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Desde las residencias de mayores en España: “Es la situación más complicada que me ha tocado vivir"

Desde las residencias de mayores en España: “Es la situación más complicada que me ha tocado vivir"
Derechos de autor  AP Photo/Manu Fernandez
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Hay familiares en España que hace días que no localizan ni saben nada de sus mayores.

Con casi 9.000 fallecidos, España está superada por la pandemia del coronavirus y uno de los focos con más mortalidad son las residencias de la tercera edad.

“Por su gravedad no hay residencia, por muy bien que funcione, que pueda contener una situación de emergencia sanitaria de este calado”, explica a Euronews la vicepresidenta de la Asociación Española de Geriatría y Gerontología, Lourdes Bermejo.

La preocupación de los trabajadores de estos centros es lógica: aunque los datos oficiales no son específicos, un estudio de la cadena de radio Ser apuntaba que el 37% del total de fallecidos por el coronavirus se encontraba en estas residencias. Además, según el Ministerio de Sanidad español, cerca del 95% de los muertos por el virus tiene más de 65 años.

En un país como España, con una de las esperanzas de vida más altas de Europa, el resultado son una cantidad de muertes que el propio sistema no puede afrontar. En Madrid, la comunidad europea con la esperanza de vida más alta (85,5 años), se ha habilitado una pista de hielo como morgue temporal.

Cadáveres en las habitaciones

Hace dos semanas se hacía público el horror que se estaba viviendo en estos centros. La ministra de Defensa de España, Margarita Robles, reveló en una entrevista que el Ejército, durante sus labores de desinfección, había encontrado en algunas residencias "a ancianos, a mayores, absolutamente abandonados, cuando no muertos en sus camas".

Robles no precisó en qué residencias fueron hallados los cadáveres, pero aseguró que sobre los centros que no cumplan con sus obligaciones caería "todo el peso de la ley".

La Asociación Española de Geriatría y Gerontología pide al Gobierno que los residentes infectados, o supuestos infectados, se aíslen fuera de los propios centros. “Las residencias no tienen por qué tener las medidas técnicas de aislamiento que tiene un hospital”, explica Bermejo. Esto, dice, hace imposible un aislamiento efectivo de enfermos en residencias. Además, asegura, la falta de material de protección para el personal de los centros aumenta el riesgo de contagio.

“Es la situación más complicada que me ha tocado vivir”. Lo dice Sonia Martínez, directora médico de Centros Residenciales Palencia. En las residencias privadas de las que ella se encarga no hay ningún caso positivo de coronavirus. Sin embargo, la tensión que vive estos días se refleja en su voz. “Tenemos gente muy mayor con pluripatologías que son pacientes muy delicados, es nuestra responsabilidad que estos pacientes estén libres de riesgo”.

Martínez cuestiona la efectividad este organismo, que, asegura, no ha proporcionado el material necesario: “no me siento respaldada por la Gerencia de Servicios sociales”.

El Gobierno español publicó el 21 de marzo una serie de medidas que las residencias deben tomar en caso de percibir algún síntoma. Sin embargo, Martínez asegura que no ha habido ninguna comunicación directa con la dirección del centro para dar a conocer estas directrices. Y va más lejos, según la directora médico, la Gerencia rechazó la solicitud del centro de aislar totalmente a los residentes. Una medida que sí se impuso después, atendiendo a la normativa publicada en el Boletín Oficial del Estado el 19 de marzo.

Alejandro Pérez, psicólogo en la misma residencia que Martínez, asegura que en sus centros intentan por todos los medios que la comunicación entre los internos y sus familiares sea fluida en todo momento, aunque estén restringidas la visitas. Sin embargo, la falta de contacto físico, explica, “afecta a los residentes y sus familias porque es algo difícil de llevar”.

Encerrados en una residencia con los pacientes

Cuando se decretó el estado de emergencia, en la residencia San Gerónimo, en Navarra, lo tuvieron claro. Quince de sus trabajadores conviven 24 horas desde el pasado lunes con 40 residentes. “Una de las opciones para evitar el virus era venirnos a vivir aquí para proteger a los pacientes”, explica David Cabrero, su director, que asegura que al ver que ni personal ni residentes presentaban síntomas, decidieron decretar una cuarentena conjunta.

En una reunión con el personal del centro, decidieron entre todos encerrarse allí. Algunos no estuvieron de acuerdo, pero “hemos llegado a acuerdos individuales con quienes estaban fuera, bien sea vacaciones, finales de contrato, etc”, cuenta Cabrero.

Aunque desde San Gerónimo sí consideran que la Administración ha sido lenta para mandar material, aseguran que no puso ningún problema cuando la residencia decidió cerrar sus puertas. “La Gerencia se ha mostrado colaborativa y preocupada por la situación. Nos han dado pautas de actuación y desde el centro nos hemos visto arropados por todos ellos”.

Por el momento, y pese a que solo son 15 empleados, el director cuenta que la residencia funciona correctamente: “No repetimos turnos. Nos hemos organizado de tal manera que quien trabaja por la mañana tiene libre la tarde. Hasta ahora lo estamos llevando bien”. Además, asegura que se ha intentado que los residentes lleven, en la medida de lo posible, la misma vida que llevaban antes de que empezase la pandemia.