A apenas siete kilómetros de Recife se encuentra Olinda, una de las ciudades históricas más bellas de Brasil. Fundada en 1535, conserva un conjunto urbano colonial declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO.

Recorrer sus empinadas calles empedradas supone un viaje al pasado. Sus coloridas casas coloniales y sus iglesias barrocas evocan siglos de historia. Desde los miradores del Alto da Sé se contemplan el Atlántico, los tejados coloniales y, al fondo, el perfil moderno de Recife.

Durante el carnaval, Olinda exhibe otra de sus grandes tradiciones: los Bonecos Gigantes, enormes figuras de varios metros de altura que representan a personajes históricos, artistas, deportistas o políticos y que recorren las calles acompañadas por miles de personas.

Gigantes cabezudos típicos de Olinda
Gigantes cabezudos típicos de Olinda David del Valle / Euronews

Si Fortaleza es sinónimo de playas, naturaleza y turismo, Recife encarna la dimensión cultural e histórica del país. La primera mira al futuro desde sus rascacielos frente al Atlántico; la segunda conserva las huellas de algunos de los capítulos más decisivos de la historia brasileña.

Con conexiones aéreas directas desde Europa y una oferta cada vez más diversificada, ambas ciudades se consolidan como dos de las grandes puertas de entrada a un Brasil que todavía guarda muchas sorpresas para el viajero internacional.

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