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Los demócratas arrebatan la Cámara de Representantes a los republicanos

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Los demócratas arrebatan la Cámara de Representantes a los republicanos

Nancy Pelosi
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REUTERS/Jonathan Ernst
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Trump llama por teléfono a Pelosi para felicitarle por su victoria. Han quedado sentadas las bases para unas elecciones presidenciales muy competitivas dentro de dos años, en las que Trump buscará la reelección.

Los demócratas lograron arrebatar la mayoría a los republicanos en la Cámara de Representantes de Estados Unidos, una victoria que vaticinaban las encuestas sobres las elecciones a mitad de mandato y que, a falta de conocer su holgura, supondrá un freno al presidente, Donald Trump, para avanzar su agenda legislativa en el Congreso.

El resultado de los comicios ha sido, en parte, un mero reflejo de dinámicas geográficas: los escaños clave en la Cámara Baja se disputaban en zonas suburbanas donde Trump es muy impopular, mientras que la mayoría de los 35 asientos en juego en el Senado se jugaban en áreas rurales en las que el presidente ganó en 2016.

El senador Bernie Sanders renovó su escaño. Quien hubiera podido tener más posibilidades de desbancar a Trump de haber sido candidato en lugar de Hillary Clinton apenas hizo en esta ocasión campaña propia y se dedico a apoyar a otros candidatos.

Los demócratas han vencido en la Cámara Baja logrando los 23 escaños que necesitaban arrebatar a los conservadores para hacerse con la mayoría, un número que podría ampliarse a escrutinio completo hasta en otros diez escaños.

Durante su discurso de victoria, la líder demócrata de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, de 78 años, aseguró que "mañana será un nuevo día" para el país e insistió en que servirá para poner fin a la división que vive Estados Unidos.

Pelosi, quien será a partir de enero la presidenta de la Cámara Baja después de ocho años en manos conservadoras, dijo que el logro de los demócratas de esta noche no tiene que ver con las diferencias partidistas, sino con "conservar los valores constitucionales".

"Con esta nueva mayoría demócrata vamos a honrar los valores de nuestros padres fundadores", insistió la congresista por California, al subrayar la necesidad de "restaurar el control y la división de poderes" en Estados Unidos, tras dos años de control absoluto republicano en la Casa Blanca y las dos cámaras del Congreso. "Todos hemos tenido suficiente división. El pueblo estadounidense quiere paz. Quieren resultados", reiteró la demócrata.

Pelosi se convirtió en 2006 en la primera mujer en llegar a la presidencia de la Cámara Baja en la historia, pero en 2010 los demócratas perdieron la mayoría en favor de los republicanos, momento desde el cual ha sido la líder de la minoría.

No obstante, a lo largo de la campaña una parte de su partido le ha pedido que deje espacio a otros congresistas para ponerse al frente de los progresistas en el Congreso, lo que le ha acarreado también numerosas críticas también por parte de los republicanos.

Horas antes de la victoria, Pelosi descartó en una entrevista con la cadena PBS que vayan a llevar a cabo un juicio político para buscar la destitución del presidente y prefirió mostrarse como el freno de las políticas abusivas de los republicanos y la defensa del acceso a la sanidad pública.

No ha habido alarmas de intrusiones informáticas pese a las informaciones que se referían a ataques preventivos de Estados Unidos.

Aunque los demócratas no comiencen un juicio político contra Trump, como se ha especulado casi desde que llegara a la Casa Blanca, sí podrán tener la iniciativa sobre de las comisiones de control de la Cámara Baja, impulsar leyes y abrir procesos de investigación y control de poder.

El cambio demócrata comenzó en Virginia, donde la actual congresista del Partido Republicano, Barbara Comstock, perdió su escaño en la Cámara de Representantes por el 10º distrito del estado ante la demócrata Jennifer Wexton.

Esa carrera, en un distrito suburbano del norte de Virginia que Hillary Clinton ganó por 10 puntos porcentuales en 2016, era considerada por muchos observadores fundamental para las esperanzas republicanas de mantener el control de la Cámara Baja.

