La UE apuesta por la nube y los chips para reducir su dependencia tecnológica de Estados Unidos y China y volver así a competir, pero su éxito y la reacción de ambas potencias siguen en duda.
La Comisión Europea ha presentado un amplio paquete sobre soberanía tecnológica para impulsar las tecnologías propias y reducir su dependencia exterior, especialmente de empresas estadounidenses y chinas. Sigue en el aire si la iniciativa supondrá un cambio de calado real y cómo reaccionarán las dos superpotencias.
"Vivimos en un mundo en el que la política general y la tecnología van de la mano; quienes defiendan la innovación tecnológica darán forma al futuro. Y debemos asegurarnos de que Europa desempeñe un papel de liderazgo", afirmó la vicepresidenta ejecutiva de la Comisión Europea y comisaria europea de Soberanía Tecnológica, Seguridad y Democracia, Henna Virkkunen.
El paquete pretende reforzar el sector tecnológico europeo con un fuerte énfasis en la infraestructura de la nube, los servicios de inteligencia artificial, el código abierto y los chips, considerados pilares estratégicos.
La UE importa la mayor parte de sus servicios y productos tecnológicos del extranjero. El mercado digital está dominado por gigantes estadounidenses como Google, Microsoft y Apple, y por conglomerados chinos como Alibaba y ByteDance, propietaria de TikTok.
En su célebre informe sobre el estado de postración de la economía europea, el ex presidente del Gobierno italiano Mario Draghi sostuvo que la divergencia reciente en el crecimiento del PIB entre la UE y Estados Unidos podía explicarse en gran medida por el peso de las tecnologías digitales.
Tras haberse quedado fuera de la primera ola de la economía digital, impulsada por los servicios de internet, Draghi advirtió de que la última oportunidad de Europa para reincorporarse a la carrera tecnológica no debía desaprovecharse: el potencial transformador de la inteligencia artificial.
Aunque la dependencia de tecnologías extranjeras era conocida desde hacía décadas, la agenda comercial asertiva del presidente estadounidense Donald Trump y la disposición de China a instrumentalizar esas dependencias han dado un nuevo impulso político al debate.
La pregunta de fondo es si el movimiento de Bruselas llegará demasiado poco y demasiado tarde, y cuál será el coste económico de romper dependencias profundas si la UE provoca la ira de Washington y Pekín.
¿Qué incluye el paquete?
El principal objetivo de la propuesta de la Comisión Europea es el sector de la nube, la infraestructura física sobre la que se apoyan la mayoría de los servicios digitales. Amazon, Microsoft y Google concentran el 80% del mercado europeo, con los proveedores con sede en la UE relegados a un papel marginal.
El borrador de ley introduce cuatro niveles de soberanía digital que las autoridades públicas deberán considerar al contratar servicios en la nube, según la sensibilidad del uso previsto.
El nivel más alto, que abarca sectores como la defensa y la sanidad, excluiría en la práctica a empresas no europeas de contratos públicos. El objetivo es evitar el llamado escenario del "interruptor de apagado", el riesgo de que un Gobierno extranjero pueda cortar el acceso a infraestructuras críticas.
Para el eurodiputado Axel Voss (PPE/Alemania), el enfoque de la Comisión es ambicioso y pragmático. "Construir una verdadera soberanía europea en la nube y en la IA llega con retraso, y dar a nuestros proveedores un papel justo en licitaciones estratégicas es la reacción adecuada", afirmó.
Europa también necesita ponerse al día en chips, componentes esenciales en casi todos los dispositivos electrónicos. Los más avanzados, utilizados en IA de vanguardia, se diseñan en Estados Unidos y se fabrican en Taiwán o Corea del Sur.
Tras el fracaso del primer Chips Act para atraer fábricas de semiconductores mediante subvenciones, la Comisión cambia ahora de estrategia, apostando por estimular la demanda de chips europeos.
