Una cadena montañosa del centro de China se ha convertido en un destino de referencia para estudiantes deseosos de aprender artes marciales taoístas. En esta parte de la cordillera de Wudang, jóvenes practicantes se entrenan en tai chi y kung-fu en escuelas situadas entre templos y laderas cubiertas de bosque.
El taoísmo tiene una presencia muy arraigada en Wudang. Según la leyenda, el primer discípulo de Laozi se estableció en la montaña hace más de 2.500 años, lo que contribuyó a difundir las enseñanzas que más tarde darían lugar a una de las principales ramas del taoísmo.
En estas laderas de impresionante belleza, los alumnos más entregados buscan la quietud interior a través del arte del tai chi.