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Día de las Mujeres en la ciencia: Berta, una excepción en las Olimpiadas Matemáticas

Día de las Mujeres en la ciencia: Berta, una excepción en las Olimpiadas Matemáticas
Derechos de autor  Berta García González tras ganar la medalla de oro
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Con 10 años Berta se sentaba por las tardes con su padre a resolver problemas matemáticos. Lo hacían juntos. A ella le entretenía, le gustaba tanto que, con el paso de los meses, fue subiendo de nivel. Con 12, su padre -ingeniero de profesión-, ya no era capaz de seguirle el ritmo.

Esa fue la primera vez que la única niña en ganar un oro en las olimpiadas matemáticas, en los últimos 15 años, dejó KO a alguien. Y de ahí vinieron los fines de semana en competiciones. Las tardes de entrenamiento. Las mañanas en el club de matemáticas. Y muchas, muchas horas resolviendo problemas.

“No era como estudiar para un examen, me lo pasaba bien. Al principio no tenía horarios, simplemente, lo hacía cuando me apetecía, cogía exámenes de competiciones anteriores y los hacía. Cuando te metes a esto te gusta resolver problemas que para ti suponen un reto”, cuenta Berta García González a Euronews.

La única chica en las competiciones

Tuvo suerte, así es como lo describe ella, al vivir en Madrid había muchas competiciones en las que podía participar. En algunas, al entrar, se daba cuenta de que era la única chica en el aula. “En general, a todos los niveles en los que he participado, solo había un 10% de chicas”, y a ella, al hacer cálculos, no se le escapa una.

Rápida y ágil. Con tan solo 14 años ya tenía un amplio historial en competiciones locales y regionales. Fue entonces cuando llegó Joaquín Hernández que, fácilmente, podría hacer el papel de Robin Williams en el Club de los Poetas Muertos. Y con él llegó el club de matemáticas.

“Si a mi padre le debo haberme metido en esto, a Joaquín le debo seguir”, asegura Berta. Él conseguía que los niños madrugasen y entrasen a las siete y media de la mañana en el instituto para hacer matemáticas. Ardua tarea en una edad en la que se piensa en todo menos en las matemáticas.

“Todo lo que hacía era para que los niños disfrutasen de ellas”. En el club, los problemas los resolvían todos juntos, el profesor les daba pistas y el grupo sacaba su mejor versión.

Berta García González representando a España en la Olimpiada Internacional de Matemáticas

Un día Joaquín le propuso participar en las olimpiadas de matemáticas a nivel nacional. Berta no se veía capacitada, ni se le había ocurrido. “Yo no me creía capaz, pero él sí creía que yo podía ganar”. Antes de que ella participase -en 2015- la última chica en ganar la medalla de oro lo hizo en el año 2005, se llamaba Elisa Lorenzo.

“Mira Berta, después de ella ninguna otra chica lo ha logrado, tú podrías ser la próxima Elisa”, eso fue lo que le dijo su profesor. Y tras dos días de competición y tres problemas de tres horas y media cada uno, Berta logró convertirse en la nueva Elisa.

Fue en Badajoz, en marzo. Llegó la hora de anunciar a los ganadores, tras recitar las medallas de bronce y de plata, su nombre sonó entre las seis medallas de oro que reparte anualmente la organización.

¿Qué sentiste?

“Mucha alegría, pero pensé: esto significa que me toca representar a España en las olimpiadas internacionales ¡a ver ahora qué hago!”.

Y ríe mucho. Con 21 años -y cinco después de que participase- sigue siendo la última chica en ganar la medalla de oro en las olimpiadas de matemáticas.

162 medallas de oro, solo 7 para chicas

Si sacamos la calculadora -a algunos sí nos hace falta- desde 1993 la Real Sociedad Matemática española ha repartido 162 medallas de oro, de las que tan solo siete han sido otorgadas a chicas.

“Unas cifras dramáticas. Y aún más dramáticas son las de participación, muy pocas chicas lo hacen. Se deja fuera a la mitad del talento matemático”, habla Ágata Timón, portavoz del Instituto de Ciencias Matemáticas.

¿La razón? Confluyen muchos factores, la portavoz nos explica que una de las cosas que tiene más peso es el carácter de los propios concursos. “Rasgos como la competitividad siempre han sido más premiados en los chicos que en las chicas, a ellas se les entrena en otras características como la cooperación”.

“Habría que preguntarse lo siguiente: qué rasgos estamos premiando en estos concursos y a quién están dejando fuera”, añade. Además, asegura que si una niña llega a un concurso en el que todo son niños puede sentirse menos bienvenida y más cohibida.

Al preguntarle a Berta, cuenta que, en su caso, los referentes jugaron un papel crucial. Sus padres son ingenieros, con lo cual, empezó desde pequeña en el mundo de las matemáticas: “Si no fuese así, nunca habría hecho nada”, concluye.