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Compost de champiñones: de residuo inútil a joya biológica

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Compost de champiñones: de residuo inútil a joya biológica
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El compost de champiñones sólo se puede utilizar para unas pocas cosechas, después es inútil para el cultivo. El proyecto BioRescue demuestra cómo se pueden producir biopesticidas a partir del compost.

En Irlanda, los científicos tratan de averiguar cómo aprovechar el compost. Tehallan, en Monaghan, es el hogar de uno de los mayores cultivadores de champiñones del mundo. En el conjunto de la Unión Europea se cultivan 1 millón de toneladas de setas al año. El punto negativo es que cada tonelada de champiñones genera tres toneladas de compost.

Jude Wilson, bióloga de MBio, nos muestra la primordia, "una de las primeras etapas del cultivo de hongos. La segunda etapa sería entonces lo que llamamos mini botones. Y luego crecen hasta que alcanzan este tamaño. Esto ya está cerca de un champiñón. Así que ya hay cosechados un número de champiñones de esta remesa y habrá otros tres días de cosecha en esta remesa".

El compost de champiñones usado es el centro de un proyecto de investigación europeo. El objetivo de los científicos es desarrollar una biorrefinería sostenible para transformar los residuos orgánicos en bioproductos.

Deshacerse del compost se ha convertido en un gran reto logístico y económico para los productores que puede costar entre 15 euros (Países Bajos) hasta 50 euros (Irlanda) por tonelada.

"Desde nuestra perspectiva, vemos el compost como una joya no deseada. En la actualidad, el compost se elimina en los vertederos o bien se esparce por las tierras agrícolas. Nuestro deseo es usar el compost y crear aplicaciones de mayor valor que sean increíblemente útiles para la sociedad", dice Peter Corcoran, CEO de MBio.

Pero hasta entonces, la investigación sobre el compost continúa en otros países europeo como España, en pamplona.

El Centro Nacional de Energías Renovables (CENER) lidera las actividades de investigación que quieren transformar el compost de champiñón usado en fertilizantes y nanoportadores biodegradables para medicamentos. La producción de biopesticidas ya ha sido demostrada con éxito por los científicos españoles.

Irantzu Alegría, Bióloga del CENER, explica que "como la concentración de los azúcares en el residuo de la champiñera son relativamente bajos, lo que hacíamos es mezclarlo con paja del trigo. De esta manera concentramos, incrementamos el contenido en azúcares. Lo que generamos es un slurry". Los azúcares obtenidos mediante la conversión bioquímica del compost de hongos mezclado con la paja de trigo se utilizan para fabricar pesticidas orgánicos respetuosos con el medio ambiente.

Los beneficios son enormes. "Con el biopesticida atacas a unas especies concretas de pestes. Sin embargo, con los insecticidas tradicionales, eliminas buena parte de los insectos que están en el campo", explica Alegría.

El ensayo del laboratorio se pone en producción a gran escala en la biorrefinería. Sin embargo, será necesaria más investigación antes de que las plantas con el nuevo proceso de biorrefinería (creación de biopesticidas, nanocarrier, fertilizantes, etc.) puedan ser construidas para los cultivadores de hongos.

El Ingeniero Agrónomo del CENER David Sánchez González asegura que "ésta es una ruta que es viable tanto técnicamente como económicamente, se obtiene productos de valor añadido y se evita tener que llevar a un vertedero todo este material; entonces, realmente son beneficios por todas partes lo que se puede decir del proceso que se desea desarrollar.”