Filipinas continuó el 9 de junio con las operaciones de emergencia y de recuperación después de que un potente terremoto de magnitud 7,8 sacudiera la costa de Mindanao, donde al menos 41 personas murieron, más de 450 resultaron heridas y miles se vieron obligadas a abandonar sus hogares. El seísmo, el más fuerte registrado en el país en lo que va de año, activó avisos de tsunami en varias zonas del Pacífico, que posteriormente fueron desactivados.
En General Santos City, una de las áreas más castigadas, los vecinos rebuscaban entre viviendas y bloques de pisos dañados para recuperar pertenencias, mientras ingenieros inspeccionaban estructuras agrietadas, parcialmente derrumbadas o peligrosamente inestables. También resultaron afectadas carreteras, edificios públicos e infraestructuras básicas, y se registraron cortes de suministro eléctrico en varias zonas del sur de Mindanao.
En un hospital del Gobierno provincial en la vecina Sarangani, los pacientes fueron trasladados al exterior como medida de precaución ante las continuas réplicas. Las autoridades informaron de que desde el seísmo principal se han registrado más de 450 temblores, varios de ellos de magnitud de entre 6,5 y 6,7. Estas réplicas han ralentizado las labores de rescate y han dificultado el acceso a algunas de las comunidades afectadas.
Testigos relataron cómo se desplomaban paredes, se abrían grietas en el suelo y agua y barro brotaban de la tierra durante el terremoto. Algunos propietarios advirtieron de que los edificios situados cerca de fallas conocidas podrían tener que ser demolidos porque el terreno bajo ellos se ha vuelto inestable.
El desastre se produjo el primer día del nuevo curso escolar para millones de niños de Mindanao. Unos 3,2 millones de alumnos se han visto afectados, con las clases suspendidas en más de 6.200 escuelas públicas y privadas después de que se notificaran daños en instalaciones educativas.
Los equipos de emergencia y las autoridades locales se centran ahora en ofrecer alojamiento, asistencia médica y evaluación de daños, mientras las comunidades inician un proceso de recuperación que se prevé largo. Cuatro personas siguen desaparecidas, mientras los responsables continúan evaluando el alcance total de la destrucción en el sur de Filipinas.