Sectores clave como el automóvil deberán diversificar proveedores de chips, dentro de un esfuerzo más amplio por reducir la dependencia de productores subvencionados por China, acusados de dumping.
¿Será eficaz?
El principio rector de la iniciativa es la inteligencia artificial, la tecnología que está reconfigurando la economía digital, como hizo internet en su día. La nube y los chips constituyen su infraestructura básica.
Sin embargo, el mercado de la IA está dominado por empresas como OpenAI, Anthropic y DeepSeek. Una preferencia europea en contratos de defensa podría servir de salvavidas a Mistral AI, la única firma de la UE en la primera línea de la carrera por la IA.
La UE va muy por detrás en la construcción de centros de datos necesarios para cubrir la demanda futura de IA, lastrada por autorizaciones lentas, altos costes energéticos y falta de suelo.
"Europa no puede salir de la dependencia tecnológica solo a golpe de regulación", dijo el eurodiputado Matthias Ecke (S&D/Alemania). "Debe construir su propia capacidad y devolver capacidad de elección a empresas y consumidores".
Al mismo tiempo, la UE prevé sumarse a la iniciativa liderada por Estados Unidos Pax Silica para asegurar las cadenas de suministro de chips, reconociendo que no puede prescindir a corto plazo de los producidos por Nvidia.
Esa dependencia podría ser autoperpetuadora: reguladores y competidores advierten de que Nvidia tiende a crear un ecosistema cerrado difícil de abandonar.
¿Habrá una reacción?
El concepto de soberanía tecnológica nació en círculos de defensa franceses y se trasladó al ámbito digital por su potencial de doble uso, especialmente durante el primer mandato de Trump.
Un toque de atención llegó cuando, tras la orden de detención del Tribunal Penal Internacional contra el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, la Administración estadounidense sancionó a responsables de la Corte, cortándoles el acceso a servicios cotidianos como Visa, Amazon y Uber.
A medida que Washington ha recurrido al uso de servicios críticos como un arma arrojadiza, han aumentado los temores a represalias ante cualquier trato considerado injusto por parte de las empresas estadounidenses.
Fuentes internas de la Comisión consideran, no obstante, que el frente estadounidense está en gran medida pacificado por el acuerdo de Turnberry entre la UE y Estados Unidos, y aseguran que el tono reciente ha sido más constructivo de lo que sugieren los choques públicos.
En el frente chino, la soberanía tecnológica es solo uno de los muchos ejes de una relación cada vez más tensa entre Bruselas y Pekín, con el riesgo de una guerra comercial en aumento.
Tanto Washington como Pekín han instrumentalizado dependencias estratégicas en lo que el analista Mark Leonard ha denominado la 'Edad de la despacificación'. Ninguna de las dos potencias puede permitirse perder el acceso al mercado europeo.
¿Hacia dónde se dirige Europa?
En la compleja cadena de valor de los chips, Europa controla cuellos de botella críticos, especialmente a través de la empresa neerlandesa ASML, que mantiene un cuasi monopolio en maquinaria clave para su producción.
El paquete incluye además una estrategia para aprovechar el código abierto, que podría ayudar a superar la fragmentación tecnológica europea, aún incapaz de generar un competidor integrado frente a Silicon Valley.
Aun así, la falta de un mercado único realmente escalable y el acceso limitado al capital siguen empujando a las startups europeas a emigrar, problemas que la Comisión intenta abordar con la propuesta EU Inc. y la unión de los mercados de capitales.
En resumen, la UE afronta problemas estructurales persistentes. El paquete de soberanía intenta mitigarlos aprovechando los puntos fuertes europeos, asumiendo que la autonomía total es irrealista.
Japón, por ejemplo, acuñó el concepto de "indispensabilidad estratégica", que subraya la importancia de controlar puntos de apalancamiento clave.
"El objetivo es lograr algo visible de aquí a 2030", afirmó Virkkunen. "El 80% de la tecnología procede de fuera de Europa. No vamos a cambiar eso de la noche a la mañana".