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Bulgaria, la historia de un servicio de salud enfermo

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Bulgaria, la historia de un servicio de salud enfermo
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Frente a la unidad de emergencias de la capital de Bulgaria, Sofía, decenas de nuevas y brillantes ambulancias están preparadas para salir. La Unión Europea apoyó mucho al país para mejorar la infraestructura médica. Muchas de estas ambulancias se deben a un proyecto fundamentalmente financiado por la UE para modernizar todos estos vehículos en el país. Pero la emergencia más urgente es la mano de obra no las herramientas.

Los médicos y enfermeras de Bulgaria están abandonando el país en busca de mejores salarios en Europa Occidental. Una epidemia que dejó al país sufriendo una drástica escasez de personal médico"

Tres de cada cuatro estudiantes de medicina búlgaros están tentados a irse. Los principales "lugares de destino" son Alemania, Austria y los países escandinavos.

Nos reuniremos con Kristina Mancheva y Rudi Josif Yener von Fergutz, un equipo de emergencia de Sofía, que trabaja mano a mano desde hace años. Tomaron la decisión de quedarse y de afrontar el reto de mantener en funcionamiento un servicio de emergencia con una gran escasez de personal.

“El principal problema es la falta de personal médico en todas partes, pero en particular en las unidades de emergencia. Tenemos una necesidad real de conseguir más personal de emergencia. Trabajamos con menos de la mitad del personal que realmente necesitamos", nos explica Mancheva.

Una llamada de emergencia interrumpe nuestra entrevista y acompañamos al equipo. Ninguno de los dos sabe aún de qué se trata. Podría, incluso, ser una cuestión de vida o muerte. Cuando llegamos, una señora mayor de queja de un fuerte dolor en el pecho. La buena equipación de los procesionales les permite realizar un electrocardiograma con una máquina portátil. La señora está bien, no ha sido nada grave.

Bulgaria envejece rápidamente, las necesidades médicas aumentan mientras la población joven en edad de trabajar se va... Las Naciones Unidas estiman que Bulgaria perderá el 23 por ciento de su población para el año 2050.

Sólo Alemania ha "importado" unos 50.000 médicos del extranjero. Además, se estima que entre 100.000 y 300.000 enfermeras y paramédicos, principalmente de Europa del Este.

Mancheva pide a sus colegas que vuelven a casa…"En Bulgaria tenemos médicos muy buenos y es un gran dolor perder a esos colegas. A los quienes se fueron, les digo: '"Vuelvan a su país, vuelvan a casa, vuelvan a Bulgaria'"

Vidin, otra ciudad del condado, se está vaciando. Es la región búlgara con la media de edad más alta. Aquí las farmacias se multiplican. Allí hablamos con Tsvetelina Miloslavova. Sobrevivió a un cáncer. Pero después de un fuerte tratamiento, ahora lucha contra la elefantiasis. Los pacientes como ella deberían recibir un tratamiento especial de fisioterapia para sus piernas varias veces a la semana. Pero no hay manera de encontrar este alivio del dolor en Vidin: "Cada día tengo que pasar por lo menos tres horas para cambiar los vendajes. Una hora y media por la mañana, una hora y media por la tarde... No quedan suficientes enfermeras cualificadas en Bulgaria para cuidar de mí. Y hasta los fisioterapeutas que saben aliviar mi sufrimiento me dicen enseguida que sólo unos pocos se quedan en el país... se pueden contar con los dedos de una sola mano".

Antes de aceptar una oferta de trabajo como director de la clínica privada Omega en Vidin, Dantshko Kirashki trabajó durante largas décadas en el hospital público local: un hospital sin departamento de urología, y donde - el día antes de nuestra visita el departamento de neurología cerró. ¿Cuáles son las consecuencias de la continua fuga de cerebros médicos para los pacientes que viven en esta región?

"Las consecuencias son terribles, porque no nos queda suficiente personal médico especializado
Dantshko Kirashki
Médico

"Terrible. Las consecuencias son terribles, porque no nos queda suficiente personal médico especializado... Nos faltan importantes departamentos médicos y los hospitales que todavía ofrecen esas capacidades tan cruciales están a unos 60 y 100 kilómetros de aquí y transportar a los pacientes a tal distancia es a veces peligroso. Cuando mis colegas empezaron a salir masivamente, teníamos unos 300 médicos en Vidin, hoy la cifra se ha reducido a unos 120", cuenta Kirashki.

De vuelta en Sofía hablamos con Rumyana Todorova, una de las médicas búlgaras que ha dejado el país. Ella es forense y vive en Alemania desde hace cinco años. Alrededor de 2000 médicos búlgaros se dirigieron a allí. Está visitando por unos días a sus amigos y familiares. ¿Por qué tomó la decisión de dejar su país de origen? "Los médicos no tienen suficiente reconocimiento en la sociedad búlgara en general. Así que me pregunté si realmente quería exponerme a este tipo de desprecio. Se necesita mucho esfuerzo para convertirse en médico. No quiero tener miedo de perder mi entusiasmo por la profesión médica ni mi motivación, dado que estamos tratando con un sistema enfermo en el que no te pagan como deberían y en el que no te respetan ni te reconocen como debería ser".

"Estamos tratando con un sistema enfermo en el que no te pagan como deberían
Rumyana Todorova
Médica en Alemania

Sin embargo, todavía queda alguna esperanza para el sistema de salud búlgaro. La encontramos aquí, en el equipado hospital universitario de Sofía. Velina Gergeltcheva es la jefa del departamento de neurología. Su recomendación sobre cómo mejorar el sistema de salud de Bulgaria: mejor salario, inversión en tecnología actualizada o concesiones a los médicos jóvenes de una perspectiva de carrera de diez años en línea con los competidores de Europa occidental.

"Creo que los médicos jóvenes deberían tener la libertad de elegir. Para convertirse en un experto de primera línea (en su especialidad médica) puede ser bueno elegir trabajar en otro país, acumular conocimientos y experiencia en el extranjero, ¿por qué no? Yo mismo he trabajado durante dos años en Alemania, en Munich, antes de volver a Bulgaria", mantiene Gergeltcheva.

El otoño pasado, los trabajadores sanitarios búlgaros salieron a la calle para protestar, entre ellos Alexander Farfarov, un brillante neurólogo de 25 años. Reclamaban un salario mínimo de 460 euros para las enfermeras y al menos 600 euros como salario inicial para los médicos. El gobierno prometió destinar unos 100 millones de euros a la asistencia sanitaria y que una gran parte de ellos se destinaría a aumentos salariales.

"Tenemos que hacer que las regiones rurales sean más atractivas para los jóvenes, para que puedan empezar su vida allí
Alexander Farfarov
Médico en prácticas

Farfarov quiere quedarse en Bulgaria, pero también quiere cambiar todo el sistema: se deben crear fondos de seguros de salud privados y los médicos jóvenes deben tener oportunidades de investigación y de carrera en toda Bulgaria: "El mayor problema de la sanidad búlgara es que demasiados trabajadores sanitarios abandonan el país para trabajar en el extranjero y las zonas rurales están realmente faltas de personal. Tenemos que hacer que las regiones rurales sean más atractivas para los jóvenes, para que puedan empezar su vida allí. Esto no sólo se refiere a la atención sanitaria, sino también a cosas sociales como lugares donde puedan tener familias".

Para frenar la fuga de cerebros, la Organización Mundial de la Salud emitió un código de conducta en el que se recomienda no contratar personal médico de regiones con una infraestructura sanitaria deficiente. Pero a "Occidente" no le importa demasiado, las agencias de contratación aumentan, y el éxodo continúa.

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