En Florida, la demócrata árabe-estadounidense Donna Shalala se hizo con el escaño del distrito 27º, que conservaba desde 1989 la republicana Ileana Ros-Lehtinen, veterana cubano-estadounidense que se retiró este año, mientras que la también progresista Debbie Mucarsel-Powell venció al congresista conservador Carlos Curbelo por el distrito 26º.

Las mujeres, hasta el momento, parecen liderar las victorias para el giro demócrata de la Cámara de Representantes, donde hasta hoy los republicanos gozaban de una ventaja de 235 escaños por 193 de la oposición, más siete asientos vacantes.

De la mano del rechazo al presidente Donald Trump, los demócratas esperan tener unos resultados similares a los comicios de 2006, cuando se hicieron con 31 escaños ocupados por el Partido Republicano en medio del descontento de los votantes con el entonces presidente, George W. Bush, y la guerra de Irak.

Sin embargo, las altas expectativas de los demócratas que indicaban una "ola azul" se han visto deslucidas por la victoria republicana en el Senado, donde los conservadores mantendrán la mayoría e incluso, previsiblemente, será mayor.

Con una cámara del Congreso en manos de cada partido, las elecciones legislativas en EE.UU. apuntaron a una profundización de las divisiones que espoleó el ascenso al poder del presidente, Donald Trump, que ha contribuido a ahondar esa brecha con su estilo de Gobierno.

Trump convirtió los comicios de medio mandato en un referéndum sobre su Presidencia, pidiendo a su base que imaginara que estaba votando por él, y el resultado de ese plebiscito fue aparentemente contradictorio: los republicanos mantuvieron el control del Senado, pero los demócratas tomaron las riendas de la Cámara Baja.

"Un tremendo éxito esta noche. ¡Gracias a todos!", fue la reacción de Trump, en este tuit.

El mandatario confesó este fin de semana que su prioridad en las legislativas era retener el control del Senado, una cámara que considera clave para impulsar sus prioridades legislativas y sacar adelante a los nominados para su gabinete y para puestos judiciales, que solo requieren la aprobación de ese hemiciclo.

Haber cumplido ese objetivo -con pequeños bonus como la victoria en la gobernación de Florida de su aliado Ron DeSantis- pareció satisfacer a Trump, pero la nueva mayoría demócrata en la Cámara de Representantes supone una notable barrera a su programa político que promete darle muchos dolores de cabeza.

Aunque los comicios supusieron una clara victoria para los demócratas, la "marea azul" de la que tanto habló la oposición durante casi dos años se quedó a medias, y la alta participación no evitó que las urnas volvieran a reflejar, como ya hicieron hace dos años, la profunda polarización en el país.

"Las pautas generales de votación en la Cámara Baja y el Senado, así como las encuestas a pie de urna, fueron señales de que las diferencias y divisiones que han definido el país durante la Presidencia de Trump continúan, y parecen fortalecerse", publica hoy The Washington Post.

Los demócratas "no han superado" aún la victoria de Trump en las elecciones presidenciales de 2016, en palabras de Susan Glasser, analista de The New Yorker, y muchos de ellos esperaban que los comicios legislativos borraran como por arte de magia la imagen oscura que tienen desde hace dos años sobre su país.

Ese vacío no pudo llenarse en las urnas, pero la oposición a Trump logró un altavoz más potente para su resistencia con el control de la Cámara Baja, además de victorias para la gobernación en dos estados que en 2016 fueron claves para la elección de Trump: Michigan y Pensilvania.

Por su parte, los republicanos se han ligado irremediablemente en esta campaña al estilo de Trump, que ha dominado la contienda con su discurso alarmista sobre inmigración y con mentiras sobre la caravana de centroamericanos y los planes de los demócratas.

Ambos partidos deberán hacer examen de conciencia antes de que el nuevo Congreso tome posesión en enero, pero es improbable que el presidente se sume a ese ejercicio, como sí hicieron George W. Bush y Barack Obama durante sus derrotas en las legislativas de 2006 y 2010, respectivamente.