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Cómo tus fotos en Instagram y tus "me gusta" en Facebook te pueden costar un crédito bancario

Cómo tus fotos en Instagram y tus "me gusta" en Facebook te pueden costar un crédito bancario
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Photo by Erik Lucatero on Unsplash
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Compartimos nuestros gustos en Facebook, nuestros viajes en Instagram y nuestras opiniones en Twitter. Compramos online. Buscamos respuesta a nuestras preocupaciones en Google y soluciones en aplicaciones. Todas estas acciones cotidianas dejan un valioso rastro en Internet, del que se aprovechan las empresas no solo para perfilarnos en el presente, sino para predecir nuestros comportamientos futuros.

Este es uno de los argumentos del libro 'Datanomics' de la abogada y experta en ciberseguridad Paloma Llaneza, en el que da respuesta a la siguiente pregunta: ¿Por qué, a pesar de no haber impagado nunca una deuda, te pueden denegar un crédito?

En una entrevista con Euronews, Llaneza explica que la mejora en la recogida y almacenamiento de datos y su utilización para entrenar inteligencias artificiales permite a las empresas crear correlaciones a partir de los gestos más mínimos que compartimos en las redes.

"Los cambios de humor a lo largo del día, pequeños hábitos, emociones que vamos dejando a partir de los múltiples servicios que vamos usando y se van cruzando", explica, lo que permite poder adivinar si una persona tiene una probabilidad mayor o menor de divorciarse en un futuro, de no pagar un crédito, o de enfermar.

Antes, los sistemas de crédito estaban basados en la expectativa de si uno pagaba sus créditos de manera regular y no dejaba de pagar una tarjeta de crédito, señala Llaneza. Sin embargo, ahora "se valora por ejemplo si la persona empieza a comprar en tiendas dónde hay compradores con altos porcentajes de incumplir sus pagos".

"No se tiene en consideración tu comportamiento únicamente, sino en relación con un grupo de gente", añade.

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Llaneza apunta que esta utilización de datos es mayor en los mercados no regulados en materia de privacidad, como Estados Unidos, mientras que la directiva de la Unión Europea ha jugado a favor de los usuarios, al homogeneizar la regulación en todos los países del bloque, así como al aplicarla a aquellas empresas extracomunitarias que ofrecen servicios a ciudadanos de la UE.

"Estamos en mejor situación técnicamente hablando y sobre todo desde los negocios que nacen en la UE", asegura. "El problema es que las condiciones legales han sido firmadas por muchos usuarios y, aunque se han modificado, siguen siendo excesivas y las grandes corporaciones ya tienen mucha información sobre todos nosotros".

Aunque desde un punto de vista legal la regulación europea basada en el consentimiento es "irreprochable", apunta Llaneza, "las condiciones legales son largas, están redactadas en un lenguaje críptico y los propios servicios, productos y aplicaciones están pensados para tirar de una necesidad imperiosa del usuario para tenerlo de manera inmediata".

Pero, ¿hay forma de salvaguardar nuestros datos en un mundo dominado por la tecnología?

Llaneza dice que no quiere dar un visión tan pesimista. "Me gustaría pensar que una vez el tema está encima de la mesa, la agenda política se reorientará a conseguir que estas empresas tengan un poder inferior, que sea posible controlarlas desde un punto de vista de transparencia y que el consentimiento se articule de una manera distinta", indica.

A nivel personal, dice que es imposible no tener una huella digital, pero que se pueden limitar los daños. Ella se ha borrado de Facebook y WhatsApp y no usa Google como buscador.