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La bioeconomía importa

La bioeconomía importa
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En los últimos años, la Unión Europea ha invertido casi 4.000 millones de euros en investigación para desarrollar la economía de forma sostenible. El sector de la bioeconomía ya emplea a 18 millones de personas y su volumen de negocio anual es de unos 2 billones de euros.

Un enorme potencial económico en agricultura, silvicultura, pesca, alimentación o bioenergía que depende de un sinfín de productos basados en la biotecnología, que se están desarrollando actualmente y que están llegando al mercado en todo el continente.

Cada año en Finlandia una fábrica de bioproductos transforma 6,5 millones de metros cúbicos de madera en pulpa para las industrias de papel y cartón sin un solo litro de combustibles fósiles. La iniciativa es sólo una de las muchas que se están llevando a cabo en la actualidad para apoyar al sector de la Bioeconomía en la Unión Europea. Cada año se producen alrededor de 1,3 millones de toneladas de este material. Sin embargo, no se utilizan combustibles fósiles en todo el proceso. La fábrica es completamente autosuficiente. Todo el sistema se basa en la idea de intentar crear productos sostenibles utilizando menos agua y menos energía.

¡La inversión industrial a gran escala crea bienestar! El aumento anual en el valor de las exportaciones sería de medio billón de euros.

Después toca imaginar cómo utilizar la pulpa de madera en aplicaciones diferentes a la producción habitual de papel y cartón. En la actualidad, los investigadores están impulsando el desarrollo de cartones sostenibles de tres capas destinados a la fabricación de envases innovadores. La fábrica contó con una inversión inicial de 1.200 millones de euros. Los gerentes confían en que estos productos ecológicos de madera innovadores ayuden a recuperar esa enorme inversión.

Otro paso clave para reducir la dependencia de los combustibles fósiles será la capacidad de producir más y mejores bioplásticos biodegradables. Ese es precisamente el objetivo de toda la tecnología experimental que se está desarrollando y probando en una fábrica del norte de Italia. La receta secreta incluye almidón de maíz, celulosa y aceites vegetales como materias primas. Una compleja cadena de fabricación, que contiene procesos mecánicos como la extrusión y el soplado, transforma estos materiales naturales en películas bioplásticas, que posteriormente pueden utilizarse para producir bolsas de la compra biodegradables. El bioplástico debe ofrecer la misma resistencia que el plástico petroquímico ordinario. De ahí la necesidad de realizar pruebas mecánicas.

Estas pruebas forman parte de un proyecto de investigación europeo destinado a repensar toda la cadena de valor del plástico, en un esfuerzo por crear nuevos modelos de negocio y proteger mejor el medio ambiente.

Los investigadores se reúnen regularmente para intercambiar sus ideas sobre innovaciones y diseños ecológicos que utilizan bioplásticos. Europa produce cada año unos 25 millones de toneladas de residuos plásticos. Sólo una tercera parte se recicla, el resto se quema o acaba en vertederos. Por lo tanto, se necesitan soluciones urgentes como los bioplásticos. Los investigadores esperan que su trabajo contribuya al objetivo europeo de transformar 10 millones de toneladas de plásticos reciclados en productos nuevos para 2025. Según los científicos, junto con la investigación y la innovación, la educación desempeñará un papel crucial en la consecución de ese objetivo. Para comprender estas necesidades, los investigadores han recurrido al concepto de "ciencia ciudadana", implicando a las asociaciones de consumidores para dar a conocer cuáles son las expectativas sociales y de mercado a la hora de reforzar la economía circular en el sector del plástico.

Cada año se transforman en Noruega un millón de metros cúbicos de abeto noruego en celulosa, lignina, bioetanol y fibras de celulosa, que se pueden convertir en bioproductos mediante un proceso conocido como "fibrilación". Un proyecto de investigación europeo está estudiando las posibilidades de uno de los productos resultantes llamado Exilva, que podría ser útil para muchas aplicaciones en las que hasta ahora se utilizan productos químicos o derivados del petróleo.

Mediante el uso de los diferentes componentes de la madera, se produce productos de lignina, celulosa especialidad, vainillina y bioetanol para una variedad de aplicaciones en diferentes sectores.

El trabajo de investigación en el laboratorio ayuda a mejorar y a estudiar las propiedades del producto y de sus posibles aplicaciones industriales. Los científicos trabajan para que sea eficiente y robusto en ambientes hostiles. Este es solo uno de los 700 productos basados en materias primas naturales que se están desarrollando aquí, que según los investigadores, deberían seguir llegando a los mercados, ya que la Unión Europea tiene previsto invertir otros 10.000 millones de euros en investigación en Bioeconomía para 2027.