Filipinas mantiene las labores de rescate tras el terremoto de magnitud 7,8 que sacudió Mindanao y dejó al menos 37 muertos, cerca de 500 heridos y más de 32.000 desplazados.
Más de 1.200 efectivos de emergencia, con el apoyo de equipos internacionales llegados de Japón y Australia, fueron desplegados en las zonas afectadas mientras los servicios de rescate continuaban inspeccionando edificios dañados en busca de posibles supervivientes. Aunque oficialmente solo cuatro personas seguían desaparecidas, las autoridades advirtieron de que numerosas estructuras gravemente afectadas aún debían ser revisadas de forma exhaustiva.
La ciudad de General Santos, con más de 700.000 habitantes, figura entre las más castigadas por el terremoto. El derrumbe de edificios y la caída de escombros dejaron al menos 13 fallecidos, mientras que miles de viviendas, centros educativos, hospitales e infraestructuras públicas sufrieron daños. Las primeras evaluaciones indican que más de 3.100 viviendas han quedado destruidas y que 145 edificios públicos se han visto afectados, entre ellos 12 hospitales y 89 colegios.
El seísmo, que sacudió la región el 8 de junio, provocó graves interrupciones en el transporte y en los servicios básicos del sur de Filipinas. Varias carreteras seguían cortadas o con restricciones al tráfico, las principales autopistas permanecían parcialmente bloqueadas por los escombros y los cortes de electricidad afectaban a unas 280.000 viviendas repartidas en seis provincias. Para facilitar la llegada de ayuda humanitaria a las comunidades aisladas, las autoridades habilitaron rutas temporales de ferry.
El aeropuerto internacional de General Santos reabrió parcialmente el 10 de junio para operar vuelos de emergencia, después de que el desastre obligara a cancelar 78 conexiones nacionales. Paralelamente, continuaban las inspecciones de seguridad en unas 6.000 escuelas antes de autorizar la reanudación de las clases.
El Gobierno ha habilitado 47 centros de evacuación que acogen a cerca de 18.000 desplazados y ha destinado 500 millones de pesos a ayudas de emergencia. Además, el presidente, Ferdinand Marcos Jr., declaró el estado de calamidad nacional en las provincias afectadas para agilizar las labores de asistencia y reconstrucción.
La ayuda internacional sigue llegando al país. Japón ha enviado especialistas en rescate y suministros humanitarios, mientras que Australia ha aportado ayuda financiera y la Organización Mundial de la Salud ha desplegado equipos médicos sobre el terreno. Junto al reparto de alimentos, productos de higiene y material para refugios temporales, las autoridades han puesto en marcha programas de apoyo psicológico para las familias y los menores afectados, mientras las comunidades afrontan un proceso de recuperación que se prevé largo y complejo.