Europa impulsa hasta siete gigafactorías de IA para no quedarse rezagada frente a EE.UU. y China. Ante la creciente preocupación por la dependencia digital, la Comisión Europea impulsa una infraestructura de IA soberana operativa hacia mediados de 2028.
La Comisión Europea ha lanzado una licitación para financiar con dinero público hasta siete gigafactorías de IA en Europa, mientras Bruselas se apresura a construir una infraestructura soberana con la que entrenar modelos avanzados de IA y recortar distancia con los competidores tecnológicos globales.
Las gigafactorías de IA son instalaciones informáticas de gran escala equipadas con chips de última generación y muy especializados, diseñados para entrenar la próxima generación de tecnologías de IA, en particular los modelos de lenguaje de gran tamaño más avanzados, que necesitan procesar billones de datos.
La iniciativa se inscribe en un esfuerzo más amplio por la soberanía tecnológica que busca reducir la dependencia de la UE de proveedores extranjeros de servicios en la nube y de chips.
La carrera global por desarrollar modelos cada vez más potentes, con la promesa de avances tanto económicos como militares, ha desencadenado una competencia paralela por construir la infraestructura que los sostiene. Grandes proyectos de centros de datos ya están muy avanzados en Estados Unidos y China.
Como respuesta, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, anunció en la cumbre AI Action celebrada en París en febrero de 2025 un plan para construir gigafactorías de IA en Europa, con la ambición de reproducir el éxito del laboratorio CERN en Ginebra.
Europa amplía sus planes de gigafactorías entre críticas y límites financieros
Desde entonces, la iniciativa ha despertado un interés considerable en el sector, con 76 posibles consorcios que han expresado un interés preliminar en la presentación de propuestas de proyecto.
Para responder a ese apetito del sector privado y garantizar al mismo tiempo una distribución geográfica razonable de la infraestructura, la Comisión ha ampliado el alcance inicial de cuatro o cinco gigafactorías hasta un máximo de siete.
Al mismo tiempo, la Comisión se ha granjeado críticas por retrasar de forma reiterada la iniciativa, lo que rebaja el ritmo europeo y contrasta con su propia retórica sobre la urgencia de acercarse a Estados Unidos y China.
El proceso de contratación ya se ha dividido en dos fases consecutivas, con un enfoque escalonado concebido para aumentar la capacidad de forma gradual durante los próximos seis años y medio.
La escalonación de este enfoque se debe en gran medida a la escasez de financiación disponible. Tras haber parecido inicialmente comprometida con un fondo de 20.000 millones de euros para las gigafactorías, la Comisión ha ido reduciendo poco a poco sus compromisos financieros.
Una financiación de 30.000 millones de euros
El tramo de financiación pública del proyecto se redujo hasta situarse en aproximadamente un tercio de la inversión total, mientras que los otros dos tercios deberán proceder del sector privado, y de ese tercio de la UE solo la mitad será aportada por Bruselas, el resto correrá a cargo de los países comunitarios que respalden la iniciativa.
Como resultado, Bruselas aportará en torno a 5.000 millones de euros, cantidad que se igualará con otros 5.000 millones procedentes de los gobiernos europeos, a los que se sumarán unos 20.000 millones en inversión privada.
Con el presupuesto actual, sin embargo, Bruselas solo puede comprometer 1.000 millones de euros, y se espera que el resto proceda del próximo Marco Financiero Plurianual (MFP), que sigue siendo una incógnita, ya que continúa siendo objeto de intensas negociaciones entre los Estados miembros.
"No podemos anticiparnos a las decisiones sobre el próximo MFP. Les hemos dado nuestra mejor estimación de cuánto dinero podríamos obtener de ese futuro MFP para poder apoyar la segunda fase", afirmó un alto cargo de la Comisión.
La carrera por albergar las gigafactorías de IA
A cambio de su aportación pública, la UE y los Estados miembros que la respalden recibirán una cuota proporcional de acceso a capacidad de computación, que podrán asignar a proyectos públicos, centros de investigación y laboratorios de IA de su elección.
Todos los costes operativos recaerán en los actores privados implicados, y los responsables comunitarios insisten en que los proyectos deben ser financieramente sostenibles gracias al desarrollo de sus propios servicios comerciales, dado que el acceso a capacidad de cálculo de IA sigue siendo escaso y valioso.
En el pasado, proyectos de infraestructura de esta envergadura han recibido críticas, ya que tienden a favorecer a los Estados miembros con mayores recursos. Diez países han mostrado interés en albergar una gigafactoría: Alemania, Italia, Francia, Polonia, Chequia, Dinamarca, Finlandia, Grecia, Portugal y España. Son posibles consorcios formados por un solo país o por varios, y París ya ha indicado que pretende hacerlo en solitario.
El desafío de reducir la dependencia de los chips de IA
Otro reproche recurrente es que, aunque las gigafactorías aspiran a crear una infraestructura europea soberana, la UE sigue dependiendo en gran medida de proveedores extranjeros para los chips especializados de IA.
En este sentido, la Comisión ha firmado memorandos de entendimiento con tres fabricantes de chips: Nvidia, AMD y Qualcomm. Entre los criterios para evaluar las ofertas figuran también medidas para evitar posibles efectos de dependencia excesiva respecto a los proveedores.
"Somos muy conscientes de que queremos reforzar la capacidad de Europa, pero también debemos reconocer, al mismo tiempo, que queremos hacer algo de IA ya. Se trata de encontrar el equilibrio adecuado", señaló un alto responsable de la UE.
Se espera que los proyectos seleccionados inicien la construcción física de las gigafactorías a comienzos de 2027 y que las instalaciones entren en funcionamiento hacia mediados de 2028.