En el Ártico, una bóveda guarda más de un millón de muestras de semillas como copia de seguridad del suministro mundial de alimentos. La Bóveda Global de Semillas de Svalbard ha recibido este año el Premio Princesa de Asturias de Cooperación Internacional 2026. Lene Krøl Andersen, directora de NordGen, habló del proyecto con Ronald Kato, de 'Africanews' y 'Euronews' en Oviedo con motivo del galardón.
La bóveda nació, explica Andersen, para proteger la biodiversidad actual del cambio climático. Como la naturaleza está bajo presión, los rasgos genéticos de los cultivos del futuro podrían dejar de estar disponibles en ella. Andersen compara el banco con una biblioteca: sus "libros" contienen el conocimiento necesario para desarrollar cultivos futuros.
Las semillas no se guardan para que evolucionen, sino para preservarlas lo más fieles posible al original, lo que amplía la diversidad. Qué hacer con esos rasgos corresponde a investigadores, que pueden recurrir a la edición genética. Preguntada por la ley noruega, que prohíbe la modificación genética, Andersen dijo que la tecnología evolucionará, sin pronunciarse sobre un cambio normativo.
Un respaldo, también en países en guerra para preservar su naturaleza
Ucrania y Sudán han depositado semillas. Con Ucrania, la colaboración sigue activa y se organizó un mecanismo para ponerlas a salvo.
Svalbard es el último recurso: primero están las copias locales, después otro banco de genes y, si ambos fallan, la bóveda. Los países pueden retirar sus semillas cuando las necesiten.
La bóveda no aborda los conflictos geopolíticos. Allí conviven semillas de Rusia, Estados Unidos y Ucrania. Según sus colegas, los problemas del exterior “se enfrían” dentro.
Un seguro para los agricultores del mundo
Para un agricultor de Senegal o Uganda, que su variedad local de caupí o quimbombó esté en el Ártico es, según Andersen, un seguro de futuro para la próxima generación.
Mirando al futuro: 50 años adelante
Andersen espera comprender mejor la diversidad y poner esa información a disposición de todos.
Recuerda que Svalbard guarda la colección global, pero el trabajo real se hace en cada banco de genes nacional, donde está el conocimiento y el vínculo con el agricultor, cuyo saber es fundamental.