La mayoría de los comercios permanecen cerrados, escasea el pan y las fiestas patronales han sido suspendidas tras la llegada de decenas de miles de migrantes desde Marruecos. Fuentes consultadas por 'Euronews' y AFP expresan miedo e incertidumbre mientras continúan los retornos.
La ciudad autónoma de Ceuta vive una situación de parálisis tras la llegada masiva de migrantes procedentes de Marruecos. La mayoría de los comercios han permanecido cerrados este viernes, comienza a escasear el pan y el Gobierno ceutí ha decidido suspender las fiestas patronales previstas para este fin de semana, mientras las autoridades tratan de recuperar el control de la situación.
Según constató AFP sobre el terreno, la habitual actividad de la céntrica calle Real ha dado paso a grupos de migrantes que permanecen en las calles, mientras numerosos establecimientos mantienen sus persianas bajadas. En el centro de la ciudad, de unos 84.000 habitantes, únicamente permanecían abiertos algunas farmacias y un restaurante de una conocida franquicia.
Fuentes del sector sanitario consultadas por 'Euronews' confirmaron que muchos servicios están desbordados, a pesar de haberse activado al personal adicional. Entre las dolencias más tratadas estarían hipotermias, ataques de ansiedad y fracturas -pero no así apuñalamientos- tanto entre marroquíes como entre vecinos ceutís.
La Confederación de Empresarios de Ceuta ha recomendado a los comercios y establecimientos que no reabran "hasta que pueda garantizarse la seguridad", en un contexto marcado por la incertidumbre y el despliegue de fuerzas de seguridad.
"Nos estamos quedando sin pan. Hoy no ha habido pan fresco porque las panaderías están cerradas", explicó a AFP Miguel Ángel Campana, un barrendero municipal. El trabajador aseguró además que algunos vecinos temen que algunos migrantes intenten acceder a viviendas "pidiendo agua y otras cosas" y pidió a la población que "vigile los balcones". En la ciudad se puede observar a migrantes deteniendo vehículos para pedir comida, dinero o utilizar teléfonos móviles con los que contactar con sus familiares.
Las autoridades locales estiman que unas 60.000 personas han cruzado de forma irregular desde Marruecos hacia Ceuta desde la madrugada del jueves, muchas de ellas bordeando a nado el espigón fronterizo. El Gobierno español asegura, no obstante, que más de 37.500 ya han regresado al país vecino.
La Policía ha estado dirigiendo a numerosos migrantes, muchos de ellos jóvenes, hacia el paso fronterizo para facilitar su retorno. Mientras tanto, la crisis ha desencadenado una intensa respuesta política y diplomática, con el despliegue del Ejército en Ceuta y críticas de varios países europeos a la gestión de la situación.
Una vecina de Ceuta consultada por 'Euronews', desde su experiencia personal, asegura que no sufrió ningún incidente al regresar a casa el jueves por la noche, pese a encontrarse con numerosos grupos de migrantes en su barrio. De hecho, relata que uno de ellos únicamente le pidió ropa seca y que se mostró muy agradecido cuando se la entregó.
"Eso no quita que sigue siendo una situación desgarradora a nivel humanitario ver tanta gente que está sin un sitio donde estar, sin comida, sin bebida, porque los pocos servicios que hay habilitados para ello están totalmente superados por la capacidad de acogida", comenta.
Sin embargo, entre los residentes predomina la preocupación. Mohammed, un taxista y también vecino de Ceuta, considera que muchos migrantes han decidido regresar a Marruecos tras comprobar las condiciones que encontrarían en la ciudad.
"Pensaban que ya sabían lo que iban a encontrar aquí y se han encontrado con la realidad", afirmó a AFP. Según explicó, algunos de ellos le confesaron que volvían "porque no tenían comida". "Aquí no hay nada. Los que somos de aquí estamos luchando por salir adelante. Lo estamos pasando mal", añadió.
El taxista aseguró, además, que él y otros vecinos permanecieron despiertos hasta altas horas de la madrugada por miedo a posibles robos. "Tengo sobrinas que tienen miedo", señaló.
Ese sentimiento de inquietud también lo comparte Yolanda Moreno, de 56 años, quien confesó haber sentido "miedo desde el principio" de la crisis migratoria. "Era como durante la pandemia: la sensación de que era mejor quedarse en casa que salir a la calle", declaró a AFP.
Igualmente, la vecina consultada por 'Euronews', expresó su preocupación porque se puedan registrar conatos de violencia y sostuvo que "la gente está insegura". Pero en su caso, teme que estos procedan de residentes locales que decidan tomarse la justicia por su mano.
"Esta mañana me sorprendo con gente de aquí, del barrio, con muchas armas blancas, intentando tomarse la justicia por su propia mano", afirmó. "Yo solo vi un chico con una katana detrás de un chico marroquí corriendo, sin saber muy bien qué estaba pasando".
Como reflejo de la excepcionalidad del momento, el Gobierno de Ceuta ha cancelado las fiestas patronales que debían comenzar este sábado. En el recinto ferial, las atracciones permanecen cubiertas con lonas y sin actividad, símbolo de una ciudad que ha detenido su ritmo habitual mientras intenta hacer frente a una de las mayores llegadas de migrantes de su historia.