Macron enfrenta los estragos de las protestas en París

Macron enfrenta los estragos de las protestas en París
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Por Euronews con EFE
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Los vecinos y comerciantes de la plaza Étoile observan con impotencia los destrozos en su barrio, que quedó completamente destruido ante la anarquía que nadie supo parar.

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París se ha despertado con las trágicas secuelas de las protestas de 'los chalecos amarillos'.Emmanuel Macron, de regreso de Buenos Aires, llevó a cabo una reunión de suma urgencia en el Palacio del Elíseo para enfrentar la crisis nacional que se ha vivido estos últimos días.

El presidente francés también visitó el Arco del Triunfo, que fue objeto de vandalismo durante las protestas. Los vecinos y comerciantes de la plaza Étoile observan con impotencia los estragos en su barrio, que quedó completamente destrozado ante la anarquía que nadie supo parar.

"Es muy trágico ver esto, eso es seguro, pero creo que lastimosamente, es la única manera de comunicarse con el gobierno en este momento. Creo que se debe tomar en cuenta lo que pasó ayer. El señor presidente tiene que aceptar lo que pasó, que tiene algo de culpa. Es el único que puede cambiar la situación porque creo que la gente no se detendrá. La gente está harta", lamenta Pierrick, un taxista de 50 años.

Para Catherine de 63 años, vivir esta situación en una "sociedad democrática" es muy triste.

"Creo que es triste que la gente, que tiene hambre, se vea obligada a llegar a esto para ser escuchada", explica.

Sébastien Granier, originario de Avignon en el sur de Francia, se encontraba de visita en París durante la revuelta.

"No soy rico, gasto 400 euros al mes para cargar mi tanque. Vivo en el sur de Francia, en Avignon. Apoyo a los chalecos amarillos, donde estamos la situación está tranquila. Cuando estoy atascado en el tráfico soy paciente porque creo que es positivo. Pero lo que están haciendo aquí no tiene nada de positivo. Es perjudicial para el movimiento", opina Sébastien.

Los comerciantes hacen el balance de las pérdidas de sus negocios, algunos completamente saqueados. A muchos no les quedó más que resignarse y observar aterrorizados la trágica situación desde sus balcones.

La policía y los bomberos retiran los últimos vehículos calcinados, y los obreros barren los cristales rotos que se amontonan en las calles. Esperan no tener que volver a pagar los platos rotos el próximo sábado, ya que los chalecos amarillos han llamado a una nueva manifestación masiva.

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